El 82 % de los hospitales evaluados por el Minsa no está en condiciones de operar ante un desastre y el presupuesto designado parece ser insuficiente.
Por Marjorie Chauca
El Fenómeno El Niño ya está en la sala de emergencias. ¿Su diagnóstico? Una probabilidad de 85 % de que alcance una magnitud extraordinaria entre setiembre de este año y enero de 2027, según advirtió la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN). El paciente, sin embargo, no es solo el clima: son los más de 7,9 millones de personas que viven en distritos que el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) ubica en riesgo muy alto por inundaciones. Sin embargo, también lo es el propio sistema de salud, que llega a esta emergencia con un cuadro igual de preocupante: el 82 % de los hospitales a nivel nacional no está en condiciones de seguir operando ante un desastre.
La receta del Gobierno es un plan de contingencia impulsado por el Ministerio de Salud (MINSA) para el periodo 2026-2027, con un presupuesto de S/ 1,45 millones, una cifra que, según especialistas, no alcanza para proteger los 4.393 establecimientos identificados en riesgo inminente. Con el diagnóstico sobre la mesa y el tiempo en contrarreloj, cabe preguntarse: ¿está el sistema de salud realmente preparado?
La Receta
El Minsa puso en marcha el «Plan de Acciones frente a los Efectos del Fenómeno El Niño y Peligros Asociados 2026-2027». Sin embargo, esta receta llegó con un margen de tiempo ajustado. El ENFEN había activado la alerta de El Niño Costero el 13 de febrero de este año, pero el plan del sector salud recién fue aprobado el 4 de septiembre. Cuatro días después, el Minsa fue declarado en reorganización por 90 días, justo cuando comenzaba el periodo previsto de mayor intensidad del fenómeno, entre septiembre de 2026 y enero de 2027. Para el exministro de Salud Víctor Zamora, la respuesta ha sido, en sus palabras, tardía e insuficiente. Sobre lo primero, explica que, a esta altura, el plan es: «solo y exclusivamente de respuesta, ya no se prepara nada, queda responder con lo que tengamos».
El plan se organiza en tres líneas de acción: preparar los servicios de salud antes de que ocurra el daño, fortalecer las capacidades del personal médico, y atender a la población ya afectada. En la práctica, esto se traduce en actividades como el monitoreo de la infraestructura hospitalaria, la vigilancia entomológica del mosquito transmisor del dengue, la compra de medicamentos, y el despliegue de brigadas médicas e infraestructura móvil hacia las zonas afectadas. Pero toda receta necesita recursos. El plan cuenta con S/1.450.106 para 2026 y 2027, a cargo del propio Minsa y del Instituto Nacional de Salud.
Sobre este monto, el exministro de Salud Víctor Zamora declaró: «puedo decir que son insuficientes, porque el sistema de salud está en muy malas condiciones, ya sea de infraestructura o de equipamiento». El problema, explicó, no es solo la cifra sino su origen:” al plan no se le asignan nuevos recursos, lo que obliga al sector a tomar recursos de los ya existentes. Eso significa que hay programas de salud que van a dejar de operar. Por ejemplo, me atrevo a decir cáncer o tuberculosis o VIH. Le van a retirar fondos para poder financiar la respuesta», advirtió, y agregó que «es un plan que no tiene recursos nuevos y los pocos recursos que tiene ya son insuficientes para pagar al recurso más importante, que es el personal».Según explicó el exministro, esta respuesta es, además, de cobertura limitada y fraccionada: el Seguro Social de Salud (EsSalud), que cubre al 30% de la población, recién está elaborando su propio plan de respuesta, un mes después de haber designado a su nuevo presidente ejecutivo.
A esta receta se suma el estado de emergencia por 60 días, declarado este mes en distritos de 22 departamentos y el Callao, que incorpora al Minsa a la respuesta multisectorial. Sin embargo, ni esta norma ni la de reorganización del Minsa traen presupuesto adicional: ambas se financian con los presupuestos que las entidades ya tenían asignados, sin recursos extra del Tesoro Público. El vacío que dejan estas cifras lo reconoció el propio ministro de Salud, Luis Dyer, quien en entrevista con Willax TV admitió que, para atender emergencias sanitarias, «no tenemos absolutamente nada, salvo la vacunación» y que el sector «no tenemos ni siquiera un hospital de campaña». La solución de corto plazo fue recurrir al sector privado: el Minsa consiguió tres hospitales de campaña pequeños, ya trasladados a Tumbes, Chimbote y Chiclayo, muy por debajo del hospital de campaña tipo 3 que hubiera sido ideal, pero que cuesta entre 48 y 50 millones de soles y que, según el propio ministro, ya no llegaría a tiempo si se solicitaba ahora.
El contagio
El 82% de los hospitales evaluados por el propio Minsa requiere intervenciones de corto plazo o urgentes para mantener su capacidad de respuesta ante un desastre. Ello no es solo una cifra de infraestructura: es el riesgo de que el sistema falle justo cuando más se necesita. La experiencia de 2023 ya demostró lo que puede ocurrir. El 93,5% de los establecimientos del primer nivel de atención resultaron afectados y 20 quedaron inoperativos a raíz de las inundaciones, y ante la falta de espacios adecuados, el personal de salud tuvo que trasladar la atención a piscinas, bibliotecas, parroquias y losas deportivas.
Pero el contagio no se detiene en los establecimientos: se extiende también a quienes dependen de ellos. Son más de 7,9 millones de personas las que viven en distritos que Cenepred ubica en nivel de riesgo muy alto por inundaciones. Y como todo cuadro clínico que se complica, aparecen síntomas concretos. El dengue es uno de los principales focos de preocupación. Según la sala situacional del Ministerio de Salud, el país acumula hasta la fecha 55.943 casos, 79% más que en el mismo periodo de 2025. La región de Piura concentra la mayor cantidad, seguida de La Libertad, San Martín, Lambayeque y Lima.
Pero el dengue no es la única amenaza activa. Según Zamora, el país enfrenta en simultáneo otras tres epidemias que todavía no han podido ser controladas: «la leptospirosis, con 150% más casos que el año pasado y ya con mil camas del sistema de salud ocupadas por esta enfermedad; el sarampión, que ya está en todo el país y es la enfermedad más contagiosa del planeta; y la tosferina, que se inició el año pasado, que ya tiene una centena de niños fallecidos y que todavía no ha podido ser controlada». Para el exministro, esto resulta crítico porque estas enfermedades requieren que el personal de salud se movilice constantemente a vacunar y fumigar, pero cuando los establecimientos colapsan por las lluvias y la llegada de pacientes con enfermedades diarreicas e infecciones respiratorias el escenario cambia: «los directores lo que van a hacer con ese personal es decir: dejen de vacunar, dejen de fumigar, porque tenemos que atender gente».
Con las inundaciones, el agua estancada puede convertirse en un espacio propicio para la reproducción del mosquito transmisor. Y la prevención tampoco parte de cero. La cobertura de vacunación contra el dengue alcanza apenas alrededor del 6,5 %,según declaró el ministro de Salud, Luis Dyer, a Canal N.
El diagnóstico
El Minsa reconoce que persisten problemas de infraestructura y capacidad de respuesta acumulados durante años. El antecedente más claro está en el plan de hospitales seguros de 2017-2021, que cumplió apenas el 35% de sus metas. La diferencia también aparece en los recursos: para El Niño 2023-2024, el Minsa aprobó un plan de contingencia con una inversión superior a los S/23 millones; para el escenario actual, el presupuesto destinado al plan de acciones 2026-2027 es de solo S/1,45 millones. Una diferencia que plantea una pregunta sobre las prioridades y la capacidad de financiamiento de la respuesta actual.
El problema alcanza también a los gobiernos regionales. El informe de INDECI que sustenta la declaratoria de emergencia señala que su capacidad de respuesta ya fue sobrepasada, y clasifica la situación como una emergencia de nivel 4. Sin embargo, la declaratoria no contempla recursos adicionales y el presupuesto del plan del Minsa tampoco incorpora fondos regionales.Para Zamora, la declaratoria puede facilitar la respuesta de gobernadores y alcaldes al simplificar algunos procedimientos, pero también existe un problema de tiempo. El exministro advierte que el fenómeno alcanzaría su mayor intensidad en noviembre, cuando los actuales alcaldes y gobernadores regionales ya habrán dejado sus cargos y las nuevas autoridades todavía no habrán asumido. Estas recién tomarían el mando en enero, cuando, según Zamora, el fenómeno “ya habrá dejado sus estragos”.
Ese vacío resulta especialmente relevante porque son las autoridades regionales y locales quienes tienen responsabilidades en el control del dengue, las campañas de vacunación y los servicios de agua y saneamiento.
Frente a este escenario, Zamora propone recuperar un mecanismo de coordinación similar al Comando COVID implementado durante la pandemia.“ ya el señor ministro debería, a través del mecanismo de respuesta del FEN, empezar a establecer un mecanismo local y regional que ponga sobre la mesa todos los recursos que tiene esa región.No va a ser el MINSA o el gobernador regional el que va a responder solo.Si no se arma un mecanismo de respuesta local o regional de estas características, el ministro no va a poder controlar la altísima demanda de servicios. En su momento se llamó Comando COVID, hoy día podría tener cualquier nombre, pero es el mecanismo el que debería crearse”.
