Aunque hoy marcan distancia tras la censura de Jerí, Fuerza Popular y Renovación Popular comparten un historial parlamentario que los une. La confrontación, en plena campaña electoral, podría ser menos una ruptura y más una competencia por sobrevivir políticamente.
Por Cynthia Carmen y Matias Illescas
En el auditorio José Faustino Sánchez Carrión, el pasado 17 de febrero se censuró al entonces presidente José Jerí Oré. Durante el debate, Fuerza Popular se mostró en desacuerdo con la remoción del cargo del mandatario, mientras que Renovación Popular sí respaldó la censura. Finalmente, la medida prosperó.
Al día siguiente, luego de que la candidatura de Maricarmen Alva, supuestamente apoyada por Fuerza Popular y Renovación Popular, perdiera frente a José María Balcázar, comenzó a cuestionarse el actuar de ambas agrupaciones ante la crisis que atravesamos. ¿Cómo les afectará frente a las elecciones?
Las dos trincheras
El conflicto surgió a partir de la censura de José Jerí de la presidencia de la Mesa Directiva. Para la votación de esa moción, Renovación Popular, liderado por Rafael López Aliaga, anunció su posición a favor, alegando que “Jerí no debe continuar un día más en Palacio”. debido a su presunta ineficiencia contra la inseguridad ciudadana, las contrataciones irregulares en el Ejecutivo y las reuniones con empresarios chinos. Además, acusó a Fuerza Popular de “avalar la corruptela” en dos comunicados publicados en las redes sociales del exalcalde de Lima.
Fuerza Popular, por su parte, se mostró en contra de la censura al exmandatario en un aviso difundido en sus medios digitales, haciendo referencia a que los “moralistas de derecha” provocaban inestabilidad. Además, la líder del partido, Keiko Fujimori, publicó un video afirmando que un cambio de mando a 57 días de las elecciones podría generar más caos en el panorama político del país.

Pese a la discusión, la moción derivó en la censura de Jerí y, posteriormente, se dio la elección del nuevo presidente de la Mesa Directiva. No obstante, los ataques entre ambos partidos no cesaron. En la elección se presentaron cuatro candidatos y el apoyo mayoritario de las bancadas de derecha iba para María del Carmen Alva, de Acción Popular. Pero la candidata solo obtuvo 46 votos, dejando al perulibrista José María Balcázar como nuevo presidente de la República.
A raíz de este resultado, Fuerza Popular culpó a Renovación Popular por el desenlace de la votación. En ese sentido, Martha Moyano, congresista fujimorista, afirmó que Balcázar ganó la elección, “debido a la irresponsabilidad de ese partido y del señor Rafael López Aliaga, que sigue acusando a Fuerza Popular de su propia irresponsabilidad”. Asimismo, añadió que Fuerza Popular había votado en bloque en favor de la acciopopulista.
Por su parte, López Aliaga difundió por medio de sus redes sociales una serie de mensajes acusando a Keiko Fujimori y a Fuerza Popular -además de a César Acuña- de haber manejado la elección de Balcázar y de buscar perjudicarlo.
Además, el exalcalde de Lima llamó a la candidata “vaga” y la acusó de no transparentar “de qué vive”, mientras que ella le respondió afirmando que “es lamentable que él, teniendo la oportunidad de trabajar como alcalde, prácticamente no haya hecho mucho”. Por otro lado, durante una entrevista para Canal N, López Aliaga declaró que, detrás del operativo para poner a Balcázar en la presidencia, se encuentra Vladimiro Montesinos. “Para mí, Montesinos está en la campaña asesorando a esta señora, a ella tampoco le da tanto cerebro”, expresó. Ante esto, Fujimori replicó indicando que ahora el partido del burgomaestre es “Renovación caviar”.

Las disputas continúan entre ambos partidos que, hasta el momento, se ubican en los dos primeros lugares de las encuestas. Pero, ¿quién sale ganando de este escenario?
¿Costo electoral?
En medio de las declaraciones y de las culpas que se atribuyen unos a otros, es natural preguntarse si esta pugna traerá consecuencias en la intención de voto de los partidos. En esa línea, José Carlos Requena, analista político, observó una paralización en la fluctuación de votos. “Estamos hablando de dos candidaturas que están estancadas desde hace meses (…) Pero lo que ha ocurrido en las últimas dos semanas no es un suceso menor”, señaló.
Aunque las últimas encuestas no han mostrado variaciones significativas, pese a la controversia sobre mantener gobiernos cuestionados, el abogado y analista político, Josef Zielinski, consideró que el panorama actual es inestable.
“Yo siempre digo que la política peruana es como un libro de Agatha Christie, nunca sabemos qué puede pasar a la siguiente página (…) Nadie se imaginó que, aparentemente bajo consenso, terminaría saliendo alguien que es más que evidente que no tiene mayor capacidad que Jerí para ejercer la presidencia”, indicó el experto.
Acerca de un posible cambio en la intención de voto, David Sulmont declaró para este medio que no considera que sea tan significativo, ya que en anteriores ocasiones el Congreso ha generado crisis que podrían haber sido igual de cuestionadas.
“Creo que el impacto todavía es difícil de prever (…) Pese al cambio de gobierno y a los cuestionamientos a la gestión de Boluarte y de Jerí, estos no han influido mayormente en la percepción ciudadana sobre las preferencias de voto, especialmente respecto de los primeros candidatos”, acotó.
En el caso de Dina Boluarte, el Congreso archivó la denuncia constitucional relacionada con las más de 50 muertes registradas durante las protestas sociales entre diciembre de 2022 y febrero de 2023. Con 12 votos a favor en la Comisión Permanente, legisladores de diversas bancadas, incluyendo Fuerza Popular, evitaron que la acusación avanzara.
Posteriormente, tras el estallido del llamado Caso Rolex —que apuntaba a un presunto cohecho pasivo impropio por la recepción de relojes y joyas de lujo del gobernador regional de Ayacucho, Wilfredo Oscorima—, el Parlamento también archivó la denuncia, pese a que la Fiscalía solicitó su reconsideración. Estos respaldos políticos evitaron una salida anticipada.
En comparación, el caso de José Jerí fue fugaz, ya que fue destituido con solo 130 días en el cargo. Desde su etapa como parlamentario pesaba una grave denuncia por agresión sexual, y luego estalló el Chifagate, que evidenció cuestionamientos a su gestión frente a empresarios previamente investigados por la comisión que él mismo presidía desde el congreso. Aun así, inicialmente contó con respaldo político.
Pese a todo ello, dado que la derecha no imaginaba que José María Balcázar lograría convertirse en presidente encargado, sus representantes se culparon entre sí tras el resultado, buscando atribuir responsabilidades por ese desenlace. En esa línea, David Sulmont indicó para este medio que la figura opositora podría no estar clara para ambas bancadas.
“El fujimorismo, al igual que López Aliaga, se ha dado cuenta de que no tienen una oposición frente a la cual candidatear, ¿contra quién se están diferenciando? (…) Aunque se ha demostrado que, en la práctica, las líneas ideológicas no han sido de mayor importancia para sostener a las últimas figuras presidenciales”, sostuvo Sulmont.
Sin embargo, para Zielinski, el que podría haber salido mejor parado de la situación es Fuerza Popular. “Ha quedado como un partido responsable frente a esta situación eventual del gobierno que podía darse ante un nuevo escenario de incertidumbre y más bien Renovación Popular ha terminado sucumbiendo al deseo de la opinión pública”, complementó. En ese sentido, para el especialista, los partidos políticos deberían saber poner un límite a la opinión pública para situaciones de este estilo.
El problema para Fuerza Popular es que tiene un gran porcentaje de antivoto. De acuerdo con la encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), la lideresa del partido encabeza esta estadística con un 54%, por lo que, independientemente de lo que haga, hay un grueso de la población que se niega a elegirla.
Para López Aliaga, en cambio, el problema está en captar el voto regional, ya que, según la encuesta de Ipsos, hasta antes de la censura a Jerí estaba empatado con Keiko Fujimori en su apoyo en regiones. No obstante, el impacto de esta disputa no podría verse solo en estos partidos.

El futuro de las cámaras
De cara a las elecciones, las encuestas no parecen inmutarse lo suficiente para demostrar una victoria asegurada a la segunda vuelta. Sin embargo, aunque las miradas estén puestas en las candidaturas presidenciales, Sulmont consideró que, debido a la existencia de tantos partidos que tienen pocos puntos porcentuales, existirá un conjunto de personas que habrán votado por agrupaciones o candidatos que ni siquiera lleguen a ninguna de las cámaras del parlamento bicameral.
“Debido a las reglas de la valla electoral, lo más probable es que no haya más de 6 partidos en el Senado y a lo más 8 en la Cámara de Diputados (…) Tendremos 20%, 30% o más de electores que no van a haber votado por ninguno de los representantes en el Congreso (…) Puede ser un Congreso menos representativo del país”, mencionó Sulmont.
De manera similar, José Carlos Requena señaló que podría ser el panorama ideal para que los partidos que no se encuentran en el poder legislativo aprovechen la coyuntura, a causa de la antipatía del parlamento actual. “Quienes no están en el Congreso tienen alguna ventaja. Por ejemplo, Carlos Álvarez o Alfonso López Chau que figuran más arriba en las encuestas o el APRA que no lo está (…) Es un momento importante para poder posicionarse como una opción distinta a lo que se está viendo”, indicó.
No obstante, ¿qué tan viable es para estos partidos relucir con una campaña reactiva? Sulmont argumentó que el ámbito económico puede ser un freno. “Para moverse se necesitan recursos y esos partidos tienen pocos recursos (…) Es un contexto de fragmentación con partidos débiles y pobres económicamente en su mayoría. Partidos como el de López Aliaga, el fujimorismo y Alianza para el Progreso tienen recursos para hacer campaña (…) Yo creo que los demás deben estar haciendo el esfuerzo, pero debe haber una frustración enorme”, señaló.
A pesar de que sigue siendo una posibilidad para Fuerza Popular y Renovación Popular pasar a segunda vuelta, la verdadera disputa está en buscar consolidar posiciones dentro de un Congreso que seguirá siendo el principal espacio de poder.
