América para el norteamericano

[Composición: Alexandra Jave]

La influencia estadounidense cobra protagonismo en una América Latina marcada por el avance de gobiernos de derecha y por una creciente disputa geopolítica con China.

Por Matias Illescas y Alexandra Jave

Durante el segundo periodo de Donald Trump al mando de Estados Unidos, Latinoamérica ha dejado de ser un territorio poco relevante para la política mundial. La reciente reunión entre el mandatario estadounidense y su homólogo colombiano, Gustavo Petro, es una muestra de ello. En ese sentido, el mandatario estadounidense ha optado por promover relaciones diplomáticas con los países de la región, apelando a una política exterior que su administración ha denominado “Doctrina Donroe”, en referencia al expresidente James Monroe.

En algunos casos ha llegado a intervenir en el territorio, como sucedió con Venezuela, y además, en la mayoría de las veces, ha celebrado los resultados electorales en países de la región donde triunfaron líderes afines a su línea política. ¿Cómo se ha desarrollado su apoyo a estos Estados y qué consecuencias podría traer esta situación?

Relaciones bilaterales

El ejemplo más reciente es el de la relación entre Petro y Trump, que se ha caracterizado mayormente por el conflicto, con el republicano acusando a su homólogo colombiano de “enfermo y vendedor de droga”. En consecuencia, Petro respondió con críticas duras sobre su accionar, sobre todo después de la intervención en Venezuela. Sin embargo, todo cambió a partir de la reunión que sostuvieron en la Casa Blanca el 3 de febrero. 

Para ambos, el encuentro resultó positivo. Incluso el estadounidense le dedicó su libro escribiéndole: “tú eres genial”, además de afirmar que “fue un gran honor” y que “ama a Colombia”. Así, Trump solucionó el conflicto con uno de los países que más se oponían a su política. En ese sentido, el resultado es similar a lo ocurrido en México y en Venezuela especialmente.

En el caso mexicano, la disputa más grave se daba principalmente por la migración y el fentanilo. No obstante, tras una serie de llamadas entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el mandatario norteamericano, la situación amainó, librando al país de Sheinbaum de las amenazas de aranceles e intervenciones. Con Venezuela, por otro lado, sí hubo una incursión militar que terminó con la captura del dictador Nicolás Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada.

Respecto a este asunto, el internacionalista Oscar Vidarte consideró que el interés de Trump iba más allá de Latinoamérica. “El tema de Venezuela, más que la democracia –que sabemos que no era el tema central–, también el narcotráfico ha pasado a un segundo plano. Desde el inicio no era solamente el acceso al petróleo, sino impedir que China se beneficie de ese petróleo”, afirmó.

Hasta el momento, Rodríguez se ha mostrado favorable a Trump, a pesar de los anuncios constantes donde afirma lo contrario a lo que dice el republicano. En esa línea, el régimen venezolano ha obedecido los requerimientos de la Casa Blanca, lo que lo perfila como un potencial aliado. Además, Washington afirmó que asumirá la  administración de la transición política, garantizando su presencia en el país. 

En los últimos días, ha amenazado a Cuba diciendo que “está a punto de caer”, declarando una emergencia nacional al respecto y amenazando con la imposición de aranceles a los países que decidan vender petróleo a la isla. “Falta ver qué va a suceder con Cuba. Todavía un tema no resuelto donde Estados Unidos puede dar muchos más pasos hacia adelante o tratar de presionar más al gobierno de Díaz Canel. Creo que vienen años complicados de la región”, explicó Vidarte.

Pero Trump no se ha limitado a acciones diplomáticas o intervenciones. En los países que han celebrado elecciones ha endosado a los candidatos afines a sus ideas, como en el caso de Honduras, con Nasry Asfura, o el de José Antonio Kast en Chile, ambos ganadores de sus comicios. Respecto a Bolivia, si bien la Casa Blanca no apoyó a ningún candidato durante su proceso electoral, respaldó a Rodrigo Paz después de su victoria, al igual que a Daniel Noboa cuando fue reelegido en Ecuador.

Ante esto, el panorama de los líderes latinoamericanos ha pasado a ser ampliamente favorable para Donald Trump respecto a cuando asumió la presidencia, debido también a la presión de Estados Unidos. “Trump quiere decirle a América Latina o estás conmigo o estás contra mí’”, indicó el internacionalista Fabián Vallas.

Además de los países ya mencionados, el mandatario estadounidense cuenta con el apoyo de la Argentina de Javier Milei, El Salvador de Nayib Bukele y el Paraguay de Santiago Peña. Pero, ¿qué significan estos movimientos para la región?

Aranceles y geopolítica

El nuevo protagonismo latinoamericano ha resultado como prioridad en el gobierno republicano. A través de amenazas arancelarias, presiones diplomáticas y una estrategia orientada a frenar la influencia china, la administración Trump —con la ejecución de Marco Rubio— está replanteando la relación histórica entre Washington y la región.

Hoy, los gobiernos de América Latina —en el centro del escenario internacional— viven un giro hacia la centro-derecha o derecha, impulsado por el agotamiento de los gobiernos de izquierda y por una presencia cada vez más explícita de la potencia norteamericana. En sintonía con esto último, el modus operandi de Trump parece haber tomado una forma determinada en la relación con dos países de Latinoamérica, con los cuales previamente había tenido conflicto.

Sin embargo, lejos de escalar indefinidamente el conflicto, el tono cambió en las semanas siguientes. Esta transformación en la relación e ideología de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos ha hecho que la carga arancelaria, manifestada previamente por el presidente estadounidense, ya no represente una amenaza.

“Trump utiliza la amenaza como parte de su método de negociación: primero exagera el conflicto, anuncia sanciones o incluso intervenciones, y luego negocia. En muchos casos, esas amenazas no se concretan, sino que buscan forzar concesiones parciales”, destacó Vallas.

A pesar de la incertidumbre que provocan los anuncios sucesivos sobre nuevos aranceles —y la decisión pendiente de la Corte Suprema de Estados Unidos respecto a la legalidad de dichas medidas—, las proyecciones indican que el efecto para la región será contenido. Incluso para México, el impacto podría ser manejable en función de las negociaciones que lleve adelante la presidenta Claudia Sheinbaum.

En ese sentido, Vidarte señaló que “las presiones van a continuar, ya hemos visto que pueden generarse algunas situaciones que, en los próximos tres años, podrían tener impacto. Basta ver lo que ha logrado con México, al conseguir que deje de venderle petróleo a Cuba. Es decir, capacidad de presión tiene —y mucha—”.

Por otro lado, la disputa entre Estados Unidos y China por la influencia en la región se ha convertido en uno de los ejes centrales de la política exterior del líder republicano. Según Vallas, Washington percibe hoy a China como su principal adversario estratégico en la región, especialmente por su creciente presencia económica. 

“Donald Trump se ha dado cuenta de que su gran enemigo ya no es tanto Rusia sino China. Y es ahí donde ve un peligro muy grande por el ingreso masivo de capitales chinos en Sudamérica. Estados Unidos ha iniciado una ofensiva muy fuerte para recuperar protagonismo en el continente y aislar a China de la región”, resaltó el especialista.

Tal es el caso de nuestro país, donde más del 30% de las exportaciones se dirigen al mercado chino, según Bloomberg en Línea. A su vez, Chile y Brasil, que han mantenido una posición relativamente equidistante entre ambas potencias, se han vuelto espacios clave de esta competencia.

“Estados Unidos va a empezar a prestar atención a aquellos países que tienen vínculos estrechos con China y uno de ellos es el nuestro. No solo por el puerto de Chancay, sino también por el nivel de comercio que mantenemos y por nuestras exportaciones de materias primas estratégicas, como el cobre y otros minerales”, resaltó Vidarte.

Por lo mismo, el especialista advirtió que el Perú podría estar en el centro de la atención de Estados Unidos, y eso no será fácil de manejar. “Para países como el nuestro, será necesario actuar con mucha fineza diplomática para preservar la relación”, añadió.

En Panamá, la presión estadounidense logró desplazar a empresas chinas de sectores estratégicos como la administración del Canal, mientras que, en Argentina, el gobierno de Javier Milei enfrenta tensiones por la dependencia comercial con China en un contexto de acercamiento político a Washington.

Para Trump, el avance chino en infraestructura, comercio y recursos estratégicos no es solo un desafío económico, sino una amenaza directa a la histórica hegemonía estadounidense en lo que considera su esfera natural de influencia.

De cara a los siguientes meses, todo indica que Trump mantendrá esta lógica de presión selectiva seguida de negociación, con América Latina como escenario clave de su disputa geopolítica con China. En ese contexto, la región enfrenta una dinámica recurrente: ajustar sus decisiones diplomáticas y económicas al ritmo de la política exterior del segundo gobierno de Donald Trump.

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