El avance de los sistemas generativos despierta preocupaciones sobre el futuro de los empleos, el salario y la supervivencia de un modelo económico que lleva más de dos siglos rigiendo el mundo.
Por Rafael Ortega y Daniela Ramos
El incremento de las inteligencias artificiales ha sido un tema que, con recurrencia, ha tendido hacia la idea de la productividad, la facilidad de uso y a la multiplicidad de acciones que estas pueden hacer en un par de segundos. Pensar en un futuro completamente automatizado no es, entonces, un hecho fuera de lo real. Sin embargo, economistas importantes a nivel mundial, como Branko Milanovic, han indicado en medios internacionales que dicho escenario es incompatible con la forma en la que ahora vivimos.
De acuerdo con el economista, el mantenimiento del capitalismo no puede funcionar bajo un aparato de producción 100% automatizado, pues rompe con una lógica que, desde su inicio hasta la fecha, ha sido el modelo que mantiene a la sociedad: si se reemplaza completamente el trabajo humano, o desaparece la fuente que genera beneficios, o desaparecen los consumidores capaces de comprar.
Si bien han existido ocasiones similares en la historia, el debate entra cuando la inteligencia artificial, además de replicar el trabajo humano, también puede razonar. ¿Puede la IA acabar con el capitalismo tal y como se conoce ahora?
Un cambio en la historia
La inteligencia artificial actualmente tiene millones de usuarios en el mundo. De acuerdo con datos de StatCounter, los clásicos chatbots han sido utilizados de manera regular por más de 378 millones de personas. Además, en el caso de las profesiones, el 88% de especialistas en marketing o en contenido digital han incorporado soluciones con estas herramientas para sus actividades diarias.
De acuerdo con la consultora mundial McKinsey, en el mundo empresarial en 2025, el 88% de las empresas en todo el globo ya habían incorporado la inteligencia artificial para alguna de sus funciones. Sin embargo, esto sigue siendo una fase que sigue sin escalar por completo. Dos tercios de estas organizaciones se mantienen en un periodo de experimentación, mientras que el resto ha comenzado a escalar sus programas de IA en toda la empresa.
“Esta historia de que la IA simplemente es una herramienta que va a potenciar nuestro trabajo, es una visión un poco minimalista”, señala Eduardo Ojeda, especialista en IA generativa y profesor de la facultad. En la línea de lo que menciona, indica que ciertamente estas herramientas se están introduciendo a los diferentes sectores del mercado, lo que estaba obligando a que muchos trabajos tengan que cambiar.
Según la consultora Challenger, Gray & Christmas, en Estados Unidos, la industria tecnológica ha realizado, en lo que va de este año, 123,000 despidos. En la mayoría de los casos, la inteligencia artificial ha sido la respuesta más citada.
Respecto a ello, algunos críticos señalan que la principal fuente que sustenta estos cambios es que este mecanismo no tiene ningún costo de producción, lo que suena al inicio beneficioso para las empresas, mas no trae ningún valor a cambio, pues todas las demás tienen la posibilidad de hacer lo mismo en la misma cantidad.
“Ha existido la idea de un escenario donde, en el capitalismo, el consumo no dependa principalmente de los salarios (…) Se ha mencionado el bono universal con el que las personas que puedan hacer sus compras, pero me parece que esa idea es demasiado futurista”, destaca el economista Aldo Ramirez. Además, indica que todos estos planteamientos que suponen un cambio en el sistema son todavía muy apresurados.
Sin embargo, según el investigador de estudios de medios de comunicación, Luke Munn, el impacto de la inteligencia artificial no radica necesariamente en cuántos empleos pueda reemplazar, sino reforzar una de las críticas que ya existe dentro de la misma economía: la concentración de la riqueza a manos de unas pocas empresas tecnológicas.
¿La historia se repite? El capitalismo y su capacidad de adaptación
La llegada de una tecnología que amenaza con quitarle el trabajo a los humanos no es una narrativa nueva. Recordemos la Revolución Industrial con sus telares mecánicos y máquinas de vapor que reemplazaron la fuerza física de millones de personas. Siglos después, ocurrió algo similar con la llegada de la digitalización, que volvió a reconfigurar el mercado reduciendo empleos como la mecanografía, los archivistas tradicionales y los operadores telefónicos hasta convertirlos en ocupaciones de las que, actualmente, solo queda el recuerdo.
Esta vez no hablamos de esfuerzo físico, sino mental. Tareas o trabajos que suelen ser mejor remunerados porque requieren razonamiento y conocimientos especializados— adquiridos tras estudiar una carrera 5 años en promedio— ahora son resueltos en cuestión de segundos por la IA. ¿Representa esta nueva tecnología una amenaza mayor al trabajo de lo que significó en su momento la llegada de máquinas de producción?
“El proceso de no adaptarte es lo que lo vuelve una amenaza”, reconoce Ojeda, complementando que el ser humano ha sabido hacerse útil en medio de la modernización. Según el Foro Económico Mundial, aunque la automatización desplazará millones de empleos tradicionales, la era de la inteligencia artificial prevé la creación de cerca de 97 millones de nuevos roles a nivel global, enfocados en especialistas en IA, científicos de datos, ingenieros de prompts y expertos en ciberseguridad.
Aún así, existe la preocupación de que esta inteligencia generativa supere los empleos creados por los propios humanos para manejarla. Respecto a esto, Ramírez sostiene que “mientras la actividad humana no sea reemplazada en todas las esferas, igual se puede reconducir hacia otras cosas”. Si bien la IA ha sustituido tareas automatizadas o incluso servicios de atención al cliente, lo que aún no puede cambiar son las relaciones humanas directas.
En disciplinas como la psicología y la salud mental, ya existen chatbots de apoyo emocional y herramientas de este tipo para optimizar terapias. Sin embargo, los expertos alertan sobre los riesgos de reemplazar la interacción humana en procesos de acompañamiento emocional.
Joanne Jang, responsable de comportamiento y políticas de modelos en OpenAI, declaró para el medio El País que facilitar el alejamiento de las conexiones humanas podría tener “consecuencias imprevistas que desconocemos”, una preocupación que pone en debate los límites de estas tecnologías.
Para ambos especialistas, la responsabilidad de mantener dinámico el sistema y la relevancia de los humanos es tarea de dos actores clave: los jóvenes y las empresas.
Mientras Ramirez argumenta que serán los jóvenes los más idóneos para adaptarse y aprender las nuevas herramientas que la era digital demanda, Ojeda advierte el riesgo de que se sacrifique la calidad por la cantidad, por lo que son las corporaciones las que deberán velar por mantener el toque humano. El docente propone que las “big tech” —como Google, Apple y Facebook— creen un consorcio ético y firmen compromisos vinculantes, pues al fin y al cabo son estas empresas las que están definiendo el futuro de la inteligencia artificial.
Por el momento, los expertos advierten que la inteligencia artificial se encuentra en una etapa de desarrollo demasiado temprana como para prever con precisión cuál será su impacto definitivo en la sociedad y el mundo laboral.
El sistema capitalista moderno ha estado vigente por más de dos siglos, por lo que parece inconcebible una estructura donde el trabajo no sea indispensable para obtener una remuneración. Lo que tenemos de evidencia o presagio es la propia historia humana, la cual está construida a base de adaptaciones.
“El más fuerte sobrevive”, pero esta fuerza de la que hablan ya no es física; es también mental, emocional, y colectiva. En el escenario actual, la supervivencia del mañana no depende del esfuerzo aislado del individuo, sino de las respuestas y acciones de la sociedad en conjunto.
