La labor del psicólogo se conforma como uno de los pilares fundamentales en las distintas etapas por las que transita una persona; sin embargo, la cobertura resulta insuficiente para atender al sistema completo.
Por Alexia Alegría y Alexandra Jave
Escuchar historias difíciles es apenas una parte del trabajo. Cada día, los psicólogos enfrentan casos de violencia, bullying, conflictos familiares y crisis emocionales que revelan algunas de las realidades más complejas de la sociedad. En los últimos años, la salud mental ha adquirido mayor relevancia, especialmente en espacios como los colegios, donde las necesidades emocionales se han vuelto más evidentes.
Sin embargo, la creciente demanda ha puesto en evidencia una realidad preocupante: la labor del psicólogo es cada vez más necesaria, pero continúa siendo insuficientemente reconocida. Lejos de limitarse a sesiones terapéuticas o conversaciones individuales, estos profesionales cumplen un rol que involucra orientación, prevención e intervención frente a diversas problemáticas.
Su trabajo se desarrolla en distintos espacios, desde centros de salud y consultorios hasta colegios e instituciones públicas, donde diariamente enfrentan situaciones que requieren no solo conocimientos especializados, sino también una fuerte carga emocional. Detrás de cada caso existe una historia distinta y una realidad que muchas veces permanece invisible para el resto de la sociedad.
Una profesión que va más allá
La imagen del psicólogo suele limitarse a la de un profesional sentado en un consultorio escuchando problemas. Sin embargo, su realidad va mucho más allá. Su trabajo implica acompañar procesos emocionales, intervenir en situaciones críticas y brindar herramientas para afrontar distintos problemas que afectan la vida de las personas. Y esta labor adquiere una dimensión aún más compleja cuando se desarrolla en entornos donde las situaciones sociales y emocionales presentan constantemente ciertas dificultades, como ocurre con niños y adolescentes.
El psicólogo Amílcar Ramírez, quien actualmente trabaja en la Defensoría Municipal del Niño y del Adolescente (DEMUNA) de San Juan de Lurigancho, explicó que la finalidad principal de su labor consiste en mejorar la calidad de vida y el bienestar emocional mediante el cuidado de la salud mental. No obstante, señaló además que la práctica diaria lo enfrenta a escenarios complejos, especialmente cuando trabaja con niños y adolescentes afectados por distintas problemáticas sociales.
Esto refleja una realidad que también ha sido reconocida desde el ámbito educativo. El Observatorio Educativo de la Universidad de San Martín de Porres (USMP) destacó que el psicólogo educativo cumple una función clave al trabajar con estudiantes, docentes y familias para promover el bienestar socioemocional y fortalecer entornos escolares saludables. Su rol, además, busca acompañar procesos de aprendizaje y convivencia, aspectos que muchas veces pasan desapercibidos cuando se piensa únicamente en atención terapéutica.
Además, el trabajo psicológico suele desarrollarse en contextos emocionalmente exigentes. La Organización Mundial de la Salud, en su último informe de Octubre del 2025 advirtió que los profesionales vinculados a la salud mental enfrentan una alta carga emocional debido a la exposición constante al estrés, crisis y a problemáticas sociales difíciles.
Todo ello se refleja en la experiencia cotidiana de quienes ejercen esta profesión. Ramirez recalcó que muchos de los casos que ha tratado involucran problemáticas familiares y situaciones de violencia que afectan directamente a menores de edad. “Actualmente estamos viviendo en una sociedad donde los niños están pasando por situaciones muy complicadas, es decir, estamos hablando de padres ausentes, padres autoritarios y niños con problemas de conducta en los colegios”, comentó.
Y en el caso de quienes trabajan con niños y adolescentes, estas experiencias pueden incluir violencia, abandono o conflictos familiares, realidades que requieren no solo conocimientos profesionales, sino también una importante capacidad de contención y acompañamiento.
Desbalance creciente
Al cierre del año pasado, el portal del SíseVe del Ministerio de Educación (MINEDU) reportó más de 19 mil casos de violencia escolar, una tendencia que se mantiene desde 2022, donde se contabilizaron más de 12 mil incidencias. En esa línea, entre enero y febrero de este año el MINEDU registró 200 incidentes, de los cuales el 41% corresponde a agresiones físicas.
Estos datos no solo se quedan en el papel, ya que finalmente desembocan en cicatrices que se marcan tanto en el cuerpo como en la mente de los niños y adolescentes. De acuerdo con el Ministerio de Salud, el acoso escolar erosiona la salud mental, obstaculiza el aprendizaje y deteriora la convivencia en las instituciones educativas. Como consecuencia, este problema estructural versa en la deserción escolar.
En ese sentido, una de las medidas adoptadas por el gobierno para contrarrestar esta situación fue la promulgación de la ley N° 31902 en el 2012, la cual indica que cada institución educativa debe contar al menos con un psicólogo; sin embargo, únicamente alrededor del 2% de colegios a nivel nacional cuenta con uno.
Según el MINEDU, solo hay 2,291 psicólogos para un total de 82 mil 734 colegios públicos de educación básica en todo el Perú. Aunque no fuera suficiente, los psicólogos contratados no están adjudicados a un centro educativo en específico -como lo indica la ley-, sino que deben atender varias escuelas a la vez, una medida que, de acuerdo con el Colegio de Psicólogos del Perú (CPP), resulta poco eficiente.
No obstante, el panorama parece ser aún más grave. Según señaló el exministro de Educación, Idel Vexler, para Nexos, “un psicólogo escolar tiene que saber de educación y pedagogía escolar. No basta con tener especialidad en psicología clínica o educacional (…) Entonces, hay un problema de formación y de cobertura en el Perú”.
Según datos del CPP, actualmente son 55 mil profesionales colegiados en todo el país y se estima que hay alrededor de 15 mil no están colegiados. En consecuencia, la Defensoría del Pueblo destacó que la realidad supera la norma, pues es evidente que, en el país, no existe la cantidad de psicólogos. Eso hace que esa disposición normativa de la ley no se cumpla. Entonces, la interrogante se cae de madura, ¿existe una solución para esto?
“Debe existir una carrera de psicólogo escolar. Entonces, empecemos con los alumnos de los últimos ciclos para que vayan a apoyar y hacer prácticas, estudiando y aprendiendo, con la asesoría de un jefe de práctica de la facultad de Psicología correspondiente”, comentó el extitular de la cartera de Educación
Asimismo, complementó que, a pesar de que no se atenderá a la totalidad de colegios, al menos se puede ayudar a resolver parte del problema. “El otro tema es continuar con la creación de la carrera de psicólogo escolar, debidamente remunerada por el Estado peruano”, sugirió.
Otras dimensiones
La labor del psicólogo no solo se limita a la atención durante la infancia o la adolescencia, ya que en nuestro país la salud mental ha adquirido un papel cada vez más relevante en el entorno laboral. De acuerdo con el Minsa, la alta competitividad y la sobrecarga de responsabilidades en el ámbito profesional han elevado los niveles de estrés en los peruanos. En esa línea, el Instituto Nacional de Salud Mental indicó que 7 de cada 10 peruanos sufre estrés crónico, mientras que 1 de cada 6 presenta síntomas de burnout.
Estas estadísticas reflejan una realidad que trasciende las aulas y demuestra que las necesidades relacionadas con la salud mental acompañan a las personas en distintas etapas de su vida, especialmente en contextos marcados por altas exigencias personales y laborales.
La necesidad de reforzar estos servicios también se ha hecho visible a nivel nacional. El Minsa informó que, hasta noviembre del 2024, el Perú contaba con más de 280 centros de salud mental comunitaria implementados en diferentes regiones del país, como parte de la reforma del sistema de atención en salud mental impulsada en 2015.
Sin embargo, el crecimiento de estos espacios también refleja una realidad cada vez más evidente, la cual recae en el hecho de que las necesidades vinculadas a la salud mental han dejado de limitarse a situaciones específicas y han pasado a formar parte de problemáticas que traspasan distintos ámbitos de la vida cotidiana.
Más allá de las cifras, la labor del psicólogo se ha convertido en una necesidad presente que no solo busca atender problemas cuando aparecen, sino también acompañar procesos personales y emocionales que muchas veces pasan desapercibidos hasta convertirse en situaciones críticas. Detrás de cada intervención, existe un trabajo silencioso que escucha, orienta y, en muchos casos, puede marcar una diferencia significativa en la vida de las personas.
![[Foto: Freepik]](https://nexos.ulima.edu.pe/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-18-at-12.06.31.jpeg)