A días del balotaje entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, ambos candidatos parecen ajustar sus campañas en un contexto donde las segundas vueltas pocas veces se ganan con el discurso de las primeras.
Por Matias Illescas y Álvaro Urquizo
Con miras al 7 de junio, las campañas presidenciales de Fuerza Popular y Juntos por el Perú parecen estar moviéndose. Desde cambios de discurso hasta una renovación total del equipo técnico, este tipo de actividades marcan los últimos días antes de la votación. Los cambios de campaña no son nuevos en la política peruana, pero esta vez se reproduce en un contexto cada vez más fragmentado donde, de acuerdo a Ipsos, alrededor del 12% no precisa aún por qué candidato votar.
La segunda vuelta implica un cambio de reglas, electores y candidatos que suelen verse obligados a rectificar o ajustar declaraciones pasadas, con el fin de captar los bolsones restantes que realmente no simpatizan con ellos. Por ello, en cada balotaje peruano se han ensayado fórmulas distintas para conquistar un electorado escéptico. ¿Qué ha obligado históricamente la segunda vuelta a sus candidatos?
Cambiar o no cambiar
Cuando se llega a una segunda vuelta, las condiciones cambian. Las candidaturas se reducen a solo dos, los electores que apoyaron a otros candidatos en primera vuelta tienen que decidir nuevamente, los finalistas necesitan conquistarlos para alcanzar la mayoría, y los votantes restantes tienen que definir si mantienen su voto. En ese escenario, mantener intacto el discurso original muchas veces no alcanza.
En esa línea, Renzo Mazzei, comunicador político y magíster en Ciencias Políticas, lo graficó como una lógica básica de cualquier estrategia electoral. Para él, cuando un candidato llega a segunda vuelta con menos del 20% de los votos válidos, no hay margen para mantener un discurso sectario. «Lo habitual siempre en una segunda vuelta es abrir un poquito la cancha, no quedarte solamente con tu espectro político, porque evidentemente el objetivo es ganar votos de otros sectores, inclusive los que alguna vez te criticaron», señaló el especialista.
Por ello, en 2011, Ollanta Humala, tras pasar a segunda vuelta con un discurso claramente de izquierdas que generaba desconfianza en el sector económico, presentó la famosa hoja de ruta, un documento donde se comprometía a respetar la estabilidad macroeconómica, la autonomía del Banco Central de Reserva y los tratados internacionales. El gesto vino acompañado del respaldo de figuras reconocidas como Mario Vargas Llosa y Alejandro Toledo. Ese movimiento le permitió ganar frente a Keiko Fujimori.
Cinco años después, en 2016, el escenario fue algo distinto. Dos candidatos de derecha llegaron al balotaje: Pedro Pablo Kuczynski y nuevamente Fujimori. En ese contexto, no daba pie a ningún tipo de moderación ideológica porque ambos estaban en el mismo lado del espectro, con ciertas diferencias, pero en una línea muy similar.
En este marco, José Carlos Requena, analista político, explicó a Nexos que la estrategia de PPK fue otra. “Lo que hizo más bien el campo de Kuczynski fue voltear a ese bolsón, no solo acoger el apoyo de Verónika Mendoza, sino tomar con mucho entusiasmo, sobre todo en el último tramo, esa retórica antifujimorista”, señaló. Mendoza, líder del Frente Amplio y tercera en primera vuelta, llamó a votar por PPK como el “mal menor”, materializando en las urnas una victoria ajustada de Kuczynski frente a Fujimori.
No obstante, a partir de 2021, la lógica del balotaje comenzó a moverse a otros horizontes. Pedro Castillo no publicó una hoja de ruta como Humala, pero igual sumó a su equipo a figuras como Pedro Francke en el área económica, una incorporación que terminó calmando a ese sector, debido al perfil más moderado del economista. Esta jugada también aportó en la victoria final de Castillo, imponiéndose ante Fujimori, quien perdió por tercera vez.
Para Requena, lo ocurrido en 2021 no responde a la misma lógica de balotajes pasados, ya que lo visto en esta elección y la anterior no son “expectativas de moderación”, sino el encuentro de “apoyos no solicitados”, que terminan haciendo que los candidatos hagan algo.
Sin embargo, hay un denominador muy importante que atraviesan las últimas elecciones en las que Keiko Fujimori ha participado: el antivoto. Existe un gran rechazo hacia su figura que termina inclinando el resultado en su contra por márgenes cada vez más estrechos. ¿Es suficiente ese antivoto para definir el balotaje, o las condiciones de 2026 han cambiado?
Un panorama incierto
En el caso de las elecciones de este año, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez llegaron a la segunda vuelta con 17.07% y 12.04%, respectivamente. Ambas cifras corresponden a un nivel de representatividad muy bajo, donde el presidente, o presidenta, habrá sido escogido por menos de dos de cada 10 peruanos, similar a lo que sucedió con Pedro Castillo en 2021.
El último sondeo de opinión de Ipsos, con datos de mayo de este año, registró un 39% de apoyo para Keiko Fujimori, mientras que para Roberto Sánchez un 35%. Estos números representan un aumento del 1% para Fujimori y una pérdida de 3% para Sánchez. Pero uno de los resultados más reveladores es la disminución del antifujimorismo, que en las últimas tres elecciones fue determinante para la derrota de la candidata. El dato indicó que, en febrero de 2026, un 64% de los encuestados «definitivamente no votaría por ella», mientras que en mayo el número bajó a 44%.
Al respecto, Mazzei comentó que esta situación se debe, en gran parte, a los gobiernos de Pedro Castillo y Dina Boluarte. «Creo que, a raíz de la experiencia de Castillo, ese antifujimorismo se ha diluido. (…) Hemos tenido un gobierno muy malo con Castillo en las decisiones, en la cantidad de ministros, y otro gobierno malo con Dina Boluarte. Son parte de la misma plancha, del mismo partido, al igual que Balcázar. Entonces, el factor Castillo, por los resultados en el gobierno, creo que va a ser determinante para que el antifujimorismo no tenga un peso tan grande como en las otras elecciones», indicó el especialista.
Castillo estuvo en la presidencia solo durante un año y medio, pero durante ese tiempo se vio envuelto en escándalos de corrupción y terminó siendo vacado del cargo por un intento de golpe de estado el 7 de diciembre de 2022. En el caso de Boluarte, llegó a ser la presidenta más impopular de la historia del Perú, con un 2% en marzo de 2025, una cifra ubicada dentro del margen de error de la encuesta. Su mandato estuvo lleno de cuestionamientos por las muertes registradas en las protestas de 2022 en Puno, acusaciones de enriquecimiento ilícito y abandono del cargo.
Todo esto, según los especialistas, podría ser determinante para los electores en esta segunda vuelta y, para Requena, sería favorable para Keiko Fujimori debido a que son hechos muy recientes. «La ventaja que tiene Keiko Fujimori es que el temor a Castillo está mucho más fresco, pero la desventaja es que su partido tiene una presencia importante en el Parlamento y todavía se le achaca una responsabilidad en los últimos años de inestabilidad», afirmó el analista.
En ese sentido, ambos candidatos han optado por hacer cambios en sus campañas para buscar recoger la mayor cantidad de votos posibles. Sánchez ha incorporado un equipo técnico con nombres como Pedro Francke o Hernando Cevallos, ambos exministros de Castillo, pero esta vinculación también podría ser perjudicial para él. Keiko, por otro lado, busca evitar cometer los errores del pasado, con menos ataques a su contendiente y un enfoque mayor en su propio partido.
Cambio de discurso
En esta segunda vuelta, la candidata de Fuerza Popular ha enfatizado en la idea del orden contra el caos, una narrativa que busca recuperar lo que algunos consideran positivo de la imagen de su padre y contraponerlo a los problemas actuales. Según la última encuesta de Ipsos, el 63% de la población considera la inseguridad como su principal preocupación y, en el mismo sondeo, los electores ponen por encima a Fujimori frente a Sánchez cuando se trata de implementar medidas para combatir la delincuencia.
En ese sentido, Requena plantea que el candidato que maneje mejor los miedos que genera será probablemente el que se lleve la presidencia. «Vemos esta dicotomía que plantean (desde Fuerza Popular) entre el caos, que representa para ellos la izquierda y la inestabilidad de los últimos años, y el orden, que es lo que ellos sugieren. Hay como una idea más clara. Eso solo en términos racionales, porque en términos identitarios, emocionales, ya es otro factor, y ahí es donde los miedos pueden terminar jugando un rol determinante», indicó el especialista.
Pero además, la lideresa de Fuerza Popular ha querido manejar una campaña menos confrontacional, alejándose de la idea del «terruqueo» que usó en el balotaje pasado, cuando se dirigió a su rival, Pedro Castillo, para decir que «yo no voy a ‘terruquear’ a nadie». Esta vez ha adoptado un enfoque mayoritariamente centrado en la resolución de los problemas que aquejan a la población.
Al respecto, Requena comentó que «ha querido pasar a otro tipo de polarización, una menos ideológica, y evidentemente hay alguna asesoría profesional detrás, pero creo que sí hay una voluntad, por lo menos sus apariciones en redes parecen manejadas con un perfil menos polarizante, más convocante. Eso, sin embargo, no tiene un correlato con figuras políticas, sino es más como si quisiera tener una llegada más consistente a la sociedad en su conjunto».
En cuanto a Roberto Sánchez, en esta segunda vuelta sus problemas han girado alrededor de la figura de Antauro Humala. Juntos por el Perú ha optado por reclutar un cuadro técnico que, como se vio en el debate del 24 de mayo, busca combatir los miedos que surgieron alrededor del partido durante la primera vuelta.
En ese sentido, Francke, vocero del rubro económico del partido, declaró su intención de ratificar a Julio Velarde en el Banco Central de Reserva, desmintió estatizaciones y habló de inversión extranjera. Pero además, el exministro afirmó que Antauro Humala «no ayuda a nadie, a mi juicio, no ayuda al país. Creo que suelta ideas violentas que me parece que al Perú no le hacen ningún favor”.
La segunda vuelta, por lo tanto, está llevando a ambos candidatos a variar sus campañas y buscar captar al mayor número de indecisos posibles. Con tres elecciones perdidas en la espalda, Keiko Fujimori aparece en las encuestas con una mínima diferencia a su favor, mientras que Roberto Sánchez busca solucionar problemas internos y los rezagos del legado de los últimos gobiernos. Todo dependerá de cómo lleguen los candidatos al 7 de junio.
