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El ausentismo electoral

La inasistencia a la urnas ha sido un factor clave en el desarrollo de las elecciones a lo largo de los últimos años.

Por Rafael Ortega y Alexandra Jave

Al 99.877% de las actas contabilizadas, el Perú se encuentra a pocos días de la proclamación de quien asumirá el cargo presidencial de los próximos 5 años. Sin embargo, la segunda vuelta también ha dejado una serie de datos que, por lo menos, son motivos de conversación: para esta votación, la cantidad de personas que no fueron a las urnas superó al número de ciudadanos que eligieron a Keiko Fujimori, la virtual presidenta, en la primera elección. 

De acuerdo con los datos de la ONPE, de los 27′325,432 peruanos que se encontraban en la obligación de cumplir con su deber ciudadano, más del 24.28% de ellos no asistieron a votar. En otras palabras, 6′636,280 ciudadanos no acudieron a las urnas. Esta cifra nos recuerda al 2021, donde las elecciones se realizaron en un contexto marcado por la emergencia sanitaria y que, como resultado, mostró un nivel de ausentismo de más del 25%. Sin embargo, para esta situación, ¿cuáles han sido las causas que llevaron a que los electores no ejercieran su derecho al sufragio?

El historial

Aunque el ausentismo ha sido una constante en los procesos electorales peruanos, sus niveles han variado considerablemente con el paso de los años. El registro en estas elecciones ha marcado una diferencia con relación a los comicios electorales anteriores.

Este año, los peruanos habilitados para llegar a la urnas en la segunda vuelta fueron 27 millones 325 mil 432, sin embargo, el 24.28% no asistió a votar. En ese sentido, este nivel de ausentismo solo se puede comparar al registrado en el 2021, año en el que ocurrió la pandemia. En esa elección, el 25.4% de los electores habilitados no sufragó, lo cual representó el porcentaje más alto registrado en la historia de los balotajes presidenciales del país.

Debido a ese contexto de crisis sanitaria, de acuerdo con lo declarado en Ojo Público por el abogado experto en derecho electoral, José Naupari, no se podría considerar los resultados en materia de ausentismo para compararlos con el resto de procesos electorales. Por ende, las elecciones de este año se establecerían como las que han registrado mayor nivel de ausentismo.

En línea con lo señalado por el experto, tampoco se podrían tomar en cuenta los comicios desarrollados entre 1990 y 2000, debido a que se realizaron en un contexto en el que el poder se concentró en el régimen autocrático del expresidente Alberto Fujimori.

En la segunda vuelta del 2001, el porcentaje de ausentismo fue de 18.6 %, en 2006 descendió a 12.3 %, en 2011 se ubicó en 17.5 % y en 2016 llegó a 19.9 %; por lo que el promedio sería de 17.08%. A raíz de estos datos, se puede afirmar que la participación en el ejercicio del voto ha disminuido a lo largo de las tres últimas segundas vueltas de las elecciones presidenciales (sin contar las del 2021).

El hecho de que en estos comicios electorales se haya registrado el mayor nivel de ausentismo lo hace aún más crítico debido a la complejidad de la elección entre las candidaturas de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.

A nivel territorial

Los niveles de falta se han presentado de maneras diferentes a lo largo y ancho del país, además de las marcadas distancias que ya caracterizan a la capital. De acuerdo con los datos de la ONPE, la región que más ausentismo ha tenido es Loreto, el cual supera el 50%, un porcentaje que incrementó entre 0,5% y 1% respecto a la primera vuelta. El caso más importante de este espacio se encuentra en la provincia de Putumayo, donde casi 7 de cada 10 personas no pudo cumplir con su derecho ciudadano. 

Otras de las regiones que presentaron niveles bajo de ausentismo fueron Ancash (69.192%), Apurimac (67.300%), Cusco (66.928%), Cajamarca (66.114%) y Madre de Dios (65.584%). Entre los principales factores, señalado por especialistas, que han llevado a la falta de los ciudadanos en las urnas se encuentran las causas estructurales, donde los problemas de infraestructura y movilidad impiden a los ciudadanos poder asistir a su local de votación. 

Sin embargo, también se sugiere la desconexión de la ciudadanía respecto a la clase política como otro factor importante. Basta con recordar que la candidata que pasó primera a la segunda vuelta lo hizo con únicamente el 14% del respaldo de los electores. 

En Lima, una vez más, los distritos que presentaron mayor nivel de ausentismo fueron Miraflores y San Isidro. En el caso del primero, la participación ciudadana fue del 70.188%, mientras que, en el segundo, el porcentaje fue de 71.690%. Además, con números bastantes cercanos, también se encontraron en la lista Surco (73.413%), Barranco (73.514%) y San Borja (74.073%). Sin embargo, los análisis de esta segunda vuelta sugieren que este fenómeno se mantiene en los márgenes habituales de no asistencia.

Casos contrarios en la capital los encontramos en los distritos de Villa El Salvador y Santa Anita, donde más del 80% de los ciudadanos fueron a las urnas. Por otro lado, las regiones que presentaron los mejores porcentajes de participación fueron Ica (79.971%),  Tacna (79.785 %), Arequipa (79.331 %), Moquegua (78.292 %) y Puno (76.835 %).

Causas del aumento de ausentismo

Pero, ¿a qué se debe la reducción de la participación ciudadana en el ejercicio del voto? En primer lugar, Naupari sostiene que una de las principales causas es de índole económica. Para miles de ciudadanos, especialmente aquellos que viven en zonas rurales o alejadas de los centros de votación, ejercer el derecho al voto implica asumir gastos de transporte, alimentación e incluso dejar de percibir ingresos por una jornada de trabajo. En muchos casos, el costo de trasladarse supera el monto de la multa por no sufragar, por lo que algunos electores optan por no acudir a las urnas.

A ello se suma la desactualización del domicilio consignado en el DNI. Cuando un ciudadano no realiza este trámite, puede ser asignado a un local de votación distante de su lugar de residencia, lo que incrementa aún más el tiempo y el dinero necesarios para votar. La situación es aún más compleja para los peruanos residentes en el extranjero, quienes, además de afrontar elevados costos de desplazamiento hasta los centros de votación, ya no están sujetos al pago de multas por ausentarse.

El especialista añade que, años atrás, las consecuencias jurídicas por no pagar la multa electoral eran más estrictas, lo que funcionaba como un incentivo adicional para cumplir con el deber de sufragar. Hoy, ese efecto disuasivo se ha debilitado.

En esa misma línea, el politólogo Eduardo Dargent considera que la reducción progresiva de las multas también explica parte del fenómeno. En ese sentido, las sanciones económicas por no votar son cada vez menores y, por tanto, han perdido capacidad para incentivar la participación. En consecuencia, para muchos ciudadanos el costo de abstenerse resulta hoy menor que el de acudir a las urnas, especialmente cuando el desplazamiento implica un esfuerzo económico considerable.

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