La infinita promesa de un acuerdo de paz

A pesar del último anuncio hecho por Trump sobre el posible término de la guerra, la llegada de un entendimiento entre Irán y Estados Unidos aún parece estar lejos. 

Por Alexandra Jave

A tres meses del bombardeo estadounidense-israelí en Irán, el acuerdo de paz entre los países parece moverse en medio de un vaivén sin fin. Por un lado, están los anuncios que vislumbraban un acuerdo tanto por parte de Trump como del ministro de Irán y por otro los ataques que ambas naciones han realizado en medio de los llamados “alto al fuego”.

Sin embargo, estas diferencias no datan desde hace tres meses, pues el conflicto entre el país norteamericano y el persa tiene más de 70 años. En 1953, la CIA estadounidense apoyó el golpe de Estado ejecutado por el Reino Unido en territorio iraní. Por ende, el primer ministro, Mohammad Mosaddegh, quedó derrocado.

Posteriormente, en 1981 la toma de 52 rehenes en la embajada de Estados Unidos en Teherán durante 444 días marcó la ruptura de relaciones diplomáticas y el inicio de décadas de confrontaciones. Finalmente, el crecimiento de las alarmas sobre el armamento nuclear iraní en los 90 fue el detonante para la tensión que hoy viven ambas naciones.

El estrecho, el punto de inflexión 

La operación, bautizada como “Furia Épica” por parte estadounidense, se llevó a cabo como consecuencia de las manifestaciones que comenzaron el 28 de diciembre del año pasado y que fueron reprimidas de forma sangrienta en Irán. Sin embargo, este no fue el único motivo por el que el país de Trump decidió atacar. Su objetivo era neutralizar su programa nuclear y balístico con el objetivo de evitar la continuación del enriquecimiento de uranio.

Tras el inicio de la guerra, se declaró la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jamenei, y de otros funcionarios de altos cargos del régimen iraní, incluyendo el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohamed Pakpur. Además, centenas de civiles fallecieron y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, confirmó la muerte de más de 100 niñas de la escuela “Shajareh Tayyebeh”.

Como respuesta, las fuerzas iraníes han atacado bases militares estadounidenses en Arabia Saudí, Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar; y dieron paso al cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo (20%). En ese sentido, la Guardia Revolucionaria iraní restringió el paso de embarcaciones y buques comerciales, medida que causó un aumento en los precios del crudo.

A partir de ese momento, la tensión se mantuvo y se reflejó en los cierres parciales, reaperturas y nuevas amenazas de bloqueo. Debido a las enormes repercusiones del bloqueo de Ormuz para la economía, este se convirtió en el asunto principal de la conversación, aunque Irán ha advertido en numerosas ocasiones que, en ningún caso, no se volverá al «statu quo» anterior a la contienda.

“Estados Unidos aspiraba a cercar militarmente el estrecho y romper el bloqueo. Y resulta que Irán, lo que está diciéndole al mundo es no está bloqueado, solo está bloqueado para Estados Unidos y los amigos de Estados Unidos, pero para los otros países, no. Entonces, el estrecho de Ormuz está semi-bloqueado e Irán sigue teniendo el control”, señaló el internacionalista, Ramiro Escobar.

Teherán busca que se reconozca su soberanía sobre el estrecho, que en su punto más angosto tiene 29 millas náuticas (54 kilómetros), pero no está claro si esto implicaría tener derecho al cobro de una tasa por el paso de los barcos -a pesar de que sí hubo reportes de autoridades iraníes hablando de cobros directos a buques- y si Washington llegaría a aceptar esta posibilidad.

Sin embargo, la República Islámica sostiene que no aspira a cobrar ningún «gravamen», pero defiende que el tránsito supone una serie de costes derivados de los servicios de navegación y protección que deben ser asumidos.

¿Por qué Trump no ha seguido con los ataques? 

El lunes 25 de mayo, el ejército estadounidense llevó a cabo ataques en el sur de Irán, unos bombardeos que el régimen de los ayatolás ha calificado como una «grave violación» del alto el fuego y ha advertido que «no quedarán sin respuesta».

Este hecho no ha sido aislado por parte de EEUU, ya que Irán ha hecho lo propio el día jueves 28 de mayo, atacando a una base del país enemigo. Sin embargo, estas arremetidas no datan de esta semana, vienen sucediendo desde el inicio del conflicto.

El mandatario republicano ha contradicho repetidamente sus propios anuncios y promesas, en ocasiones apenas días o incluso horas después de haberlos realizado. Esto ha ocurrido tanto respecto a su verdadero objetivo en la guerra —si busca un cambio de régimen o evitar que Irán obtenga armas nucleares— como sobre la duración de la ofensiva, cuya estimación pasó de cuatro o cinco semanas a tres, luego a dos y finalmente quedó indefinida.

La operación, impulsada a pedido de Israel, tampoco se ha desarrollado siempre de manera coordinada, ya que en varios momentos las acciones militares han avanzado de forma desordenada y sin que el otro aliado fuera informado previamente. Entonces, ¿cuál de los dos países tiene mayor responsabilidad en que, hasta el momento, no se haya logrado alcanzar un acuerdo?

“Más que atribuir la responsabilidad a alguna de las partes, pondría el énfasis en la desconfianza mutua que existe entre ambos países. Esto hace que cualquier acuerdo genere dudas sobre si realmente perdurará más allá de una firma. También está el caso de Israel, que ejerce una fuerte presión sobre Estados Unidos para que se logre algún tipo de acuerdo, aunque considero que es un actor que no ayuda en este escenario”, explicó el internacionalista Fabián Vallas.

Ahora, la pregunta que emerge, en medio de tantos ataques, contraataques y amenazas, ¿por qué el republicano no ha seguido con los ataques?, teniendo en cuenta la capacidad nuclear y militar de la potencia norteamericana, e incluso las amenazas emitidas por el mismo mandatario.

Vallas mencionó que “el ataque de Irán ha demostrado que la guerra aérea tiene sus límites, pero el gobierno iraní ha demostrado tener más resiliencia y ha podido por una parte soportar los embates de la oposición interna”.

Sin embargo, para Escobar, más que la resistencia iraní, el factor principal recae en la imagen del presidente estadounidense. “A pesar de que es la potencia militar más fuerte en el mundo, hacerlo (destruir Irán) terminaría de hundirlo en una escala moral y política a nivel global”, detalló.

Es decir, según el experto, Donald Trump quedaría como el presidente más agresivo, más belicoso de la historia norteamericana. “Es una especie de prisión del poder, tienes todo el poder, pero no puedes usarlo porque si lo usarías, si lo usas, tu desprestigio crece. Los iraníes saben eso y están jugando a prolongar en el tiempo la imagen de ridículo de Estados Unidos”, señaló.

El costo económico y social

El Pentágono está sufriendo las consecuencias de la presión financiera y, en algunos casos, tiene dificultades para llevar a cabo el entrenamiento y el mantenimiento rutinarios en medio de sus operaciones en curso de la guerra contra Irán.

La estimación más reciente de la cúpula militar sobre el costo del conflicto fue de aproximadamente US$ 29 mil millones, según declaró el contralor interino del departamento, Jules “Jay” Hurst, ante la subcomisión de defensa de la Comisión de Asignaciones de la Cámara de Representantes el 12 de mayo. Sin embargo, Hurst reconoció que dicha estimación se basaba en el costo de las municiones y los aviones destruidos, y no incluía los costos de reconstrucción de las bases.

“Además, parece que Trump está perdiendo políticamente esta guerra, porque cada día y semana que pasa y que Irán no se rinde, es un triunfo para Irán, un país con mucho menos armamento. Y esto creo que ocurre porque las exigencias de Donald Trump, el acuerdo que le propone a Irán es demasiado maximalista, prácticamente le pide a Irán que renuncie a su programa nuclear”, advirtió Escobar.

No obstante, la potencia norteamericana no es la única que está sufriendo los estragos económicos y políticos de la guerra. Según el Foro Económico Mundial, a raíz del cierre y reapertura constante del estrecho de Ormuz, los precios del crudo Brent saltaron alrededor de un 15% en los primeros días del conflicto, y luego se dispararon hasta los 120 dólares por barril.

Además, la guerra ya ha sacado del mercado aproximadamente un tercio del suministro mundial de helio, tras una interrupción en el complejo energético de Ras Laffan. Este es un dato no menor, ya que el gas noble es esencial para la fabricación de semiconductores, las imágenes médicas y otros usos de alta tecnología. Del mismo modo, los precios de la urea, el fertilizante sintético de nitrógeno más utilizado, han aumentado alrededor de un 30% en el último mes, mientras que los precios del aceite de soja alcanzaron su nivel más alto en más de dos años.

El contexto es especialmente crítico, ya que en el hemisferio norte la temporada de siembra de primavera ha comenzado, lo cual ha obligado a agricultores de países como Canadá, Brasil, India y varias zonas de África subsahariana a tomar decisiones de compra en medio de fuertes alzas de precios y un panorama incierto.

Asimismo, debido a que los fertilizantes sintéticos de nitrógeno dependen en gran medida del gas natural para su producción, la interrupción de los envíos de gas provenientes de Medio Oriente también ha afectado la fabricación en otras regiones. Como resultado, actualmente existe una oferta mundial más limitada de nitrógeno, lo que podría traducirse en menores rendimientos agrícolas en los próximos meses.

La llegada de un acuerdo de paz dependerá de la flexibilidad en las decisiones de Donald Trump y de qué tanto está dispuesto a ceder Irán frente a la búsqueda del control estadounidense.

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