Las artes escénicas atraviesan una etapa de transformación, entre nuevas formas de consumo cultural, propuestas que buscan renovar la experiencia y la necesidad de acercarse a un público diverso.
Por Alexia Alegría, Zoe San Martin
El teatro mantiene una presencia constante en la oferta cultural de Lima, con producciones que buscan atraer a públicos diversos en medio de una industria del entretenimiento cada vez más amplia. Sin embargo, las artes escénicas compiten con el cine, las plataformas de streaming y otras alternativas por la atención de los espectadores, mientras las nuevas generaciones todavía mantienen una relación distante con las salas teatrales.
Ante este escenario, el teatro enfrenta el desafío de recuperar el interés del público y, al mismo tiempo, sostener las condiciones necesarias para que sus producciones continúen desarrollándose. La dificultad para atraer espectadores, las limitaciones que enfrentan quienes producen y la necesidad de explorar nuevas formas de conexión plantean dudas sobre qué necesita el teatro para mantener su lugar en la vida cultural de Lima.
Nuevos públicos
El teatro busca consolidar su relación en un contexto donde las opciones de entretenimiento son cada vez más amplias. Según el Ministerio de Cultura, en 2023, el 7,9 % de los peruanos mayores de 14 años asistió a un espectáculo teatral, frente al 2% registrados en 2021, lo que evidencia una recuperación de la asistencia después de la pandemia.
Sin embargo, recuperar espectadores no necesariamente significa convertir la asistencia al teatro en un hábito. Para Yanira Dávila, directora de teatro, todavía existe una distancia entre los jóvenes y las artes escénicas. “Creo que no hay tanto público teatral, no sé si los jóvenes van mucho al teatro, me gustaría que vayan más jóvenes, creo que son más populares en otras áreas, como el cine o ver Netflix”, señala. Desde su experiencia, el precio puede ser una de las barreras, pero también influye cuánto contacto tienen las personas con las artes escénicas desde edades tempranas.
A esta percepción se suma la idea de que el teatro puede ser una experiencia difícil o poco accesible para ciertos públicos. “Tiene que ver con la idea errada de que el teatro es una cosa compleja, difícil, un plomazo que no se entiende”, opina Diego Salinas, actor y productor teatral. Para él, parte del reto está en desmitificar el teatro y acercarlo a la vida cotidiana, aprovechando además una oferta que actualmente incluye propuestas y formatos dirigidos a públicos diversos.
Así, el desafío no pasa únicamente por atraer espectadores a las salas, sino por generar una relación más frecuente con ellos. La variedad de propuestas, los precios y el acercamiento desde edades tempranas pueden influir en que el teatro deje de percibirse como una actividad ocasional y se convierta en una alternativa habitual de entretenimiento.
Las dificultades de hacer teatro
El teatro peruano todavía enfrenta el reto de consolidar un público que permita sostener sus producciones. En 2024, el 8,6 % de los peruanos mayores de 14 años asistió al menos una vez a un espectáculo teatral, una cifra que, aunque muestra una recuperación frente a los años de pandemia, aún se encuentra por debajo del 9,7 % registrado en 2019. En este escenario, quienes producen teatro deben desarrollar sus proyectos en un mercado donde la asistencia todavía no se ha recuperado por completo.
Dávila sostiene que, los retos aparecen desde el momento en que se intenta poner una obra en marcha. “Las principales dificultades de una persona que quiere hacer teatro en Lima son muchas, tienes todo adverso para hacer teatro en Lima, todo es súper caro, de dónde sacas dinero, no hay espacios donde montar, luego hay espacios pero con poco público, no hay mucho público que vaya al teatro.” Para la directora, esta situación convierte al teatro en una actividad especialmente difícil de sostener y hace que el panorama sea aún más complejo fuera de Lima.
Frente a estas dificultades, existen iniciativas que buscan impulsar la creación escénica, como FAE Incuba, un programa de residencia que brinda acompañamiento creativo y asesoría especializada a proyectos teatrales. En su edición 2025-2026 fueron seleccionados cuatro proyectos. Sin embargo, este tipo de oportunidades tiene un alcance limitado frente a la cantidad de artistas que buscan desarrollar sus propuestas. Dávila considera que todavía existe un déficit de apoyo para el sector: “En Lima no hay suficientes oportunidades para los artistas y equipos teatrales”.
La falta de estas oportunidades también afecta la posibilidad de convertir el trabajo artístico en una profesión sostenible. Las becas y opciones de financiamiento disponibles no son suficientes, mientras que otros trabajos vinculados con la actuación, como la televisión o el cine, suelen depender de proyectos puntuales. “El Perú no tiene las herramientas para que los actores puedan o en general la gente de teatro pueda vivir de eso”, afirma Yanira.
Hacer del teatro un hábito
Hay muchos caminos a tomar para favorecer la industria del teatro en el Perú. Uno de ellos es atacar la falta de interés, la cual según el Ministerio de Cultura, es el principal motivo de inasistencia tanto en las zonas urbanas y rurales. En el 2020, más del 50% de los encuestados indicaron que no asistían al teatro por esta razón.
“Es muy importante enseñar matemáticas, estructuras gramaticales, pero también es muy importante explicar y entender a través de la sensibilidad cómo ser mejores ciudadanos, compañeros, vecinos, personas,” opina Diego Salinas. Hace falta desarrollar un público, una cultura de ir al teatro. Hoy en día, aproximadamente 9 de cada 10 peruanos no acuden a los escenarios.
La misma encuesta reportó que el 19.7 % de los encuestados que no consumió teatro por la falta de oferta. “En el Perú en general son muy pocas las ciudades que tienen salas teatrales», comenta Salinas. Aunque el país cuenta con más de 117 teatros y auditorios, el Ministerio de Cultura reporta que el 68% se encuentra en la capital.
Otro aspecto importante a enfrentar es la ausencia de una infraestructura económica e industrial sólida. “La falta de una política coherente a nivel estatal contribuye a la marginalización de las artes en la vida cotidiana,» cuenta Nerit Olaya al Diario El Comercio. Del mismo modo, Juan Carlos Fisher comenta a Perú21: “El Estado no se da cuenta de que existimos, nos ignora: para él solo somos reales cuando se trata de cobrarnos el IGV y los impuestos.”
“Es muy fuerte y complejo que en nuestro país, donde tenemos una realidad nacional tan separada constantemente y casos tan terribles, consideremos que aportar hacia el arte es un desperdicio de tiempo,” cierra Salinas. Para él, el teatro entrena la empatía, fomenta el cuestionamiento, e impulsa al público a adoptar nuevas perspectivas; todas cualidades de un buen ciudadano.
