Postulaciones sin resultado: El estancamiento de la oferta política peruana

[Ilustración: Daniela Ramos]
[Ilustración: Daniela Ramos]

Con los 39 partidos en lista para las próximas elecciones de 2026, las caras conocidas tradicionales reaparecen con los mismos propósitos de siempre.

Por Mauricio Mendoza y Daniela Ramos

Los ciclos electorales avanzan casi sin darnos cuenta, pero la oferta política parece estancada en el tiempo. Una y otra vez vemos que los partidos políticos, junto a sus respectivos referentes, vuelven a los comicios, incluso después de derrotas seguidas, desgastes internos o algún antecedente público. Los partidos, muchos de ellos convertidos en maquinarias personalistas o sin ningún relevo interno, continúan apostando por sus líderes tradicionales como si fueran la única carta posible.

Así, la competencia termina reproduciendo los mismos discursos y la misma crisis que han acompañado al país durante más de una década. Esta repetición de candidatos se sostiene a partir de partidos débiles, sin nuevos cuadros ni procesos internos que impulsen a otras figuras. En ese vacío, los liderazgos tradicionales mantienen el control de la marca y del espacio electoral que construyeron.

Los discursos en la repostulación

Los eternos candidatos presidenciales reaparecen una vez más en los comicios con propuestas y nuevas narrativas que, como muchos sabemos, suelen ser una formalidad destinada al olvido una vez alcanzados sus objetivos. El problema —o quizás no— es que, tras su segunda, tercera e incluso cuarta postulación, aún no logran conseguirlos.

En medio de esta contienda electoral, estos candidatos ajustan sus propuestas y moldean sus discursos para volver al ruedo. Una de las características de estos repostulantes es que se mantienen dentro de sus posiciones políticas, al menos lo más cerca posible. Pero ello no responde necesariamente a la fidelidad a sus principios o a una ética política sólida, sino a una estrategia calculada.

Si bien pueden modificar su estrategia para captar nuevos votantes, para el consultor político Juan Carlos Requena el electorado valora la coherencia de sus narrativas. Ejemplos como Lula da Silva en Brasil o José Antonio Kast, quien nuevamente ha logrado pasar a segunda vuelta en Chile con un frente sólido, muestran que la perseverancia y la consistencia ideológica pueden traer recompensas.

No obstante, las coyunturas cambian y, aunque el Perú salta de crisis en crisis, cada una tiene matices propios. Hoy, el tema de mayor sensibilidad en las calles es la criminalidad y la delincuencia, que ha provocado una ola de paros y protestas a nivel nacional.

En la política peruana, así como en muchas otras, ganar adeptos implica captar al electorado del centro, es decir, las posiciones moderadas. No obstante, los discursos deben adaptarse a las necesidades del momento. En el caso de Keiko Fujimori, ella se mantuvo en el centro-derecha, aunque con ajustes puntuales en su mensaje.

Desde una defensa explícita del legado de su padre en 2011, la fundadora del partido Fuerza Popular pasó a un tono más conciliador en 2016 para ampliar su base sin abandonar la agenda de seguridad. En el caso de las elecciones 2021, adoptó un discurso más duro frente a la izquierda en medio de una campaña altamente polarizada.

“En general, hay una tendencia a leer el momento vigente y adecuar el mensaje. Sin embargo, en la actualidad sí creo que hay una mayor inclinación a la radicalización; por lo menos en el caso de López Aliaga, eso se nota más claramente”, comentó Requena. A pesar de perder, lo siguen intentando y, aunque gustaría creer que es por amor al país, la realidad es que hay otros intereses que se ocultan detrás. 

¿Por qué siguen postulando?

La repostulación sigue siendo una estrategia atractiva porque el valor político no depende solo de ganar una elección, sino de mantenerse en el tablero. Según el estudio realizado por Bertelssman Transformation, una alianza entre países que analiza informes universitarios acerca de la gobernanza de cada uno, coinciden en que la política peruana opera con una lógica de alta personalización donde los líderes que logran instalar su nombre buscan no desaparecer con una derrota.

A esto se suma que el sistema electoral genera incentivos muy concretos para insistir, como la representación parlamentaria. Esto muestra que tener votos, aunque no suficientes para ganar la presidencia, permite asegurar presencia congresal. Con ella se garantiza el financiamiento público, visibilidad, poder de negociación en futuras alianzas o beneficios para el partido político y, por ende, para el líder.

Postular de nuevo se convierte en una forma de asegurar recursos y mantener influencia en un escenario donde la continuidad del partido depende, en gran medida, de la continuidad de su figura principal.

La presencia de personalidades como la de Fujimori es constante en la contienda presidencial porque mantiene activa una base electoral que, aunque no mayoritaria, es lo suficientemente sólida como para asegurar relevancia y, en un sistema tan fragmentado, la familiaridad pesa.

El abogado electoral José Manuel Villalobos, en entrevista, confirmó la pobre situación que atraviesa la oferta electoral en este sentido. “Por más filtros que hemos puesto, llega gente que no merece el cargo. Ahora se duplicó la oferta, entonces deberíamos tener dentro de la misma mejores candidatos, pero estoy seguro que no los hay porque no hay gente que quiere entrar a la política, los mejores no hacen eso”, analizó.

El fatalismo de los peruanos

Frente a este escenario, el público termina atrapado entre el desgaste y la costumbre. Muchos votantes sienten rechazo hacia los mismos nombres, pero también perciben que las alternativas nuevas no son necesariamente mejores ni más confiables.

Según una encuesta nacional de Ipsos donde se recogió la intención de votos de los peruanos en octubre, Rafael Lopez Aliaga, Carlos Álvarez y Keiko Fujimori encabezan las listas. Si bien no pasan del 10%, el 39% de  peruanos prefiere votar en blanco a darle una oportunidad a los nuevos postulantes.

Al final, los electores terminan eligiendo figuras conocidas, incluso si tienen opiniones negativas sobre ellas. Esto explica por qué candidatos como la fundadora del partido de Fuerza Popular, uno de los más polarizadores del país, siguen ocupando posiciones altas en los sondeos.

La repetición no solo viene desde los partidos, sino también desde una parte del electorado que, entre la decepción y el miedo a lo desconocido, termina revalidando la presencia de las mismas figuras. En ese camino por intentar cambiar la historia, los especialistas sugieren que volvamos a los liderazgos fuertes.

Para Requena, las facciones actuales se desvanecen y pierden credibilidad, pues son muy pocas las agrupaciones que han logrado sostener una estructura perdurable. “Quizá la excepción sea el APRA, que acaba de cumplir 100 años. En general, las opciones políticas dependen de liderazgos fuertes y, cuando estos desaparecen, las organizaciones también”, reflexionó.Sin partidos sólidos, sin incentivos para atraer nuevos militantes y sin mecanismos para formar liderazgo, las elecciones seguirán pareciéndose a un déjà vu permanente, donde los mismos nombres se enfrentan una y otra vez, mientras la ciudadanía continúa esperando a alguien nuevo capaz de transformar el panorama político.

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