El freno invisible del aprendizaje

[Fuente: Andina]

Pizarras gastadas y baños sin agua. Lo que parece solo “desinterés” esconde un impacto profundo en el desarrollo de los niños. Reconocer esta realidad es el primer paso para construir escuelas que realmente fomenten el crecimiento de las futuras generaciones

Por Michelle Hemmerde y Rodrigo Masías

Hace siete años, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció el 24 de enero como el Día Internacional de la Educación, una fecha destinada a recordar que el aprendizaje es un derecho humano fundamental y una condición indispensable para el desarrollo social y económico de los países. La educación, según este enfoque, no solo debe ser accesible, sino también impartirse en condiciones dignas, seguras y equitativas para todos los estudiantes.

La realidad peruana, sin embargo, se mantiene lejos de ese ideal. En distintas regiones del país, miles de niños y adolescentes continúan asistiendo a colegios con infraestructura deteriorada, servicios básicos incompletos y condiciones que ponen en riesgo su salud y bienestar. Aulas en mal estado, falta de agua en los baños o sistemas eléctricos precarios no son hechos aislados, sino parte de un problema estructural que se arrastra desde hace años.

En ese contexto, la discusión ya no se limita únicamente a la inversión en infraestructura, sino a las consecuencias que estas carencias tienen sobre el proceso educativo. ¿Qué riesgos implica aprender en entornos inseguros? ¿Cómo afectan estas condiciones al desarrollo cognitivo, la atención en clase y la permanencia de los estudiantes en el sistema educativo? A partir de estas preguntas, el debate sobre la educación en el Perú vuelve a poner sobre la mesa un problema de fondo que, hasta ahora, sigue sin resolverse.

La educación como pilar del ser humano

La educación es la base de la sociedad. En ella se sostienen el desarrollo profesional, la igualdad de oportunidades y la formación integral de las personas, así como el progreso de una nación. Por ello, resulta clave generar espacios donde se reflexione sobre el sistema educativo y se discutan los cambios que este requiere.

En abril de 2019, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la ONU instauraron esta celebración con el objetivo de mejorar la calidad educativa y fomentar la inclusión, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como la Educación de Calidad y la Reducción de las Desigualdades.

Un aspecto a recalcar es que la educación no está solamente en las aulas, sino que todo el entorno en el que crece el menor influencia su desarrollo integral. Como señala Julio César Mateus, magíster en Comunicación Educativa: “Los procesos formativos son sistémicos. Es decir, no dependen de un solo elemento, sino de un conjunto de elementos que trabajan en simultáneo”. En consecuencia, no se pueden ignorar las deficiencias externas de nuestro sistema educativo.

Esto demuestra que no importa si el alumno está frente al mejor maestro, el entorno será decisivo en su capacidad de adquirir los conocimientos impartidos. Por ello, toma mayor importancia identificar las deficiencias del ambiente educacional peruano para subsanar las desigualdades.

Lo que rodea el aprendizaje

A inicios del 2025, la  Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass) confirmó que 1459 instituciones educativas registraban deudas en sus recibos de agua potable, además 291 instituciones ya no contaban con el servicio debido a la falta de pago. 

Según Isabella Colareta, máster en neuropsicología, las condiciones de los colegios influyen directamente en el proceso de aprendizaje. “Un niño que tiene que preocuparse por ir al baño en malas condiciones, que siente incomodidad, vergüenza o miedo, es un niño cuyo cerebro está en modo de alerta, no en modo de aprendizaje. Este estado de estrés sostenido activa respuestas fisiológicas que interfieren con funciones cognitivas”, mencionó la especialista. 

En el caso de población femenina infantil, el escenario se agrava. Según el estudio Retos e Impactos del Manejo de Higiene Menstrual en el Contexto Escolar de UNICEF y por el Instituto de Estudios Peruanos, el 95% de niñas y adolescentes peruanas reportan incomodidad o dificultad durante la menstruación al estar en la escuela. Asimismo, el informe señala que esta incomodidad se relaciona con el ausentismo escolar. Si calculamos que una estudiante regla en promedio 10 veces por año lectivo, perdería un aproximado de 10 semanas de clases. 

En el contexto rural, el 18% de los establecimientos educativos están supeditados a la existencia de ríos, acequias, manantiales y otras fuentes para abastecerse del servicio hídrico, y más de 9000 instituciones recurren a pozos debido a la falta de desagüe. El doctor en Educación, César León, destaca las desigualdades persistentes entre la realidad capitalina y el resto del país: “Tal vez en Lima no caemos en la cuenta o tal vez conocemos menos, pero la realidad fuera de la periferia de Lima y, por supuesto, en otras comunidades del país, es alarmante”, señaló.

Más allá de las cifras y las carencias visibles, estas condiciones configuran una experiencia marcada por la incertidumbre. El entorno escolar deja de ser un espacio de seguridad y se convierte en un factor que incide en cómo los estudiantes se sienten, se concentran y permanecen en la escuela. Así, las brechas materiales no solo limitan el acceso a servicios básicos, sino que modelan estados emocionales que terminan influyendo en la relación de niñas y niños con el aprendizaje.

Más allá de las medidas

Mantener las actuales condiciones escolares prolonga una experiencia de aprendizaje marcada por la precariedad. Sin embargo, intervenir de manera parcial, sin una estrategia ni una planificación sostenida, también involucra riesgos. Las respuestas de corto plazo pueden aliviar algunas carencias inmediatas, pero suelen dejar en pausa los factores que producen y reproducen la desigualdad en el tiempo.

Aunque el Estado ha mostrado su compromiso con la mejora de la infraestructura y los servicios básicos en las escuelas, estos esfuerzos, en la mayoría de los casos, dependen de decisiones presupuestales y de una coordinación institucional que no siempre se mantiene. La continuidad de las políticas públicas suele verse afectada por cambios de gestión y de prioridades, lo que limita el alcance real de las intervenciones.

“La falta de recursos básicos en el proceso de aprendizaje es una problemática muy fuerte en el Estado peruano”, advierte León. Asimismo, señala que esta situación afecta habilidades fundamentales como la atención, la comprensión y la participación en clase. En este contexto, las brechas no solo persisten, sino que se profundizan. La demora en atender estas condiciones se traduce en estudiantes que llegan a clase cansados, sin haber cubierto necesidades básicas como la alimentación o el acceso al agua. 

El costo de esta situación no se mide únicamente en infraestructura pendiente, sino en oportunidades reducidas que se acumulan a lo largo de las trayectorias educativas.Así, mientras se anuncian medidas y se plantean soluciones, el problema de fondo continúa. Porque aunque algunas acciones alivian la situación en el corto plazo, sin políticas sostenidas las brechas persisten. En ese sentido, el desafío no es solo intervenir, sino hacerlo con continuidad, si se busca que la educación deje de reproducir desigualdades.

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