Las primeras decisiones marcarán el rumbo de una gestión que tendrá el desafío de responder a las principales demandas del país sin repetir la crisis política de los últimos años.
Por Alexia Alegría
El nuevo gobierno asumirá la conducción del país en un contexto marcado por la desconfianza ciudadana, fragmentación política y una serie de desafíos que pondrán a prueba su habilidad de gestión desde el primer día. La expectativa por un cambio de rumbo convive con un escenario en el que la gobernabilidad, la respuesta a problemas urgentes y la recuperación de la credibilidad institucional serán determinantes para el inicio de la nueva administración.
Ese panorama se refleja en la percepción de la población. Durante 2024, más del 90% de los hogares manifestó tener poca o ninguna confianza en el Congreso de la República y en los partidos políticos, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). En ese marco, el nuevo gobierno enfrentará el reto de responder a las demandas más urgentes del país mientras busca recuperar la confianza de una ciudadanía cada vez más crítica.
Gobernar en un escenario de alta fragmentación
La conformación del gabinete, la capacidad para generar consensos y la respuesta frente a las demandas ciudadanas serán determinantes para medir la habilidad del Ejecutivo de construir gobernabilidad, en un contexto donde el Perú registra uno de los niveles más bajos de satisfacción con la democracia en América Latina: apenas el 8% de los peruanos afirma estar de acuerdo con su funcionamiento, según el Latinobarómetro 2025.
Frente a ese escenario, el analista político José Carlos Requena considera que el nuevo gobierno tendrá poco margen para instalarse antes de ser evaluado por la ciudadanía. «Los primeros 100 días van a ser fundamentales para ver por dónde va a ir el gobierno y qué recepción va a tener por parte de la población», sostiene.
Para el especialista, ese periodo definirá el desempeño del Ejecutivo para ganar respaldo y demostrar que puede responder a las principales demandas del país. No obstante, una de las decisiones más relevantes será la elección del gabinete ministerial. Ante ello, Requena advierte que no bastará con designar perfiles especializados, sino que será necesario conformar un equipo con experiencia para desenvolverse en un entorno político complejo.
En ese sentido, el experto afirma que los ministros deben reunir competencia técnica y capacidad política, ya que no solo administrarán un sector, sino que deberán tomar decisiones, enfrentar presiones y sostener la agenda del Gobierno.
«No puedes tener entre los 19 nombrados gente que tenga muchos flancos, sean reputacionales o sean de alguna gestión previa, yo creo que eso es la primera gestión», advierte Requena. A su juicio, estos antecedentes podrían afectar la credibilidad del Ejecutivo desde el inicio de su mandato.
Según el politólogo, un comienzo complicado no necesariamente condena a un gobierno, pero sí puede elevar el costo político de la gestión si no existe habilidad para corregir errores y ofrecer resultados concretos. En un contexto de alta exigencia ciudadana, la prudencia, la lectura del contexto y la rapidez para responder serán factores clave para consolidar la gobernabilidad.
La herencia de un país en crisis
La nueva administración no solo deberá responder a problemas inmediatos, sino demostrar que cuenta con la capacidad para hacerlo. La inseguridad ciudadana, el estancamiento económico y la amenaza del fenómeno de El Niño exigirán una respuesta rápida de un Estado que arrastra limitaciones institucionales desde hace varios años.
Según el Índice de Riesgo de Desastres INFORM 2025, nuestro país mantiene un nivel alto de vulnerabilidad frente a amenazas naturales, reforzando la importancia de fortalecer la posibilidad de prevención y respuesta del Estado.
Para el politólogo de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Eduardo Salmón, el principal desafío no radica únicamente en atender estas urgencias, sino en hacerlo con un aparato estatal que ha perdido margen de acción. «Cuando tú quieres tener medidas de gestión y, sobre todo, de prevención, necesitas músculo, necesitas Estado», afirma.
Para el experto, enfrentar una eventual emergencia como el fenómeno de El Niño requiere instituciones fortalecidas, funcionarios especializados y una coordinación efectiva entre los distintos niveles de gobierno. Sin embargo, advierte que ese fortalecimiento no puede construirse en el corto plazo.
«Yo no creo que en dos meses o tres meses puedan desarrollar el músculo que no han desarrollado en decenas de años», sostiene. Por ello, las primeras acciones del Ejecutivo, según Salmón, deberían centrarse en asignar recursos de manera oportuna y rodearse de personas con experiencia en gestión pública y atención de emergencias, antes que intentar solucionar problemas estructurales de forma inmediata.
En ese contexto, el Gobierno podría optar por transmitir una imagen de eficacia sin que ello implique resolver las deficiencias de fondo. Si bien él reconoce que las acciones de ayuda inmediata son necesarias, sostiene que estas no reemplazan la necesidad de fortalecer las instituciones públicas.
Romper el ciclo de la inestabilidad política
La gobernabilidad de los próximos 5 años no dependerá únicamente de la habilidad del nuevo gobierno para atender las urgencias del país: se tratará de evitar los errores que marcaron a las últimas gestiones. La confrontación entre el Ejecutivo y el Congreso, los constantes cambios de autoridades y la pérdida de confianza en las instituciones han profundizado la crisis política en el Perú.
Frente a este panorama, Requena destaca que la nueva administración deberá entender que gobernar implica representar a un país más amplio que el electorado que la llevó al poder. «Es fundamental ser absolutamente sensible de los resultados electorales del que surge su presidencia (…) tener alguna escucha a los problemas de los dos tercios de electores que no han votado por ella», afirma.
Cabe destacar que la legitimidad que se busca no se obtiene únicamente en las urnas. Para Salmón, la diferencia entre ganar una elección y ejercer un gobierno democrático radica en la forma en que se administra el poder. «Ganar una elección no te vuelve democrático. Te genera legitimidad legal, pero no legitimidad democrática», enfatiza.
En ese sentido, considera que la validez se construye a través de decisiones que fortalezcan las instituciones, respeten las reglas democráticas y respondan a las necesidades de la ciudadanía.
Ambos especialistas coinciden en que el reto del nuevo gobierno trasciende la coyuntura. Más allá de los primeros nombramientos o de la respuesta frente a las crisis inmediatas, la estabilidad del próximo quinquenio dependerá del desempeño del Ejecutivo para recuperar la confianza ciudadana y demostrar que es posible gobernar con diálogo, resultados y visión de largo plazo.
