Detrás de las medallas y triunfos deportivos, se esconden presiones emocionales que pueden derivar en estrés, ansiedad e, incluso, depresión.
Por Mauricio Mendoza, Igor García y Nicolás Ghersi
El deporte es, para muchas personas, una forma de desestresarse y mantenerse en forma. Sin embargo, el factor de competitividad –inherente a cualquier disciplina– resulta innegable y, en una considerable cantidad de casos, puede ser determinante para una posible profesionalización. En ese contexto, la línea entre la pasión y la presión en el deporte de alto rendimiento suele volverse sumamente delgada.
Las largas jornadas de entrenamiento, sacrificar vínculos personales, cargar con expectativas o tener una preocupación económica relacionada a tu rendimiento son solo algunas de las exigencias que van mucho más allá de lo físico. Según una investigación realizada por la revista Sanum en 2024, el 50% de los deportistas de élite presentan problemas de salud mental, destacando trastornos como la depresión y la ansiedad.
Los números reflejan que estas situaciones no son aisladas e indistintas a una disciplina deportiva o país en particular. Tragedias como las de Brandon Clarke o Robert Enke, deportistas que terminaron quitándose la vida, evidencian las falencias del sistema de apoyo en la competencia de élite en cuanto al bienestar psicológico, ¿por qué es importante la salud mental en el deporte?
Cuando la presión pesa
En las disciplinas de alto rendimiento, factores como la presión son clave para entender la raíz del problema central. Según una investigación de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle realizada en 2022, el nerviosismo y el estrés son la reacción ante la presión, que resulta en agotamiento debido a un sobreesfuerzo constante.
Además, aunque estos síntomas deberían ser suficientes para identificar el problema y buscar ayuda, no siempre concluye en ello. De acuerdo al artículo académico Athlete mental health help-seeking, en 2024, solo el 22.4% de atletas buscaban ayuda profesional para atender problemas relacionados a la salud mental.
Aún así, en los últimos años la salud mental ha comenzado a ocupar un espacio cada vez más visible dentro del deporte. “Se abrió la conversación en las Olimpiadas de Tokio 2020 con lo que pasó con Simone Biles. Hubo opiniones encontradas, pero finalmente eso permitió que muchos deportistas hablaran sobre este tema”, señaló Paula Mautino, psicóloga deportiva y exdeportista profesional.
Para el psicólogo deportivo Renzo Rivera, el factor de la competitividad termina jugando un papel importante en la mentalidad que se termina desarrollando en el atleta que, a la larga, podría ser dañino para sí mismo.
“El deportista siempre va a buscar ganar, pero la clave está en mirar lo que tenemos que hacer para ello, específicamente eso que sí está en nuestro control y para rendir bajo estrés. Tenemos que mirar lo que esté en tu control y enfocarte en lo que tienes que hacer”, explicó Rivera.
El experto también agregó que “hay deportistas que tienen el estigma de que ir al psicólogo deportivo es para los locos” y, como consecuencia, “llegar colectivamente es más difícil porque si dos o tres no quieren darle importancia, se puede desordenar a un grupo”.
La salud mental es un recurso igual de importante como, por ejemplo, un entrenamiento. Ignorar lo que se siente no solo pone en riesgo el rendimiento personal, también afecta al bienestar general del deportista. Pedir ayuda no tiene que ser un obstáculo, sino un complemento para poder estar tranquilo con uno mismo.
Fortaleza desde adentro
Para Mautino, tener a un psicólogo al lado es fundamental para los deportistas que se encuentran en un escenario de máxima exigencia, porque “el deporte es algo que, en el alto rendimiento, genera mermas en la salud general”.
El bienestar psicológico y físico son dos aspectos que van de la mano dentro de lo competitivo. “Cuidar la salud física y la salud mental por igual es súper importante. Tú puedes estar muy bien físicamente y técnicamente, pero si llegas a la competencia y a nivel mental no estás bien, probablemente no te va bien”, detalló Mautino.
Las consecuencias también pueden manifestarse en el propio cuerpo, pues la especialista aseguró que, cuando uno se encuentra en una mala condición mental, se genera en el cuerpo una tensión a nivel muscular que puede perjudicar el rendimiento del deportista, así como influir en las lesiones.
Más allá de prevenir consecuencias negativas, el trabajo psicológico permite que los atletas desarrollen métodos para afrontar la exigencia diaria de la competencia. Rivera señaló que quienes aprenden a gestionar sus emociones, suelen atravesar mejor tanto los éxitos como los fracasos.
“Los que de verdad se aferran al proceso, confían en él y empiezan a entrenar muy bien la cabeza, van a ganar o perder, pero van a disfrutar el proceso y van a tener herramientas que les permitan actuar”, aseguró Rivera.
El riesgo de callar
La depresión es el segundo trastorno más común dentro de los deportistas de élite según Sanum, una revista científica sanitaria. Esto se suma a un descubrimiento alarmante de la Universidad de Washington, destacando que el suicidio es una causa de muerte cada vez más común en atletas de la Asociación Universitaria Nacional de Deportes.
Las principales razones de los trastornos mentales en deportistas son la presión y el entrenamiento excesivo. Los atletas con situaciones económicas precarias y aquellos que practican deportes individuales son los perfiles más afectados debido a mayores incertidumbres y un peso que se atribuye totalmente sobre ellos respectivamente.
“Cuando te profesionalizas, piensas ‘necesito un oficio, necesito una beca’, entonces empiezo a instrumentalizarlo demasiado. Y claro, puedo frustrarme a tal nivel que pongo todo mi valor como persona en mis resultados, y si el resultado no se da, obviamente toda mi identidad cae”, explicó Mautino, poniéndose en el lugar del deportista.
En lo que están de acuerdo los psicólogos es que la salud mental del deportista es un asunto que se debe tratar desde edades tempranas tanto para optimizar su rendimiento como para evitar que se lleguen a estos extremos. “Desde las mismas escuelas hay que trabajar, que haya un asesoramiento esporádico de un psicólogo que oriente y dé charlas” sugirió Rivera.
Asimismo, también rescataron el valor de asesorar a los padres, quienes son cruciales para el desarrollo sano de la psicología de un deportista. “Los padres no deben alejarse y dejarle todo al entrenador, ni involucrarse demasiado al punto de ponerle una presión muy grande, muy pronto, al joven atleta”, explicó Mautino.
Más allá de mejorar el rendimiento, la psicología deportiva busca que los deportistas construyan una identidad que no dependa únicamente de los resultados, de modo que puedan afrontar las victorias y las derrotas sin poner en riesgo su bienestar emocional.
Detrás de cada medalla, récord o triunfo, existe una realidad que muchas veces pasa desapercibida. La presión por rendir y el temor al fracaso acompañan a muchas personas durante su carrera, mientras las expectativas externas añaden una carga difícil de gestionar. Reconocer la importancia de la salud mental y fortalecer los espacios de apoyo no solo favorece el rendimiento, sino que también contribuye al desarrollo integral de las personas dentro y fuera del deporte.
