La biodiversidad marina del Perú: ¿Cómo protegemos lo que no conocemos?

Perú es conocido como uno de los destinos turísticos con mayor diversidad de ecosistemas y especies. Sin embargo, su capacidad para conservar esta riqueza se ve comprometida frente a un vacío en el conocimiento científico.

Por Thiago Castañeda, Paula Nuñez y Daniela Ramos

El Perú tiene uno de los mares más biodiversos del planeta. El cálido Mar Tropical del norte concentra alrededor del 70% de las especies marinas registradas del país y junto con la fría Corriente de Humboldt se forma un único encuentro de estas y los ecosistemas. Sin embargo, miles de variedades permanecen sin ser identificadas. Se estima que nuestro litoral alberga más de 1070 grupos de peces, cerca de 1018 de moluscos y 320 de crustáceos. Estas cifras son un indicador del enorme potencial ecológico y científico que aún permanece oculto bajo la superficie.

Organismos como el Instituto del Mar del Perú (IMARPE) y ONGs especializadas han logrado avances en áreas como la conservación de especies emblemáticas y la regulación de la pesca industrial en la última década. Lamentablemente, lo que conocemos representa apenas una pequeña fracción de las mismas que realmente habitan en nuestras aguas. El valor del mar peruano es mucho más que biológico: es económico, ecológico, y cultural. Pero, ¿cómo protegemos lo que no conocemos?

La gran falta de conocimiento

Pese a la gran riqueza natural del mar peruano, la ciencia avanza más lento que la pérdida de biodiversidad. Joanna Alfaro, bióloga marina, explicó que el mar, en especial las zonas más profundas, “sigue siendo un territorio difícil de estudiar”, ya que se requiere de grandes embarcaciones y tecnología avanzada. La especialista recalcó que, incluso en la franja costera, donde el trabajo científico suele ser más accesible, “hay una limitación en recursos humanos para poder entender un poco lo que sucede en nuestro mar”.

Conocer cada especie que habita en el océano es casi una utopía; sin embargo, es vital para comprender el equilibrio de la vida en el océano, y más allá de ella. En el Perú hemos logrado identificar y proteger especies como el caballito de mar, los lobos marinos, el merlín azul y el pez vela; pero, así como ellas, bajo la superficie se esconden muchas otras especies más pequeñas que también están en riesgo y que aún no han sido estudiadas o clasificadas. 

Alfaro advirtió que: “no estamos manejándolas bien, no sabemos cuál es su distribución, no sabemos si son especies nuevas para la ciencia o no”. Cada organismo cumple un rol ecológico indispensable, y cuando no se investiga lo suficiente, se genera un vacío científico que compromete el funcionamiento de los ecosistemas.

Estas especies se ven afectadas por las prácticas pesqueras, el turismo y la falta de recursos. El biólogo marino Daniel Cáceres, señaló que el país atraviesa una “crisis de pérdida de biodiversidad, donde vamos a tener lo que se llama extinciones silenciosas”. Este vacío de investigación puede incluso limitar la identificación de Áreas Naturales Protegidas (ANP). “La ausencia de ciencia, evidencia la necesidad de conservación. La ausencia de información es evidencia para conservar. Y eso necesitamos también plasmarlo”, enfatizó.

La falta de conocimiento que tenemos sobre nuestro litoral se debe a una suma de distintos factores estructurales: falta de presupuesto sostenido, escasez de taxónomos, débil coordinación institucional, priorización política de recursos altamente rentables, y poca formación de investigadores en biología marina en las universidades peruanas. 

Lo que protegemos y lo que no

En 2022, nuestro país firmó el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, un compromiso internacional que plantea, entre otras metas, proteger el 30% de los ecosistemas terrestres y marinos. De este objetivo, Perú solo protege el 7.9% de su zona marina. Aunque quedan cinco años para cumplir nuestro objetivo, el país no está avanzando lo suficientemente rápido o eficiente, a diferencia de nuestras naciones vecinas.

En la reciente Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP 16), realizada en Colombia, se informó que Brasil protege el 26% de sus áreas marinas, Chile ya superó la meta con un 45% y Panamá alcanza el 54%. Entonces, ¿por qué Perú mantiene un nivel tan bajo de protección?

La investigación científica de nuestros mares está principalmente centrada en aquellas especies con un mayor valor económico, y esto afecta gravemente a la creación de nuevas ANPs. Es innegable que el sector pesquero influye en la reactivación económica y en la generación de empleo, pues sólo en el 2024 este sector impulsó significativamente el crecimiento del PBI. Por ello, según la bióloga marina Ana Sofía Valdez, la investigación en el país “le da una mayor importancia a especies que aportan un valor comercial”.

Para Cáceres, estas áreas deberían incluir zonas completamente cerradas a cualquier actividad extractiva. “Hay una romantización social de las actividades pesqueras, pero no es una verdad ecológica. Necesitamos áreas marinas protegidas que no permitan ningún tipo de actividad pesquera. No decimos que cierren todo el mar, solo pedimos un 30% de su extensión”, propuso.

Actualmente, Perú cuenta con siete áreas marinas protegidas dentro del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE). A pesar de que existan avances y un compromiso por crear nuevos espacios, solo 2 de estas 7 áreas protegen zonas completamente marinas. Incluso en las mismas, las regulaciones no siempre son coherentes con los objetivos de conservación establecidos en los tratados internacionales.

La creación de la Reserva Nacional Dorsal de Nazca en 2021, frente a la región de Ica, fue polémica porque permitía, y aún permite, actividades extractivas como la pesca industrial. Esto llevó a que la ONG Oceana presentara una demanda al considerar que esta autorización ponía en riesgo la conservación.

Y el caso no es aislado, ya que la segunda área exclusivamente marítima del Mar Tropical de Grau, creada en 2024, también recibió cuestionamientos debido a la pesca ilegal, la cual comprometía su función protectora. El problema está en el enfoque de la investigación, pero también en la relevancia que le dan las universidades y las propias autoridades.

Lo que nos espera

Identificar, categorizar y proteger las miles de especies marinas ocultas en nuestros mares no es tarea de un solo actor. Un paso urgente que debemos tomar como país es buscar formas de fortalecer nuestra red de acción y conocimientos. Debemos formar más investigadores, fortalecer la educación pública en zonas costeras fuera de Lima Metropolitana y comunicar la ciencia en un lenguaje accesible. La preservación no puede recaer únicamente en el Estado, la academia o las ONGs.

Como señaló Alfaro, “el Estado piensa que la comunidad científica tiene que empujar el tema, la comunidad científica piensa que al Estado le corresponde, y el ciudadano de a pie cree que es una organización del extranjero es la que tiene que promover esto”. Es decir, no hay un liderazgo claro. Sin una dirección definida, las regulaciones no se implementan adecuadamente y la conservación de nuestras especies marinas pasa a segundo plano.

Frente a este panorama, la ciencia por sí sola no basta. Necesita aliados que acerquen su contenido al público. “Ahí es donde entran los comunicadores”, sugirió la especialista Alfaro. Para ella, son estos agentes quienes tienen la capacidad de traducir la evidencia científica y la necesidad de proteger nuestra biodiversidad a un lenguaje comprensible para que más personas puedan involucrarse, valorar lo que está en riesgo y actuar.

El Perú tiene un patrimonio que proteger, uno que ha crecido y evolucionado a través de los siglos. Sin embargo, este resguardo exige un entendimiento porque no podemos cuidar aquello que no conocemos.

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