Cada vez más de lo que consumimos en redes fue creado por una máquina, no por una persona. Y mientras los feeds se llenan de contenido artificial, la originalidad humana enfrenta su mayor amenaza.
Por Ana Paula Narvarte y Alexander Ayala
Desde la simple función de enviar mensajes hasta el publicar contenido de manera inmersiva, las redes sociales han recorrido un camino lleno de cambios, donde hoy la inteligencia artificial tiene un rol protagónico. Han pasado tres años desde la gran irrupción de la IA y, desde entonces, el contenido realizado por ella pasó de ser una novedad a inundar los feeds cotidianos de millones de usuarios en todo el mundo.
De acuerdo con Forbes, el contenido generado con IA conformaría el 80% del contenido total publicado en redes. A raíz de ello, expertos advierten que esta expansión acelerada transformará radicalmente el concepto de redes sociales tal y como lo conocemos. ¿Queda espacio para el contenido auténtico y la creatividad humana en internet?
Más IA, menor confianza
A finales del 2022, la Inteligencia Artificial daría el primer paso para la generación de vídeos. Con un intento de recrear a Will Smith comiendo espaguetis, la IA empezaria el nuevo auge del contenido audiovisual. Para los próximos años, esta avanzaría a pasos agigantados a tal punto que hoy es difícil para algunos identificar el contenido producido como tal.
Redes sociales como Instagram y Tik Tok, se han vuelto un lugar donde este tipo de contenido abunda. Las posibilidades infinitas para abarcar distintos temas. Desde las frutinovelas hasta el Deep Fake, la IA se ha convertido en esa herramienta que nos ofrece un poder ilimitado para la generación de contenido.
No obstante, la preocupación por la abundancia de contenido con IA, a su vez la pérdida de la originalidad y cada vez menor uso de la creatividad humana, es sinónimo de preocupación para los expertos en contenido digital.
Para el especialista en marketing digital Eduardo Mejía, el auge del llamado AI slop –definido como contenido producido masivamente mediante inteligencia artificial– está provocando un desgaste progresivo en los usuarios, quienes comienzan a identificar patrones idénticos entre videos e imágenes de tendencias que antes parecían novedosas. Menciona la posibilidad de un conflicto entre creadores de contenido que utilizan la IA como herramienta y usuarios consumidores, dónde estos últimos dejarían de tolerar este intercambio por la falta de originalidad.
Bruno Ortiz, periodista especializado en temas de ciencia y tecnología, objeta que dicho agotamiento no puede ser adjudicado únicamente a la inteligencia artificial, pues esta se compone como un detonante o intensificador del problema, mas no como la razón principal. Esto porque antes de la popularización de herramientas generativas, ya existía una sobrecarga de información en internet. La denominada infodemia se disparó gracias al tiempo disponible que poseíamos para consumir información en pandemia, años antes de que el boom de la IA se diera.
A esto se le suma la pérdida progresiva de confianza en aquello que circula dentro de las plataformas, un problema complejo, pero esperado. A medida que los contenidos generados con IA se vuelven más difíciles de distinguir de los reales, las redes sociales empiezan a perder parte de la autenticidad que originalmente definía sus interacciones.
“Si yo no puedo discernir entre contenido real y contenido creado me encuentro con un momento en el que digo: ‘¿yo por qué estoy viendo esto?’”, comenta Eduardo Ojeda, especialista en ecosistemas digitales, señalando que la situación actual puede generar una “crisis de pertenencia” en los usuarios. Según explica, las personas consumen contenido digital buscando identificarse con otras experiencias, estilos de vida o figuras públicas. Pero cuando el usuario descubre que aquello con lo que interactúa ni siquiera existe realmente, el vínculo emocional con la plataforma comienza a debilitarse.
Ortiz sostiene que el principal cambio ocurrió cuando plataformas como Instagram dejaron de ser espacios de convivencia para convertirse en comerciales. Ahora, el contenido ya no existe únicamente para entretener, sino también para sostener económicamente a las plataformas. “Lo que estamos viviendo hoy es el refinamiento de la fórmula de las redes sociales. Ha sido adaptada no solo a las necesidades de los usuarios, sino también a generar contenido que pague el servicio”, asegura Ojeda.
Bajo esa lógica, la inteligencia artificial se convierte en una herramienta funcional para producir publicaciones de manera más rápida, mantener el engagement y alimentar modelos de negocio basados en publicidad y permanencia dentro de la plataforma, desplazando progresivamente el componente humano de las interacciones digitales. “Si se hacen plataformas comerciales, lo que están buscando cambia, la comunicación cambia. Entonces, yo soy una empresa que funciona en Instagram. Lo que me importa es que vean mi contenido. Hago mi publicidad con IA y listo”, sostiene Ortiz.
Pese a ello, tanto Ortiz como Ojeda coinciden en que los usuarios también cumplen un rol activo dentro de esta dinámica. El contenido generado con IA continúa viralizándose porque las personas lo consumen, lo comentan y lo convierten en tendencia. Las redes sociales responden precisamente a esos patrones de interacción, reforzando un círculo donde el algoritmo devuelve constantemente aquello que más atención genera, incluso cuando produce agotamiento o desconfianza.
¿Hacia dónde van las redes sociales?
Actualmente estamos siendo testigos de una fusión bastante esperada, las redes sociales, ya conscientes del impacto a largo plazo de la IA, adoptan sus virtudes para el provecho económico al brindar una mejor experiencia al usuario. Ejemplo de ello son los algoritmos capaces de identificar con precisión los intereses de cada usuario en plataformas como TikTok, así como herramientas de inteligencia artificial que permiten generar doblajes automáticos en videos de YouTube de manera casi instantánea.
Ojeda afirma que la llegada masiva de la IA no implica una desaparición per se de las redes sociales, sino una necesidad de cambio en la mecánica con el fin de mantenerse relevantes. “Las redes sociales en realidad van a ir adaptándose. Son las primeras interesadas en que no te vayas. ¿Cómo hago que el usuario se quede? Creando contenido que le interese, si no existe, le ayudo a crearlo”.
Según sostiene, esta adaptación también implica un cambio en la manera en que las personas se relacionan con el contenido digital. La autenticidad dejaría de ser necesariamente el elemento más importante dentro de la experiencia en redes sociales, dando paso a dinámicas donde lo relevante será aquello capaz de generar compañía o identificación emocional, incluso si proviene de inteligencia artificial.
Las redes sociales podrían estar entrando en una etapa de desgaste cultural donde, aunque continúen existiendo, dejarían de ocupar el lugar central que tuvieron durante los últimos años dentro de la vida digital de los usuarios. Mejía explica que este desgaste podría impulsar a ciertos sectores a migrar hacia espacios digitales percibidos como más específicos, menos saturados y con dinámicas de interacción más orgánicas, como ocurre actualmente con plataformas y comunidades como Discord o Reddit, donde el contenido suele girar más alrededor de intereses compartidos que de algoritmos diseñados para maximizar viralidad.
Acerca del tiempo, no define un lapso específico para el inicio de este declive, pero no pasaría de este año para que los contenidos de inteligencia artificial abrumen a un gran sector de usuarios, si es que no se toman medidas para la creación de contenido con IA. “Si yo tuviera que tirar de alguna manera una cifra, o bueno, un tiempo, así, a ojos cerrados, yo no creo que este año vaya a pasar. Yo creo que este año ya la cosa va a comenzar a moverse”.
En esa línea, Ortiz hace mención a una tendencia todavía prematura en las generaciones actuales de optar por dejar de lado la tecnología abrumadora. Sin embargo, aclara que al estar tan consolidado en la cultura contemporánea de la ciudadanía globalizada, es prácticamente imposible separarnos de las redes sociales y el internet.
El avance de la inteligencia artificial en las redes sociales no parece tener marcha atrás, pero sí un límite que los propios usuarios empezarán a marcar. Entre el agotamiento, la desconfianza y la búsqueda de espacios más auténticos, las plataformas enfrentan el desafío de reinventarse sin perder lo que alguna vez las hizo indispensables, que es la conexión humana. Lo que está en juego no es solo el futuro de un algoritmo o de una tendencia, sino la forma en que las personas eligen relacionarse, consumir y existir en el mundo digital.
