Un avistamiento a cómo las voces originarias del Perú intentan sobrevivir durante la era digital en la que nos encontramos.
Por Josué Carrión
El reciente Día de las Lenguas Originarias del Perú, que se conmemora cada 27 de mayo, transcurrió bajo un usual silencio mediático, un reflejo del mismo aislamiento que sufren en el ecosistema en línea donde su presencia es mínima. Los algoritmos que rigen el internet priorizan de manera abrumadora el inglés en el mundo, mientras que el entorno virtual peruano se encuentra casi monopolizado por el español.
Ante esto, la continuidad de las 48 lenguas originarias de nuestro país ya no depende solo de la transmisión oral de siempre, sino también de su capacidad de aparecer en el ciberespacio. Un reto complicado, mas no imposible.
Frente a dos barreras
Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) correspondientes al cuarto trimestre del 2025, el 82% de los hogares a nivel nacional accede a internet. No obstante, se observa rápidamente una diferencia al fijarse en la división por zonas.
Mientras que en Lima Metropolitana la conectividad alcanza al 90.3% de las viviendas y el resto urbano registra un 84.4%, en el área rural apenas el 59.6% de los hogares cuenta con acceso al servicio. Justamente en los lugares donde se concentra la mayor densidad histórica de hablantes nativos cuatro de cada diez familias no poseen acceso a la red, enfrentando un bloqueo de carácter infraestructural.
Por otro lado, existe una barrera cognitiva que Luis Andrade Ciudad, lingüista y docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), explicó para este medio. El doctor dividió esta misma en dos tipos: históricas e ideológicas.
Las históricas radican en la falta de desarrollo de alfabetos consensuados y la escasez de un volumen amplio de textos escritos, fundamental para alimentar los motores de traducción y sistemas de Inteligencia Artificial.
“Esta restricción no es tan fuerte para lenguas mayores como es el caso del quechua o el aimara, pero sí es crítico para el caso de lenguas amazónicas que cuentan con pocos hablantes, como el bora en Loreto o el ese eja en Madre de Dios”, detalló. Por otra parte, las barreras ideológicas son los prejuicios que asocian las lenguas autóctonas con el atraso.
“Tradicionalmente las presentan como lenguas que no tienen que ver con la modernidad y con la tecnología, como si por ser del pasado no pudieran vincularse a la vida moderna y a las redes sociales, por ejemplo (…) Este tipo de creencias pueden ser muy poderosas al momento de plantear políticas estatales y también iniciativas empresariales, como que no sirviera invertir en tecnología para el desarrollo de esas lenguas”, advirtió Andrade.
Más elástica de lo pensado
Sin embargo, más allá de la creencia de la que nos habló el lingüista, la realidad representa algo distinto con el quechua como su principal cara. Esta lengua y sus hablantes, traductores e intérpretes han mostrado que, frente al brote constante de neologismos tecnológicos, tiene una gran resiliencia para amoldarse a estos.
Ebert Villanueva Espino, antropólogo e intérprete, destacó para nosotros que, en el quechua de uso cotidiano, la aproximación semántica se define por funciones y entornos. “¿Cómo decimos celular en quechua? En algunas comunidades le llaman chilliku, que significa grillo, porque emite un sonido vibrante similar. En otras, recurren a waqyana, derivado del verbo llamar (waqyay); es decir, un aparato para llamarnos”, comentó.
Asimismo, añadió que, desde la teoría de la traducción, no existen conceptos imposibles de verter de una lengua a otra. Lo fascinante en las lenguas indígenas es la metodología aplicada por sus especialistas.
A diferencia de los traductores occidentales, los intérpretes nativos consultan directamente con sus redes familiares y amicales antes de lanzar un término. “Validan la aceptabilidad de la palabra primero en entornos más cercanos y luego ya en entornos más amplios antes de proponer una solución”, mencionó.
Activismo digital
Con este conocimiento, da para pensar como con una adaptabilidad tan práctica esta lengua no tenga una mayor presencia en los espacios digitales e incluso, yendo más allá, no sea hablada al menos parcialmente en la capital donde, tras el censo de 2017, se reveló que Lima alberga el mayor núcleo urbano de quechuahablantes del país, con más de 500 mil.
Basándonos en el estudio ‘La etnografía del lenguaje desde el entramado en línea/fuera de línea’ del año 2025 de la lingüista Virginia Zavala, fue la discriminación urbana la que empujó a generaciones de migrantes a ocultar el idioma a sus hijos por temor al estigma, con ejemplos tan crudos como abuelos evitando enseñárselos a sus nietos por el temor a ser rechazados por su acento.
Esto ha llevado a que surjan de manera natural en el entorno digital agentes que intenten revertir esta conducta mediante la creación de contenidos en redes como TikTok, Instagram y Facebook.
Producciones que van desde contenido cotidiano, como el de Yanira Ccencho, y su proyecto Musquriy, o Solischa, quienes humanizan y masifican el uso de la lengua, hasta algunos más artísticos como el de Renata Flores, quien emplea el trap y el pop para reconectar a la juventud con el quechua, o Lenin Tamayo, quien revolucionó la escena musical global con el concepto del Q-pop, fusionando coreografías modernas con líricas andinas.
Por otro lado, en la Amazonía, el uso de las tecnologías responde a urgencias de supervivencia extrema. En Nauta, Loreto, Radio Ucamara ha implementado plataformas de streaming, podcasts y la producción de videoclips musicales interactivos interpretados por jóvenes nativos para registrar y revitalizar el kukama-kukamiria, una lengua en peligro crítico de extinción.
Esfuerzos loables que nos llevan a preguntar: ¿Es de ellos la responsabilidad de sostener este sistema? Ebert Villanueva puntualizó que nos encontramos ante un deber compartido.
“Es el Estado el ente que debe hacerse responsable de generar políticas públicas de bienestar, dar reivindicación o espacios de desarrollo cultural, no solo para los quechuahablantes, sino para todos los pueblos originarios del país, mientras que el ciudadano debe tomar conciencia de su entorno y generar una especie de resistencia que haga ver que la sociedad es diversa”, finalizó.
Estandarización, pero ¿hacia dónde?
Desafortunadamente, estos proyectos no podían estar exentos de problemáticas. La necesidad de unificar la escritura para que los procesadores de datos, humanos y no humanos, reconozcan los patrones lingüísticos del quechua presenta un debate histórico que divide a la academia y a los propios hablantes.
Como explicó Villanueva, este suele estancarse en conceptos un tanto chauvinistas de cuál región es más importante o cuál tiene mayor presencia histórica, cayendo en el mito de que el origen del quechua está ligado exclusivamente al antiguo Imperio Incaico.
Paradójicamente, las variantes con mayor número de hablantes actuales, como el quechua Cusco-Collao y el Ayacucho-Chanka (que representan el bloque sureño y se entienden entre ellos en un 90%), corresponden a la última fase evolutiva del idioma. En contraste, las variantes del centro (huanuqueña, ancashina, huancaína, etc.) son las que conservan los mayores vestigios de antigüedad.
Esta jerarquía demográfica se traslada con fuerza al entorno virtual. Andrade, por su lado, recalcó que si existe un claro predominio de creadores de contenido que representan a las variedades sureñas, estas lenguas de la familia quechua se van a ver progresivamente más empoderadas de lo que ya están. “Actualmente, las iniciativas ministeriales suelen privilegiarlas frente a las centrales”, concluyó.
Con encrucijadas de este calibre, esperar que la solución para la poca presencia digital de las lenguas originarias del país provenga del frente estatal parece una postura utópica; gracias a la poca fe en estas es que nacen las iniciativas autónomas y los referentes de redes sociales.
Sin embargo, aún con su apoyo, mientras se siga viendo a los pueblos indígenas y su cultura lingüística como un producto, donde mientras más comercial sea más valor tiene, el estado se continuará alejando más de la visión real de lo que es transmitir una identidad y se estancará en un enfoque lucrativo que solo logrará mantener la usual percepción que ve a estas lenguas tan profundas y bonitas cuando muestran su arte, pero tan subversivas cuando alzan la voz.
Trabajo del curso Técnicas para Reportajes 2026-1
