EEUU y China frente a la IA: ¿Quién ganará?

Uno de los escenarios más grandes entre EEUU y China es la competencia por la Inteligencia Artificial, la cuál ha adquirido mayor fuerza este año debido a las reuniones entre los mandatarios de ambas potencias y las distintas respuestas de ellos ante las advertencias de expertos. 

Por Romy Kiyan

La carrera por la Inteligencia Artificial entre EEUU y China suele presentarse como una competencia en la cuál solo una de las dos potencias puede cruzar la meta final. Sin embargo, hay ciertas diferencias entre ambos países que se deben establecer para poder llegar a una conclusión final. 

Estados Unidos ha dominado el mundo del capital privado, los chatbots, los microchips, y los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM). Por su parte, China responde en el desarrollo de “cuerpos” de IA como se ha visto en sus robots “humanoides”, que adoptan un comportamiento muy similar al de las personas. No obstante, como ambas partes están ansiosas por evitar que su rival domine, pueden recurrir a herramientas que sigan proyectando esta carrera por los próximos años.

Estados Unidos lidera el desarrollo de Modelos de Lenguaje (LLM) mediante empresas como OpenAI, creadora de ChatGPT, que invierten grandes recursos en sistemas avanzados y suelen mantener sus modelos cerrados, protegiendo su código y propiedad intelectual. Además, su control sobre tecnologías clave, como los microchips avanzados, constituye una ventaja estratégica en la competencia por la IA.

Por su parte, China ha demostrado su capacidad para competir con modelos como DeepSeek, que ofrece funciones similares a ChatGPT con menores costos de desarrollo y una menor necesidad de chips para su entrenamiento, según las estimaciones citadas por la BBC. A diferencia del enfoque más cerrado de las empresas estadounidenses, las compañías chinas suelen favorecer modelos abiertos, permitiendo que otros desarrolladores accedan a su código, lo adapten y lo mejoren. Así, ambas potencias se diferencian tanto por sus recursos tecnológicos como por sus estrategias de desarrollo y difusión de la IA.

El domingo pasado, Trump anunció la creación de la ‘Fuerza de la Superinteligencia’, un comité de coordinación dentro de la Casa Blanca y el Gobierno federal que liderará el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) en el país. Esto con el propósito de mejorar la imagen de la IA en un momento de crecientes críticas contra esta industria en Estados Unidos. 

Carlos Novoa, analista político, indica no verle mucho sentido a ese término, pues deben ser los expertos quienes otorguen los nombres correspondientes a las tecnologías de este calibre. Además, señaló que el deseo de Donald Trump de cambiarle el nombre a la Inteligencia Artificial es una estrategia propagandística, para decir que ellos inventaron la palabra y demostrar ante los demás «que son los que mandan». 

Reunión entre Trump y Xi 

Durante su reunión en Washington, ambos líderes pronunciaron discursos desde el gran vestíbulo de la Casa Blanca, donde se destacó la importancia de abordar el tema sobre la Inteligencia Artificial. A raíz de esto, durante la cena de Estado se encontraron tanto directivos como ejecutivos de importantes empresas de inteligencia artificial y tecnología, entre ellos Tim Cook, ex CEO de Apple, Elon Musk de Tesla, Jensen Huang de Nvidia, y Lisa Su, CEO de AMD. Sin embargo, los nombres de otros directivos de importantes empresas afines también figuraron en la lista, cuya participación fue clave para dialogar sobre una gestión responsable de la IA. 

No obstante, tanto Donald Trump como Xi Jinping expresaron posturas distintas con respecto a la Inteligencia Artificial. Por un lado, el mandatario estadounidense decidió ignorar las advertencias de expertos como Jacob Coxon y Bill Gates, quienes aseguraron que este escenario podría constituir un riesgo para la humanidad si no es gestionado responsablemente. En contraste, su homólogo chino parece estar más alerta de esta situación, puesto que muestra cierta incertidumbre de que los deepfakes puedan causar divisiones políticas en China. 

Por otro lado, Xi anunció la llegada de dos pandas gigantes al zoológico de Atlanta en los próximos días, haciendo referencia a este gesto como un histórico “enviado de amistad”. Mientras que Trump obsequió a Xi una estatua de un águila calva para celebrar los “cimientos de comercio y respeto mutuo”. En este contexto, cabe mencionar que en los exteriores de la Casa Blanca ocurría un escenario totalmente diferente, pues se reveló que se le negó el acceso a dos periodistas de la CNN para cubrir la llegada de Xi JinPing a la cena de Estado, algo que no solo constituye una privación a la libertad de prensa, sino también a una violación de la Primera Enmienda.

Además, los mandatarios abordaron el conflicto entre Estados Unidos e Irán y, según medios chinos, la expectativa de que Washington se oponga a la independencia de Taiwán. La situación de la isla constituye uno de los principales puntos de fricción entre ambas potencias, debido a que Estados Unidos mantiene desde hace décadas la venta de armamento a Taipéi, mientras Beijing considera a Taiwán parte de su territorio y rechaza el apoyo militar estadounidense.

En la misma línea, esta disputa también adquiere una dimensión tecnológica, pues Taiwán es la cuna de la fabricación mundial de semiconductores avanzados, componentes esenciales para el desarrollo de la inteligencia artificial, y debido a que es el único proveedor de estos chips, Novoa considera que, desde el punto de vista estratégico, el actor que aspire a controlar la inteligencia artificial inevitablemente tendrá que controlar a Taiwán.

Francisco Belaunde, profesor de Derecho Internacional Público, sostiene que Taiwán es un gobierno independentista, que se opone totalmente a la reunificación con China, pues significaría perder el sistema democrático. Sin embargo, el partido nacionalista, de oposición, estaría dispuesto a tener mejores relaciones con China. Pero actualmente hay un gobierno que se opone totalmente. 

Asimismo, menciona que hay fuentes de tensión que incluyen el mar del Sur de China, ya que los chinos tienen varias instalaciones ahí, algo que le preocupa bastante a Estados Unidos y genera un punto de tensión que podría escalar en un conflicto militar. 

¿Una trampa de Tucídides?

Ante su reunión con Donald Trump, el mandatario chino rescató que se podría evitar una “Trampa de Tucídides”, expresión que describe el riesgo de conflicto que surge cuando un poder emergente amenaza con desplazar a otro establecido. La primera vez que Xi hizo referencia a este término fue durante su encuentro de mayo en Pekín, pero fue reforzado en Washington, asegurando que podía superarse. 

Para Carlos Novoa, la Trampa de Tucídides es algo que pasa, está pasando y va a pasar, debido a que no todos los imperios ni hegemonías son eternos. “Es evidente que China se convertirá en la próxima potencia mundial, mientras que Estados Unidos dejará de ser el hegemón global, aunque seguirá siendo un país importante”, sostiene.

Otro de los puntos clave que agregó el analista fue la percepción de que el proyecto de China es más sostenible a largo plazo en comparación al de Estados Unidos, debido a las diferencias en sus sistemas políticos. 

EEUU es una democracia con gobiernos de corto plazo — cuatro años— que provocan que la política avance y retroceda. Además, las decisiones políticas dependen de las preocupaciones inmediatas del electorado, como el bienestar económico y los ingresos. En contraste, China se proyecta a muchísimos años en el futuro. Aunque cambie de presidente, no cambia su estructura ideológica ni sus objetivos estratégicos. Al gobierno asiático no le prioriza el bienestar individual de sus ciudadanos, sino mantener la posición estratégica necesaria para consolidarse como una gran potencia. 

No obstante, para Francisco Belaunde, esta reunión no ha permitido mucho el avance entre ambas potencias. Si bien han habido varios gestos protocolares, tendría que haber un mecanismo de coordinación entre los jefes militares para evitar conflictos mayores. 

Carlos Novoa concluye que lo ideal sería alcanzar un «autocontrol» donde los técnicos de ambos países encuentren un camino común. Sin embargo, advierte que eventualmente se llegará a un punto en el que alguien tendrá que “mandar y tener la última palabra”. Por lo que ambas potencias tendrían que ver más allá de sus propios intereses personales y centrarse en construir una línea de diálogo horizontal y asertiva, de modo que esta situación no escale hasta convertirse en un conflicto mayor.