Futuro en pausa

Protestas ante el recorte de fondos al programa de becas. Fuente: Red Nacional de Juventudes del Perú.

Beca 18 enfrenta el recorte presupuestal más severo de su historia. Miles de jóvenes rindieron un examen para una promesa que el Estado al final no llegó a cumplir.

Por Álvaro Urquizo y Clarisse Reinoso

En diciembre de 2011, el entonces presidente Ollanta Humala lanzó Beca 18 en un colegio de Ventanilla y la presentó como «una llave de oportunidades». Meses después, la creación del Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (PRONABEC) le dio forma institucional, con el propósito de financiar estudios superiores a jóvenes de alto rendimiento en situación de pobreza y, con ello, reducir brechas sociales.

Lo que en un inicio implicó la integración de 5 mil estudiantes al año, terminó beneficiando a más de 81 mil jóvenes en poco más de una década. Para muchos de ellos que son personas criadas en contextos adversos, la beca significó migrar y costear una carrera que, de otro modo, habría quedado fuera de su alcance.

Por ello, cuando el programa enfrentó su recorte más severo, el problema dejó de ser solo administrativo. ¿Cómo se llegó a desfinanciar uno de los principales instrumentos de movilidad social del país?

Una promesa a medias

Durante más de una década, Beca 18 creció de forma sostenida y diversificó sus modalidades para llegar a poblaciones rurales, comunidades nativas, población afroperuana y zonas afectadas por la violencia. Esa expansión convirtió al PRONABEC en una de las apuestas sociales más visibles del Estado y posicionó a la beca como una puerta de acceso real a la educación superior para miles de familias que, de otro modo, no habrían podido costearla.

Detrás de esa expansión hay un costo personal que rara vez aparece en las estadísticas. Como en el Perú la pobreza está estrechamente ligada a la ruralidad, la etnicidad y la lengua materna, buena parte de los becarios son adolescentes que migran por primera vez, se alejan de su familia por periodos prolongados, y deben buscar dónde vivir y cuidar de su salud sin acompañamiento cercano. A la vez, tienen que adaptarse a la vida universitaria.

PRONABEC solicitó alrededor de S/529 millones solo para Beca 18, pero el Congreso aprobó solo cerca de S/50 millones, es decir, apenas un 6% de lo pedido. El Estado había anunciado 20 mil nuevas becas, pero solo se habilitaron poco más de cinco mil plazas, pese a que cerca de 97 mil jóvenes ya habían rendido el examen de preselección.

Asimismo, el propio Ministerio de Educación reconoció que los recursos alcanzaban para apenas unos dos mil becarios, y abrió un proceso de “reingeniería” del PRONABEC mientras arrastraba un déficit para sostener incluso a los más de 60 mil estudiantes que ya cursaban estudios con la beca. La promesa se redujo a una pequeña fracción.

Sin embargo, este recorte presupuestal se daba a la par que se aprobaban otras cosas. Mientras que Beca 18 sufría reducciones de dinero, el Congreso aprobaba una serie de leyes cuyo costo anual rondaba los S/11,400 millones.

El Consejo Fiscal advirtió sobre ese rumbo y reiteró su preocupación por la continua aprobación de leyes que “comprometen la sostenibilidad fiscal”. El dinero, entonces, existía, pero la discusión era el destino hacia dónde dirigirlo.

En ese sentido, el exministro de Educación, Idel Vexler, declaró para Nexos que el problema de fondo no es el presupuesto, sino la gestión, respaldando la reingeniería que emprendió el Ministerio de Educación. Para los becarios, en cambio, la explicación es otra. ¿Es necesaria esta reestructuración o es una decisión política sobre a quién se decide financiar?

¿Reingeniería o recorte?

La defensa del recorte parte de que el problema no es el dinero en sí, sino cómo se ha manejado el programa. Quien lo sostuvo fue Vexler, que apoyó los cambios del PRONABEC anunciados por el Ministerio y los consideró una corrección necesaria. 

Para él, la falta de fondos sí es un problema —por ello respaldó el crédito suplementario que el Ejecutivo gestionó para ampliar las becas—, pero ubica el origen del problema más atrás. Asimismo, explicó que el programa creció sin un control pertinente y eso es lo que se debe corregir.

“Hay más de setenta y siete mil becarios en Beca 18 que se han ido dando de manera rápida, demagógica, y no sabemos, primero, si estudian en las mejores universidades públicas y privadas, y segundo, si están contribuyendo con el desarrollo económico, productivo y sociocultural de la patria”, afirmó Vexler, quien complementó que, para ello, hay que ver si los procesos, los resultados y la organización están funcionando bien o debe replantearse.

En esa línea, su propuesta es condicionar la beca a resultados, donde los becarios estudien carreras pertinentes y retribuyan al país una vez formados. Una reestructuración que no busca cerrar el programa, sino ordenarlo.

Por otro lado, Brayan Melgar, fundador del Frente Nacional de Becarios, Exbecarios y Postulantes (Frenabep) y parte directamente afectada, no negó que el PRONABEC tenga fallas, pero discutió el momento y la forma en que dicho recorte se anunció.

“La reestructuración llegó en el peor instante y por la vía equivocada, significó cambiar todas las bases, desnaturalizar completamente el programa justo cuando miles de postulantes ya habían rendido el examen”, explicó. Una reforma así –agregó– pudo hacerse de manera progresiva y no de golpe.

Asimismo, el experto sostuvo que el problema del programa no es que haya crecido demasiado, sino que sigue siendo insuficiente frente a la demanda. Cada año, miles de jóvenes terminan el colegio en situaciones desfavorables. Por lo tanto, según Vexler por su lado, la respuesta lógica sería ampliar el acceso y no recortarlo, pues la oferta actual queda muy por debajo de la demanda real.

De igual modo, aunque se reconozca que también existe un problema de gestión, Melgar declaró que toda esta cuestión en específico es “básicamente de dinero, no quisieron designar”, en referencia al debate en el Congreso, donde se confirmó que los fondos no alcanzarían para cubrir lo prometido.

Sin embargo, esa disputa no queda ahí. Entre la reorganización que propuso Vexler y el reclamo presupuestal de los becarios, miles de jóvenes siguen esperando la oportunidad para estudiar. ¿Qué salidas tienen para ellos después de todo esto?

Salida incierta

Tras este recorte, existen dos caminos abiertos para revertirlo. El primero va por lo político. El Ejecutivo gestionó ante el Ministerio de Economía y Finanzas un crédito suplementario que permitió ampliar la convocatoria y sumar más plazas a las inicialmente habilitadas. Aún así, la cifra sigue lejos de las 20 mil prometidas.

Para los becarios, esta ampliación implica solo un alivio momentáneo, pero no soluciona el problema de fondo. “No encontramos mucha voluntad política y por eso no se avanzó mucho”, indicó Melgar.

El segundo camino es el judicial. En mayo de 2026, la Asociación Ius Matria Qori, junto a jóvenes de comunidades campesinas, pueblos indígenas y zonas rurales, presentó una demanda de amparo ante la Corte Superior de Justicia de Lima. Dicho recurso pide anular la Resolución y financiar las 20 mil becas anunciadas originalmente.

No obstante, el problema no es solo quiénes quedaron fuera. La incertidumbre alcanzó incluso a los más de 60 mil pasantes que ya cursan estudios, ante el desfinanciamiento generalizado que describió Melgar. “No había presupuesto para Beca 18, no había presupuesto para su permanencia, ahora con Beca Generación Bicentenario, incluso para los mismos becarios no había presupuesto”, añadió.

Frente a esa preocupación, el director ejecutivo del PRONABEC, Enrique Chon Yamasato, afirmó que la actual gestión de la institución ha garantizado la cobertura financiera de los más de 60 mil beneficiarios de todas las becas de educación superior que tiene el programa.

Detrás de estas cifras hay miles de familias que habían depositado su esperanza en jóvenes que, hoy por hoy, deben poner sus proyectos de vida en pausa. “Varios estuvieron preocupados, incluso destrozados emocionalmente, porque detrás de esto no sé cuántas historias habrán de personas que han intentado ver un futuro, han viajado, han rendido exámenes, se han dado préstamos”, relató el dirigente.

Algunos, concluyó, ya se resignaron y están trabajando; otros se matricularon en universidades de bajo costo. Así, un programa que nació como una llave de oportunidades, hoy depende de un crédito de emergencia y de un juicio para sobrevivir. Sin embargo, la cuestión no es si había dinero —porque lo había—, sino en qué se decidió gastarlo.

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