Por Igor García y Alvaro Urquizo
Keiko Fujimori llega a la Presidencia tras imponerse por uno de los márgenes más estrechos de la historia republicana, al contar con un país nuevamente dividido en las urnas, el desafío será transformar la estabilidad política en gobernabilidad.
Hoy, 3 de julio, el Jurado Nacional de Elecciones proclamó los resultados de la segunda vuelta presidencial, donde la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, será la próxima presidenta electa del Perú, después de haber llegado a tres balotajes anteriores sin lograr la victoria. En esta ocasión, superó a Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, con solo una diferencia de aproximadamente 49 mil votos.
Dicha cifra de diferencia de votos es la tercera menor en la historia republicana del país, solo por detrás de los 41 mil y 44 mil votos de la segunda vuelta del 2016 y 2021, respectivamente. Y, en estas elecciones, el sur del Perú estuvo muy en contra de la actual presidenta, donde apenas consiguió el respaldo de 2 personas de 10 electores. ¿Es posible gobernar en un país donde no tienes mayoría?
País ingobernable
Desde la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski en 2018 hasta la censura de José Jerí en febrero de este año, el Perú ha pasado por diferentes destituciones y gobiernos con baja legitimidad, lo que provocó ocho presidentes, próximamente 9 con Fujimori, en los últimos 10 años, desde las elecciones de 2016. La lista también incluye a Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte y José María Balcazar.
Por otro lado, el rechazo hacia el Congreso se ha mantenido por años a grandes niveles. Entre 2022 y 2025, según encuestas del Instituto de Estudios Peruanos, la desaprobación se mantuvo entre el 85% y el 93%.
Sumado a diversas controversias de los presidentes junto con un Congreso bastante criticado, el descontento no se quedó en las encuestas. En 2020, tras la caída de Vizcarra y el breve mandato de Merino, se realizaron protestas masivas en las que fallecieron Bryan Pintado e Inti Sotelo. Posterior a la destitución de Castillo, entre diciembre del 2022 y marzo del 2023, 50 civiles y un policía murieron. Y, en 2025, murió Eduardo Ruiz, un rapero conocido como “Trvco”, en las manifestaciones en contra del gobierno de José Jerí.
A ello se le agrega un panorama muy polarizada, las últimas tres segundas vueltas presidenciales han confirmado ese empate estructural en las urnas: en 2016 Pedro Pablo Kuczynski venció a Keiko Fujimori por apenas 42,597 votos, en 2021 Pedro Castillo se impuso a la misma candidata por cerca de 44,000 votos, y en 2026 Fujimori superó a Roberto Sánchez por 49,641 votos.
El país, desde hace más de una década, está dividido. De acuerdo con Luis Benavente, analista político y director de Vox Populi, el gobernante en Perú ya está habituado a gobernar con poco respaldo, “porque el sistema político lo permite, hay bastante flexibilidad”. Además, asegura que la política tiene un grado de informalidad bastante alta y que es fácil que el gobernante pueda lograr el apoyo de algunos congresistas con los que puede negociar.
Gobernar en ‘minoría’
Keiko Fujimori llega a Palacio con Fuerza Popular convertido en la primera minoría del nuevo Congreso bicameral, aunque sin mayoría propia en ninguna de las 2 wasa cámaras. Es así que, las alianzas no tardarán en llegar y, en este nuevo congreso, existen tendencias muy claras de cómo va a terminar de conformarse a nivel ideológico.
Para Luis Benavente, el nuevo Parlamento no arranca en el peor escenario. “No estamos en una situación de extrema fragmentación”, señaló y recordó que el país pasó de diez bancadas en 2021 a quince al cierre de ese periodo. Frente a ello, las seis bancadas.
En ese contexto el analista anticipa una convergencia en los sectores derechistas. Pese al enfrentamiento que por años mantuvieron Fujimori y Rafael López Aliaga, sostiene que ambos bloques terminarán confluyendo. “Ahí hay una alianza tácita”, afirmó, y graficó el cruce con congresistas que llegaron por Renovación Popular tras haber militado por bastante tiempo en Fuerza Popular.
Esta alianza tiene una consecuencia directa sobre la estabilidad del gobierno entrante: el blindaje frente a posibles mociones de vacancia. Tras años de destituciones de cargos, remover a un presidente en este congreso bicameral requiere, por lo menos, dos tercios de los votos en cada cámara.
«Va a ser muy difícil, en esa etapa, vacar a Keiko Fujimori», proyectó Benavente, quien atribuye ese margen a una primera minoría mayor que la del periodo anterior y al respaldo de la derecha parlamentaria. «Eso va a dar un margen de gobernabilidad mayor», agregó.
Sin embargo, Renovación Popular no es la única organización voceada para colaborar con la bancada oficialista. Lourdes Alcorta, senadora electa por el partido celeste, en el evento de Audiencias Universitarias del diario El Comercio realizado en la Universidad de Lima, explicó que “es amiga personal de Jorge Nieto” y que no descarta una eventual alianza con la bancada del Partido del Buen Gobierno.
Pero blindarse contra la vacancia no es lo mismo que gobernar. La oposición, aunque sin los votos para tumbar al Ejecutivo, será clara y encontrará su fuerza tanto dentro como fuera del hemiciclo. En las regiones donde el rechazo fue abrumador, ¿qué tipo de comunicación debe emplear el gobierno entrante para obtener apoyo de la zona?
En búsqueda de la aceptación
El mapa de la segunda vuelta dejó una fractura totalmente visible. En buena parte del sur, el rechazo a Fujimori fue masivo. En muchas zonas de la macrorregión, apenas poco más de dos de cada diez electores la respaldaron, mientras que el resto decidió apoyar a Roberto Sánchez. Esta tendencia funciona como punto de inicio de un problema de gobernabilidad en este nuevo periodo administrativo.
Para Benavente, ese rechazo está arraigado a una serie de contextos históricos. “Las élites dirigenciales del Perú, centralizadas en Lima, han estado tradicionalmente de espaldas a la realidad», sostuvo. El voto del sur no se trata de un voto ideológico, sino como “una reacción histórica a errores desde la derecha y desde las élites de los gobiernos”.
En esa lectura, el país llega dividido casi por mitades: un Perú costeño incorporado al mercado y otro, sur-andino, más receptivo a la promesa de un Estado que lo resuelva todo, pero que nunca llega.
Sin embargo, este quiebre no apunta solo contra Fujimori. Para Mauricio Soto Maceda, analista político, es el reflejo de una elección extremadamente polarizada, donde quien perdiera heredaba de todos modos a la mitad del país en contra. «Al estar tan polarizada la elección, eso iba a pasar con ambos candidatos», señaló, y recordó que Sánchez habría enfrentado el mismo muro en la costa norte y en Lima de haber ganado.
Aun así, Benavante relativiza la idea de un sur cautivo. Recordó que esas mismas regiones respaldaron en su momento a Alejandro Toledo y advirtió que revertir el rechazo dependerá de la acción del propio gobierno. «Hay que darle un margen de acción», indicó, y apuntó a políticas de inclusión y a una negociación directa con las regiones, no solo mediante programas sociales sino con mecanismos políticos.
El problema es que ese rechazo no pesa igual en todas partes. Soto advierte una asimetría de fondo: mientras Fujimori se impuso por márgenes estrechos en las regiones que ganó, Sánchez arrasó en el sur por diferencias amplias. Ese desequilibrio, sostiene, define la principal tarea del próximo gobierno y anticipa un giro en el tono.
«Lo que viene para adelante es que Keiko tenga un discurso más conciliador, de consenso, incluso con los sectores que no han votado por ella», afirmó. Una estrategia que, apunta, no solo responde a la coyuntura: «Quién sabe, en un tiempo después Keiko quiera volver a ser presidenta», explicó Soto.
El costo, de todas formas, no es inédito. Benavente recordó que gobernar sin una mayoría real es casi una regla en el Perú: García, Kuczynski y el propio Castillo ganaron por márgenes estrechos. «Estamos acostumbrados a gobernar sin mayoría», afirmó, y a construir mayorías por temas en cada votación del Congreso.
No obstante, reconoce que el país no solo llega dividido, sino «dormido» y «resentido», y su integración —dice— es el principal reto de la nueva presidenta. Un gobierno puede blindarse contra la vacancia y, aun así, no gobernar. Sobrevivir cinco años no es lo mismo que gobernar un país que, en buena parte de su territorio, no la eligió.
