Los resultados de las elecciones de medio término estadounidenses han cambiado el equilibrio de poderes en Estados Unidos.
Por Matias Illescas
El panorama político de Estados Unidos ha cambiado drásticamente tras los resultados de las elecciones de medio término. A partir del 3 de enero de 2027 –un año después de la intervención militar del país en Venezuela– las dos cámaras del Congreso pasarán del dominio de los republicanos al de los demócratas.
Los azules han alcanzado la suma de 54 escaños en el Senado frente a los 44 del oficialismo, mientras que otros dos aún están por determinar. En la Cámara de Representantes también han conseguido la mayoría con 237 asientos frente a los 147 de los republicanos, a falta de 51 escaños por definir. Pero la victoria no se ha quedado solo en los números, ha habido resultados contundentes contra los republicanos que podrían determinar las posibilidades de Donald Trump en los próximos dos años.
El dominio de los demócratas
La elección ponía en juego un tercio del Senado, equivalente a 33 escaños, pero además ponía otros dos asientos a disposición de elecciones especiales para cubrir las vacantes de Marco Rubio (Florida) y JD Vance (Ohio), que renunciaron a ellos al asumir como secretario de Estado y vicepresidente, respectivamente.
Las encuestas de los últimos días ya anticipaban un resultado mayormente favorable para los demócratas, pero el desenlace de las elecciones ha superado incluso los pronósticos más optimistas. Los demócratas han superado los 51 escaños necesarios para alcanzar la mayoría y han sumado al menos 54. Dentro de ellos, han recuperado siete estados, algunos de ellos considerados bastiones republicanos.
En Texas, James Talarico rompió una racha de 38 años sin una victoria demócrata en el Senado, un periodo incluso superior a la edad del candidato de 37 años. El estado es considerado como uno de los mayores bastiones del partido del presidente Trump. Es por esto que, tras su victoria, declaró que «acabamos de recuperar Texas», pese al respaldo multimillonario de Elon Musk al candidato republicano Ken Paxton.
Pero la victoria demócrata en Kansas es aún más sorprendente. Adam Hamilton se quedó con el escaño de su estado tras vencer al republicano Roger Marshall por una diferencia de casi el 5%. No ganaba un candidato demócrata al senado en ese estado desde 1932, pero el pastor de la mayor congregación metodista de Estados Unidos logró voltear esa situación.
Situaciones similares se registraron en otros bastiones republicanos, como Carolina del Sur, donde ganó un demócrata por primera vez desde 1998, Iowa o Carolina del Norte. También ganaron en Ohio y recuperaron el escaño de JD Vance.
Dentro de los hitos de la elección también destacan la victoria del primer senador abiertamente gay, Chris Pappas por New Hampshire; el primer senador musulmán, Abdul El-Sayed, por Michigan; la primera gobernadora indígena, Deb Haaland por Nuevo México; y de los dos primeros gobernadores negros, Keisha Lance Bottoms en Georgia y Byron Donalds en Florida.
En la Cámara de Representantes, los demócratas obtuvieron 237 asientos frente a los 147 de los republicanos, a falta de 51 por determinar. Con esta mayoría consiguieron el control de la Cámara Baja y la posibilidad de manejar, de alguna forma, las decisiones que pueda tomar la presidencia.
Una de las ideas más discutidas con este nuevo panorama es la del juicio político, o impeachment, al presidente. De acuerdo con la Constitución estadounidense, con mayoría simple, la Cámara de Representantes tiene la facultad para imputar al presidente por «altos crímenes y faltas graves», pero para aprobar el juicio y la condena es necesaria una mayoría calificada con dos tercios del Senado, que corresponden a 67 votos.
En la Cámara Baja también es donde nacen los proyectos de ley relacionados a la recaudación de impuestos e ingresos públicos y esto les permite fijar las bases para negociar las leyes de gasto federal. Otro de los puntos importantes a considerar, y que podría haber influido en los resultados finales, es la guerra en Irán.
El Congreso no puede ordenar el retiro de las tropas, ya que el presidente es el que dirige las operaciones militares, pero además el mandatario tiene la capacidad de vetar las decisiones del Parlamento. Para que una orden legislativa de retirada sea efectiva debe aprobarse como una resolución conjunta y debe ser firmada por el presidente, y si el presidente la bloquea, necesita dos tercios en ambas cámaras para superar el veto, pero no los tiene.
En cuanto a los aranceles –otra de las medidas más populares de Trump, pero que también ha sido ampliamente rechazada–, los parlamentarios tienen la capacidad de aprobar un proyecto de ley que invalide un arancel específico o limitar las facultades de Trump para imponerlos. Sin embargo, la situación presenta el mismo problema que con la guerra en Irán: el presidente puede vetar esa ley y el Congreso necesita dos tercios de los votos para evitar el bloqueo.
La situación en general plantea un escenario en el que Donald Trump se verá forzado a negociar con el Legislativo. En ese sentido, tras la publicación de los primeros resultados, el republicano declaró que «estamos dispuestos a aceptar esos resultados» y que espera «poder trabajar con ellos y llegar a un acuerdo».
