Ante el creciente conflicto del Fenómeno El Niño, ¿cuál es la magnitud del problema y qué se puede hacer al respecto?
Por Rafael Ortega Alva
El Fenómeno de El Niño, el conflicto climatológico que ha traído serias consecuencias en el Perú en años anteriores, nuevamente aparece en el territorio nacional. De hecho, tal como lo señaló la agencia meteorológica de Estados Unidos, en este preciso momento ya nos encontramos en su primera fase. Sin embargo, expertos señalan que —en esta ocasión— existen altas posibilidades de catástrofes, un escenario parecido al de 2017.
De acuerdo con el Senamhi, se halla un 63% de posibilidades de que el Fenómeno El Niño alcance una intensidad fuerte o muy fuerte, sobre todo con picos durante el verano, y traería como consecuencia el incremento de temperaturas, sequías y déficit de lluvias. Entre tanto, importantes sectores de la economía nacional han comenzado a manifestar su preocupación. Ahora, ante la llegada de un nuevo gobierno, ¿cuál es la magnitud de este problema y qué medidas se deberían tomar a cabo?
Magnitud del problema
Dicha situación se encuentra, principalmente, en el conjunto de dos fenómenos: el Niño Costero (que ya viene ocurriendo desde febrero de este año) y el Niño Global (que ha empezado a partir de junio). De hecho, hace pocos días el Gobierno declaró el estado de emergencia en 796 distritos por 60 días debido al peligro inminente de intensas precipitaciones asociadas al Fenómeno de El Niño 2026-2027.
“Cada Niño es diferente, no es una cuestión que se repite en mayor o menor magnitud que en casos anteriores (…) No se puede esperar necesariamente que traiga lluvias o que solo afecte al norte”, señaló José Máximo Ochoa, ejecutivo de Comunicación e Información del Senamhi. Además, indicó que el principal problema que trae en este caso se concentra, básicamente, en el conjunto de males (sequías, altas temperaturas, lluvias, entre otras) que, en ocasiones pasadas, ocurrían de manera aislada.
Ulises Osorio, ingeniero agroclimático, señaló para medios nacionales que este conjunto de sucesos también se ven afectados por anomalías climáticas que comenzaron en 2022 y que, de acuerdo con el experto, podría extenderse 2028-2030. Como destacó Senamhi, las temperaturas mínimas podrían descender hasta entre 16 °C y 17 °C, y la mayor intensidad se experimentarán entre noviembre y enero.
“La gente, comúnmente, asocia al Fenómeno de El Niño con las inundaciones, pero olvida que hay toda una afectación, por ejemplo, en corrientes marinas, en viento, en la temperatura, y si coincide con el periodo de lluvias, entonces también vas a tener un impacto en precipitación”, indicó el meteorólogo Jonathan Cárdenas.
Principales sectores afectados
Reportes periódicos e investigaciones han señalado que, además, los efectos del Niño no serán iguales para todos. Con esto, el Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño indicó que las áreas que serán más golpeadas son Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad.
“La agricultura, de todas las actividades productivas del hombre, es la más sensible a los cambios o la variabilidad climática”, indicó Ochoa. En refuerzo de la idea, el experto señaló que, tanto en escenarios de altas como bajas temperaturas, este sector será el principal afectado por el suceso.
Según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres, son más de 9.3 millones de personas las que viven en zonas con riesgo muy alto de inundaciones y deslizamientos, mientras que 209 distritos de 22 departamentos presentan alta exposición a inundaciones. Por si fuera poco, están en riesgo más de 2.3 millones de viviendas, establecimientos de salud, instituciones educativas, miles de kilómetros de carreteras y extensas áreas agrícolas.
De acuerdo con el gremio agroexportador, el trabajo de su sector podría dejar de crecer por efecto del Fenómeno El Niño: se proyectaban más de US $16 mil millones, pero podrían mantenerse entre US $14.5 mil millones y US $15 mil millones, con menor volumen. Vale señalar que alrededor de cuatro millones de peruanos dependen directamente de este sector.
“El Niño va a impactar en todos los sectores productivos. En el caso de la pesca, al no tener agua fría, y nosotros, como industria, dependemos de ella para casos como la anchoveta, así vamos a entrar en un problema”, mencionó Cárdenas. El meteorólogo complementó que la harina y el aceite de pescado —donde somos primeros exportadores— equivale al 2% del PBI, pero que la primera temporada ya se vio obligada a estar cancelada.
Medidas
Ante la problemática, el Ministerio de Defensa anunció el fortalecimiento de las acciones de prevención, coordinación y respuesta para enfrentar posibles emergencias, tomando como referencia los daños ocasionados por el Fenómeno El Niño de 2017. Además, se comunicó que la organización entre el Ejecutivo, gobiernos regionales e instituciones técnicas será clave para responder a los impactos.
“Nosotros, como Senamhi, ya venimos desde hace varios meses coordinando con las autoridades sectoriales para que se tomen las medidas necesarias tanto en el gobierno saliente como en el entrante”, recalcó Ochoa. En su mirada, se trata de un punto positivo el hecho de que, en esta ocasión, se trate de la primera vez en que las entidades técnico-científicas han permitido anticipar el escenario para tomar decisiones.
“Lamentablemente no hemos aprendido nada. El Niño no es algo que recién está llegando y que nosotros no conocemos”, declaró Cárdenas. Para él, los problemas que el Perú atravesó el siglo pasado siguen estando presentes en la actualidad y que, además, pueden ser incluso más dañinos. “Habrá que establecer prioridades (…) Primero, hay que cuidar a la población más vulnerable y, segundo, se debe revisar qué aspectos en infraestructura se pueden mejorar”, concluyó.
Ante la salida de un periodo presidencial caracterizado por la inestabilidad y la falta de decisiones claras en problemas nacionales, el gobierno entrante se verá en la necesidad de atender una de las problemáticas climatológicas más fuertes de los últimos años. Los próximos meses serán determinantes para evaluar el futuro —y en muchos casos, el presente— de la ciudadanía.
