El canal de WhatsApp «Exército do Lula», que superó los 10 millones de seguidores, se convirtió en una de las principales herramientas de movilización durante la campaña de la segunda vuelta.
Por Alessia Villegas
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil dejó un resultado inesperado. Luiz Inácio Lula da Silva, quien había quedado detrás de Flávio Bolsonaro en la primera ronda, logró revertir la tendencia y obtuvo la reelección el 25 de octubre. En apenas tres semanas su campaña renovó su estrategia de comunicación y reforzó su presencia en plataformas digitales. Entre las herramientas que adquirieron mayor protagonismo estuvo «Exército do Lula”, un canal de WhatsApp que alcanzó los 10,8 millones de seguidores.
De acuerdo con el Tribunal Superior Electoral de Brasil (TSE) Lula obtuvo 64,2 millones de votos, que equivalen al 51,79 % de los votos válidos, en comparación con Bolsonaro que alcanzó los 48,21%. La diferencia respecto de la primera vuelta evidencia un incremento en el respaldo electoral del candidato del Partido de los Trabajadores (PT). Con estos resultados la movilización digital se convirtió en una parte importante de la estrategia de Lula durante las últimas semanas de campaña.
Una campaña que cambió de estrategia
Tras quedar en segundo lugar en la primera vuelta, el equipo de Lula tuvo que replantear la manera en que se comunicaba con los electores. Para Carlos Novoa, especialista en comunicación política, las redes sociales han pasado de ser herramientas complementarias a ocupar un lugar importante en las campañas políticas. En el caso brasileño, señaló que la reacción del candidato y la disposición para seguir las recomendaciones de sus estrategas fueron elementos importantes para renovar su comunicación.
Uno de los cambios fue la incorporación de formatos más cercanos y cotidianos. Lula comenzó a aparecer con mayor frecuencia en videos grabados con celular y reforzó su presencia en plataformas como TikTok. A ello se sumó la participación de jóvenes en la difusión de mensajes y contenidos políticos, con el propósito de acercar la candidatura a nuevas audiencias.
Esta renovación no se limitó a las publicaciones del candidato. La estrategia también buscó que los propios simpatizantes participaran en la circulación de los mensajes. En ese escenario, WhatsApp adquirió una función particular que era trasladar la comunicación política a los espacios cotidianos en los que las personas conversan con familiares, amigos y conocidos.
El canal “Exército do Lula”, impulsado por el diputado brasileño André Janones, se convirtió en uno de los casos más visibles de esta estrategia. Según VerificaRTVE, el espacio pasó de tener alrededor de 55.000 seguidores después de la primera vuelta a reunir 10,8 millones durante la campaña. Desde allí se difundían videos, audios y mensajes que invitaban a los usuarios a compartir contenidos y participar en otras plataformas.
La dinámica no consistía únicamente en recibir información. Los simpatizantes recibían indicaciones para ampliar la visibilidad de las publicaciones, compartir materiales con sus contactos e impulsar contenidos en redes como Instagram y X. De esta manera, WhatsApp funcionó como un espacio de coordinación para extender los mensajes más allá del propio canal.
Novoa explica que esta dinámica recuperó una práctica conocida como el “boca a boca”, pero trasladada al entorno digital. Según el especialista, la comunicación podía adquirir mayor cercanía cuando el contenido era compartido por alguien del círculo personal del receptor. No era lo mismo recibir un mensaje de una figura política a través de un medio tradicional que encontrarlo en un espacio cotidiano de conversación.
Ricardo Sancarranco, especialista en marketing político digital, sostiene que WhatsApp tiene una característica diferenciadora frente a otras redes ya que permite que los mensajes circulen mediante relaciones personales. Para el especialista, la relevancia del contenido, la claridad del mensaje, el formato y su componente emocional pueden favorecer que una publicación sea compartida. Sin embargo, también influye la credibilidad de quien la envía.
Así, el canal no solo permitió distribuir mensajes, sino que buscó convertir a los seguidores en participantes activos de la campaña. La comunicación dejó de depender exclusivamente de las cuentas oficiales y pasó a apoyarse en las redes personales de los simpatizantes.
El alcance no garantiza el voto
El crecimiento de “Exército do Lula” plantea una pregunta: ¿tener millones de seguidores significa haber convencido a millones de votantes? Para Novoa, el alcance digital no garantiza una influencia directa sobre las decisiones electorales. Una campaña puede reunir una gran audiencia en redes sociales y no conseguir que esas personas lleguen a votar por el candidato o en otros casos que cambien su preferencia.
Sancarranco coincide con esta diferencia. El alcance permite conocer cuántas personas estuvieron expuestas a un contenido, mientras que la interacción registra acciones como comentar, reaccionar o compartir. Ninguna de estas métricas demuestra por sí sola que un ciudadano haya modificado su intención de voto. Para evaluar el impacto de una estrategia, señala, es necesario complementarlas con encuestas y datos de participación real.
Esta diferencia también aparece en el análisis de la campaña brasileña. En un informe de VerificaRTVE, la profesora de Periodismo Fabiana Piccinin advierte que la comunicación digital, por sí sola, no explica la remontada de Lula. El canal de WhatsApp se integró con otros medios y formas de movilización para construir una comunidad de simpatizantes y coordinar su participación.
El desafío de la desinformación y las fake news
La rapidez con la que circulan los contenidos representa un riesgo. Novoa advierte que las noticias falsas pueden difundirse con facilidad cuando conectan con las creencias o expectativas de los usuarios. En contextos de polarización, los mensajes refuerzan posiciones previas y pueden ganar visibilidad sin que necesariamente se compruebe su veracidad.
Sancarranco identifica un problema en la velocidad de circulación: los contenidos pueden compartirse antes de que los ciudadanos tengan tiempo de verificar la información. Por ello, la capacidad de movilizar audiencias debe ir acompañada de responsabilidad en la difusión de mensajes políticos.
La experiencia brasileña muestra cómo una campaña puede utilizar las plataformas digitales para renovar su comunicación, organizar comunidades y ampliar la circulación de sus contenidos. El caso de Exército do Lula evidencia que herramientas como WhatsApp pueden ir más allá de ser un canal de difusión y convertirse en una herramienta de coordinación entre simpatizantes. Sin embargo, como advierten los especialistas, millones de seguidores y publicaciones compartidas no equivale automáticamente a millones de votos.
