El Congreso de la República ha tenido un repunte de aprobación que, aunque todavía mínimo, sigue siendo el mejor que ha tenido desde comienzo de 2023, ¿cuál es la razón?
Por Rafael Ortega Alva
El 9 de octubre de 2025, el Congreso de la República realizó finalmente un acto que, en ocasiones anteriores, había rechazado: la vacancia de Dina Boluarte. En el transcurso de su mandato —que comenzó a finales de 2022 luego del intento de golpe de Pedro Castillo— tanto ella como los parlamentarios se vieron dentro de uno de los índices de impopularidad más altos de la historia. Sin embargo, hoy la historia parece diferente.
Según la última encuesta realizada por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en noviembre del presente año, el Congreso ostenta un 7.7% de aprobación. Si bien este número sigue siendo bajo, se trata de la mejor estadística que hay desde enero de 2023. A poco menos de 5 meses de las próximas elecciones y teniendo en cuenta que un número alto de los actuales parlamentarios están yendo a la reelección, estos datos empiezan a tomar mayor relevancia. ¿Qué factores están llevando a una “mejor” visión de los congresistas?
La figura presidencial
En agosto de 2021, tras la asunción de Pedro Castillo, el Congreso registraba un 31% de aprobación, donde la mayoría de bancadas actuaba como oposición. Un año después, ese respaldo cayó por debajo del 10%. La llegada de Dina Boluarte profundizó el desgaste: a inicios de 2025, la popularidad del Legislativo tocó fondo con apenas 2.3% en un contexto donde los principales grupos parlamentarios respaldaron al nuevo gobierno, erosionando aún más su ya debilitada imagen.
Tras la salida de la primera presidenta del Perú, la toma de mando del accesitario de Martín Vizcarra, José Jerí, trajo consigo una serie de acciones —algunas más mediáticas que otras— que han dado como resultado que, según IPSOS, su aprobación alcance el 47%. “Dejar afuera a un personaje como Boluarte, una de las personas más repudiadas que han estado en el Ejecutivo, debe tener un rédito político y un alineamiento con el deseo de las mayorías ciudadanas”, señaló el analista político, Jeffrey Radzinsky.
Esta ruptura con este poder se dio a poco tiempo de las elecciones presidenciales. Sin embargo, cabe recordar que durante el periodo en el que Boluarte estuvo en el poder, el Congreso debatió más de 60 mociones de vacancia, censura e interpelación en su contra y sus ministros. En la mayoría de los casos, partidos como Alianza Para el Progreso y Fuerza Popular permitieron la continuidad de los cargos.
La imagen de Dina Boluarte acumulaba, para el 9 de octubre, 49 fallecidos, producto de la represión policial durante las protestas que marcaron el inicio de su mandato, además de un aumento del 600% en las denuncias por extorsión respecto a 2018 y una serie de investigaciones en su contra por presuntos actos de corrupción. Según el analista político Fernando Tuesta, la figura presidencial ejerce un efecto de “arrastre” sobre el resto de instituciones. En el caso de la expresidenta —quien alcanzó el mayor nivel de rechazo en la historia republicana—, las consecuencias fueron inevitables.
Lima y provincias
Si se desmenuzan los números que presentó el IEP, resalta entre los resultados la diferencia que existe entre la capital y las provincias en cuanto a la aprobación del Legislativo. En Lima, solamente un 2.9% aprueba al Congreso, mientras que en las provincias ese número asciende entre 9.2% y 12.1%. Las distancias que existen superan los márgenes de error de las encuestadoras, por lo que se trata de una diferencia considerable. ¿Cuál es el motivo?
“Lima está más bombardeada de escándalos políticos, que es lo que genera mayor desaprobación en el Congreso. Si se profundiza, las razones del rechazo no vienen por las deficiencias a la hora de legislar, sino por el abuso de poder, los “mochasueldos” o aquellos que contratan amigos y familiares”, señaló Radzinsky.
Entre los casos más excepcionales del actual Congreso de la República figura el paso de, al menos, diez parlamentarios acusados de “mochasueldos” por la Comisión de Ética. A ello se suma que el periodo legislativo 2021-2026 quedó bajo el escrutinio público tras la denuncia de una presunta red de prostitución que habría operado al interior del Parlamento. No obstante, quizá el dato más revelador sea que, en conjunto, los congresistas acumulan 729 presuntos delitos.
“El rechazo que existe en Lima puede explicarse porque en la capital está físicamente la institución. En las provincias, en cambio, el Congreso se percibe como algo lejano, pese al uso de internet y las redes sociales”, señaló Tuesta. Además, el experto añadió que, debido a los constantes escándalos vinculados al Legislativo, la oposición es mayor en Lima “por tenerlos cerca”, mientras que en las regiones esa desaprobación suele concentrarse en los gobernadores regionales y alcaldes.
Cálculo político
Para las elecciones de 2026 no falta mucho. Luego de los comicios primarios y algunos cambios a último minuto (como la salida de Acción Popular), son 38 los partidos políticos que van a intentar obtener una parte del poder. Cabe recordar que la reelección parlamentaria indefinida fue aprobada en noviembre de 2023 y marzo de 2024. Hoy, al menos la mitad de los congresistas que votaron en contra de dicha norma se encuentran buscando un curul en medio de la contienda electoral.
“Ya en esta última parte de los periodos de mandato, hay un relajo en el control que hace la opinión pública porque siente que tienen fecha de caducidad”, explicó Tuesta, indicando que, en este caso, los partidos que están participando de las próximas elecciones tienen una mayor compilación al momento de dar su discurso, pues han sido parte del actual gobierno. A diferencia de ocasiones anteriores, donde el oficialismo y la oposición son más notorias, el caso del periodo 2021-2026 es diferente.
“Somos bastante inmediatistas (…) Sí, existe un peso por haber apoyado a una persona tan repudiada como Dina Boluarte, pero, al final del día, cuando uno levanta la mirada lo que encuentra es a José Jerí. Lo demás se queda atrás”, indicó Radzinsky. Para el analista político, estar en campaña acelera los hechos y, en el caso de la expresidenta, más hubiese sido el peso de mantenerla que de vacarla pese al tiempo donde la blindaron.
Si bien los márgenes de aprobación siguen estando por debajo del 10%, el hecho de que haya subido más que en los últimos 2 años supone un cambio en la forma de pensar de la ciudadanía. De aquí al 12 de abril de 2026, posiblemente, existan más cambios. La leve recuperación en la aprobación del Congreso no parece responder a una reivindicación de su desempeño, sino a un reacomodo del escenario político en vísperas electorales que tendrá que enfrentar a la memoria política.
