¿Funcionaría el fenómeno Mamdani en la política peruana?

Foto: Andina

Zohran Mamdani ganó las elecciones de la alcaldía de Nueva York con una campaña disruptiva y digital, pero el éxito de una campaña así en el Perú dependerá de diversos factores.

Por Igor García, Matias Illescas y Carlos Alcalá

El martes 4 de noviembre del 2025, la ciudad de Nueva York eligió a su nuevo alcalde. Zohran Mamdani, de 34 años, se convirtió en el más joven en ocupar dicho cargo desde 1892, tras imponerse con el 50.5% de votos al independiente Andrew Cuomo (41.3%) y al republicano Curtis Sliwa (7.3%). La figura de Mamdani posee un conjunto de características que llamó la atención desde su irrupción en la escena política estadounidense hasta su victoria.

De origen africano e indio, es el primer alcalde musulmán de Nueva York, representando una corriente demócrata socialista y progresista. Desde un principio, dejó en claro su deseo de romper con el continuismo, logrando conquistar a los neoyorquinos. Además, como político millennial, Mamdani le dio gran relevancia al uso de las redes sociales, las cuales impulsaron el éxito de su campaña. Por ello, cabe preguntarse: ¿alguien de su perfil podría funcionar en la política peruana?

El ascenso de Mamdani

Zohran Mamdani hizo su primera gran aparición el 1 de julio de este año, donde obtuvo la victoria en las primarias demócratas para la alcaldía de Nueva York. Con solo 33 años y siendo asambleísta estatal, logró imponerse en la ronda final al exgobernador Andrew Cuomo –quien renunció al cargo en el Partido Demócrata tras acusaciones de acoso sexual en 2021– con un 56% frente al 44% de su rival. A inicios de 2025, el político demócrata era un desconocido, pero pasó a ser el centro de la atención nacional.

El actual regidor de Nueva York, en las elecciones, puso el foco en las urgencias de la clase trabajadora. Entre sus principales propuestas destacó la congelación de alquileres por cuatro años en un millón de departamentos, una medida pensada para aliviar el alto costo de la vivienda en la ciudad. Asimismo, planteó la creación de una red de supermercados de propiedad municipal, así como la ampliación de una red de autobuses públicos, gratuita y de mayor cobertura. A ello, sumó la oferta de cuidado infantil gratuito para niños de 6 semanas a 5 años. 

Mamdani logró ganarse a los ciudadanos neoyorquinos basándose, en gran medida, en un mensaje centrado en la asequibilidad y en la promesa de trabajar por una ciudad más justa. Ese fue el eje con el que inició la campaña y mantuvo de forma coherente hasta el final, lo que terminó generando un entusiasmo creciente en los neoyorquinos.

Esa cercanía también la cultivó desde las redes sociales, donde reivindicó sus orígenes y puso en valor la diversidad como rasgo esencial de una ciudad cosmopolita. Además, visitó mezquitas de manera regular para visibilizar su fe musulmana, y difundió mensajes en varios idiomas, incluido un video en urdu —una de las lenguas más habladas en India y Pakistán— y otro en español, reforzando así su apuesta por una campaña inclusiva.

Durante la campaña electoral, la irrupción de Mamdani como figura opositora generó duras críticas por parte de Donald Trump y los republicanos, un enfrentamiento que cobró gran visibilidad. El presidente de Estados Unidos no dudó en atacar a Mamdani con fuertes calificativos ideológicos, llegando a llamarlo “comunista”, y advirtió que recortaría los fondos federales destinados a Nueva York en caso de que el demócrata ganara la alcaldía. 

“Donald Trump impone un estilo más bien de extrema derecha en algunos aspectos, con mucho autoritarismo, poco diálogo. Entonces, aparece esta joven figura, justo lo opuesto, que ofrece el diálogo, tender puentes y apoyar a los más débiles, que son los que están sufriendo las consecuencias de la era de inmigración, de los altos costos de vida. Entonces, calza perfecto”, afirmó Mathias Mackelmann, docente y experto en comunicación política.

La campaña de Mamdani terminó por perfilarlo como un liderazgo atípico dentro del escenario político estadounidense. En una ciudad marcada por tensiones económicas y culturales, Mamdani emergió como el rostro de una nueva narrativa. La de un Nueva York que busca reinventarse desde la inclusión, la diversidad y la promesa de que un modelo de liderazgo diferente sea la solución a sus problemas.

El panorama peruano

Si bien Mamdani tuvo un gran éxito en el estado neoyorquino, el contexto peruano es muy diferente. De haber un candidato de ese estilo para las elecciones municipales de Lima, tendría que lograr convencer a un electorado con objetivos y ambiciones centradas en problemas como la delincuencia o la corrupción, que aquejan diariamente a la población.

Según un informe del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) de marzo de 2025, el 50% de la población peruana piensa que la inseguridad es el principal problema del país. Un 17% cree que es la corrupción, 12% el gobierno y 9% la economía. En ese sentido, los electores buscan un candidato que solucione esos problemas o que aparente hacerlo.

“No creo que con un discurso progresista puedas cosechar muchos votos en Lima. Actualmente la gente tiene otra prioridad”, recalcó Mackelmann. El especialista explicó que los peruanos están más identificados con posturas conservadoras y alejadas ideológicamente de Mamdani. Al respecto, en junio de 2024, Datum elaboró un estudio que muestra las preferencias de los peruanos frente a figuras presidenciales de otros países de latinoamérica. En este se ve una mayor simpatía hacia figuras de carácter conservador y autoritario.

En el primer lugar estuvo Nayib Bukele, presidente de El Salvador, con el 42%, seguido por el argentino Javier Milei con 9% y en tercer lugar una figura más progresista como el presidente de Brasil, Lula da Silva, con 8%. A nivel global, los peruanos mostraron mayor simpatía por Vladimir Putin, presidente de Rusia; el entonces presidente estadounidense, Joe Biden, y el mandatario chino, Xi Jinping.

Además de un perfil alejado de los radicalismos, los votantes nacionales buscan un candidato nuevo alejado de la política tradicional. “Tiene que ser joven y vender esta imagen enérgica sin sonar inexperto y también poder ser disruptivo, pero no sonar peligroso, son equilibrios que han logrado consolidar en este caso el voto de Mandani”, explicó Milagros Muñoz, especialista en comunicación política.

Lima, por lo tanto, es una ciudad con problemas diferentes a los de Nueva York, con prioridades nacidas de un contexto socioeconómico distinto que llevan a la población a buscar representantes de un carácter determinado. Sin embargo, entonces, ¿podría funcionar un candidato de las características del demócrata?

¿Existe algún Mamdani peruano?

Político joven, de origen migrante, con tendencias socialistas y progresistas. ¿Les suena alguien así en Perú o Lima? Probablemente no. Nuestra capital, al igual que Nueva York, tienen en común que son cosmopolitas. Ambas son ciudades con una gran densidad poblacional que se compone de múltiples culturas y etnias que conviven entre sus calles y avenidas. No obstante, a diferencia de “la Gran Manzana”, Lima no vive su diversidad con el mismo orgullo.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 53% de los limeños se ha sentido discriminado por su color de piel, mientras que el 30% de los venezolanos que viven aquí han sentido alguna vez que han sido víctimas de xenofobia. Además, en las últimas elecciones, “la Ciudad de los Reyes” siempre ha votado por candidatos presidenciales o la alcaldía con tendencias conservadoras o de derecha.

Todo esto haría ilógico que algún postulante se presente como una figura cercana a lo que Mamdani representa; sin embargo, que ahora no exista uno, no significa que sea imposible a futuro. “Si se comienza un trabajo ahora sin prisa, pero sin pausas, es posible construir una figura similar en 5 años”, comentó Muñoz. “Mucho de su éxito se debe a lo certero que fue para que su mensaje cale en los nichos que él necesitaba convencer”, agregó.

Otro obstáculo a vencer es el débil sistema partidario que tenemos. Mamdani procede de un partido que históricamente siempre ha sido fuerte en Nueva York, el Partido Demócrata, mientras que en el Perú muchos han perdido peso y aquellos con historia que aún se mantienen activos, como Acción Popular, el Partido Popular Cristiano o el APRA, no tienen como bandera el progresismo o tendencias socialistas.

“Para hacer un trabajo duro y sistemático como este, se necesita un partido que tenga fuerza de base, organización territorial permanente y un discurso capaz de moderarse y no es como que los partidos peruanos tengan esto”, explicó la especialista. Además, la fragmentación de los partidos de izquierda y el poco arraigo del discurso progresista haría esto aún más difícil.

Figuras como Mamdani no surgen por azar, requieren de un ecosistema político receptivo, de organizaciones sólidas y de una ciudadanía dispuesta a escuchar discursos que cuestionen el statu quo. El Perú, marcado por urgencias distintas y por un electorado que prioriza la seguridad y el orden antes que las apuestas transformadoras, parece estar todavía lejos de ese punto. 

Sin embargo, la política es también un terreno de cambios inesperados. Si algo enseña el caso de Nueva York es que las ciudades pueden reinventarse cuando emergen voces capaces de conectar con sus problemas y aspiraciones más profundas. En un país donde la desconfianza y el desencanto son la norma, tal vez el verdadero desafío no sea encontrar a un candidato que sea el “Mamdani peruano”, sino construir las condiciones para que un liderazgo así pueda existir.

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