Cocina premiada, nutrición olvidada

Cocina premiada, nutrición olvidada
[Foto: Andina]

Más allá de los premios y aplausos, la comida peruana enfrenta una inseguridad alimentaria que contradice su fama culinaria.

Por Igor García

La gastronomía peruana es, sin duda, uno de los mayores orgullos del país, y es de las más reconocidas del mundo. En este ámbito, el Perú brilla en escenarios internacionales: fue elegido como el mejor destino culinario de Sudamérica en los World Travel Awards 2025 y el mejor de América Latina en los World Culinary Awards 2024. Además, recientemente ganó nueve premios en The Best Chef Awards 2025 con figuras como Virgilio Martínez y Mitsuharu “Micha” Tsumura. Incluso, el país se llevó el título del popular “Mundial de Desayunos” del youtuber español Ibai con el tradicional pan con chicharrón.

Sin embargo, estos reconocimientos no reflejan la verdadera situación alimentaria del país. De acuerdo a la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el Perú ocupa el primer lugar en Sudamérica y el cuarto en Latinoamérica en niveles de inseguridad alimentaria. Mientras el mundo aplaude nuestros platos, dentro del país millones de personas no se alimentan correctamente. ¿Cómo puede un país tan premiado por su cocina convivir con una de las mayores crisis nutricionales de la región?

El impacto del bolsillo

La inseguridad alimentaria en el Perú es una crisis silenciosa que afecta a más de la mitad de la población. Según el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo de la FAO, alrededor de 17.6 millones de peruanos (51.7%) viven con inseguridad alimentaria moderada o grave. De ese total, 6.9 millones padecen inseguridad alimentaria severa —es decir, enfrentan episodios en que no pueden acceder siquiera a suficiente comida diaria.

El fenómeno no puede desligarse de las condiciones económicas bajo las cuales viven muchas familias. El incremento del precio de los alimentos, la inflación persistente y los bajos ingresos juegan un papel central. Por ejemplo, el costo de una dieta saludable ha crecido con los años, obligando a los hogares a optar por raciones más pobres en nutrientes. De acuerdo con otro informe en 2023 de la FAO, para una alimentación saludable, cada peruano necesita un mínimo de 15 soles diarios, un precio mayor al del año 2017, que era 12 soles.

“La tasa de desempleo y también la informalidad laboral ha aumentado, y eso hace que no cuenten con la adquisición económica necesaria para que puedan tener, pues, acceso a los alimentos. En el caso de la ingesta alimentaria, lamentablemente no tienen mapeado exactamente como debería ser una alimentación saludable y piensan que comer saludable puede ser un poco más caro”, aseguró Nevenka Álvarez, docente de nutrición. 

Una dieta saludable no siempre implica gastar más, sino aprender a elegir y combinar los elementos disponibles. De acuerdo con Álvarez, lo primero que compran en casa son insumos como atunes, arroz, aceite y azúcar. Sin embargo, podrían también adquirir elementos más nutritivos como vegetales y frutas que pueden resultar más económicos.

Nutrición deficiente

Una de las manifestaciones más claras de nutrición deficiente en el país es el bajo consumo de frutas y verduras. Solo alrededor del 13.6% de los adultos peruanos cumple con el mínimo diario de 400 gramos recomendado por la OMS, lo que equivale a unas cinco porciones al día. El promedio diario es de solo 153.8 gramos, distribuidos entre aproximadamente 96.3 gramos de fruta y 57.5 gramos de verdura, muy lejos de lo necesario para un funcionamiento óptimo del organismo.

Las consecuencias de esta inseguridad alimentaria son profundas, especialmente entre quienes están en sus primeros años de vida. Entre niños y niñas, la desnutrición crónica y la anemia siguen siendo problemas persistentes. Estas condiciones no solo comprometen el crecimiento físico, sino también el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje, perpetuando desigualdades generacionales. A su vez, la malnutrición en adultos está vinculada a enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión.

La anemia infantil sigue siendo muy prevalente en varias regiones del Perú. Según la Encuesta Demográfica y Salud Familiar (ENDES-2023), más de 564 mil niños y niñas de entre 6 meses y 3 años padecen esta afección. La sierra, la selva y algunos departamentos como Puno, Huancavelica, Loreto y Madre de Dios presentan índices particularmente altos: por ejemplo, en Huancavelica la anemia afectó al 65% de los niños en 2022, aunque cayó a 56.6% en 2023.

«Conforme se van pasando estos reportes anuales que hace el gobierno respecto de las enfermedades, se va notando pues que la incidencia de nuevos casos de diabetes y de sobrepeso es mucho mayor. Entonces ahora tenemos unas tasas altas en aumento e incluso en las poblaciones infantiles y esa es la preocupación”, afirmó el médico nutriólogo Arnaldo Hurtado.

En cuanto a los hábitos alimentarios, la combinación de factores culturales, económicos y logísticos está conformando dietas pobres en variedad y desequilibradas. Muchos hogares dependen excesivamente de carbohidratos baratos como arroz y papas, y proteínas, dejando de lado verduras, frutas, legumbres o alimentos con micronutrientes esenciales.

A esto se suma que los alimentos procesados, con alto contenido de azúcar, grasas y sodio, son más accesibles, duraderos y convenientes, lo que incrementa su consumo especialmente en zonas urbanas. Además, la brecha entre lo urbano y lo rural es marcada: esta última área presenta menor acceso a productos frescos, lo que agrava el déficit de micronutrientes y vitaminas.

Políticas que no alimentan

Frente a esta situación, el rol del Estado peruano es clave. Este ha puesto en marcha una serie de iniciativas para enfrentar la situación alimenticia en el país con programas como Wasi Mikuna, antes Qali Warma o Vaso de Leche.

Asimismo, ante la inseguridad alimentaria y con el objetivo de mejorar la nutrición, por ejemplo, se encuentra el Plan Multisectorial para la Prevención y Reducción de la Anemia Materno Infantil 2024-2030, que coordina distintos sectores para combatir la anemia y sus causas —incluyendo alimentación, salud, agricultura y educación— con acciones tanto preventivas como de atención directa.

Un instrumento clave que usa el Estado para focalizar sus políticas sociales es el Sistema de Focalización de Hogares (SISFOH), este permite identificar a los hogares más vulnerables para que reciban los beneficios de los programas públicos. Además, se está impulsando la llamada Segunda Reforma Agraria, cuyo objetivo es fortalecer la agricultura familiar, mejorar la producción sostenible, y garantizar que los pequeños y medianos productores puedan acceder a asistencia técnica, insumos adecuados y mercados justos.

Sin embargo, el alcance, la sostenibilidad y la efectividad de estas iniciativas son cuestionadas. “Nuestra parte de gestión lamentablemente está muy deficiente en nuestro país, sin contar este financiamiento. No decimos que sean malos programas, sino que la logística no está siendo adecuada y eso es porque no es que estén mal asesorados, sino que están mal dirigidos”, comentó Álvarez.

Muchas políticas tienen cobertura incompleta, no llegan con la frecuencia, la calidad o la continuidad necesarias en zonas más alejadas o con menores recursos. Además, la eficiencia de los programas se ve afectada por la falta de acceso crítico a mercados, infraestructura deficiente e informalidad económica. En especial porque reduce la capacidad de las familias de aprovechar los alimentos disponibles.

Incluso se evidencia la necesidad de fortalecer la educación nutricional y cambiar hábitos alimentarios. De esta manera, las intervenciones no solo deben distribuir alimentos, sino que promuevan dietas saludables y sostenibles.

En un país reconocido mundialmente por su gastronomía, la paradoja alimentaria del Perú evidencia una brecha entre el prestigio culinario y la realidad nutricional. La inseguridad alimentaria, la falta de educación nutricional y las políticas poco efectivas reflejan un problema estructural que va más allá del acceso a los alimentos.

Mientras el mundo celebra nuestros sabores, millones de peruanos aún no pueden cubrir sus necesidades básicas. El verdadero reto no es mantener los premios, sino asegurar que todos tengan acceso a una alimentación digna y saludable.

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