A una semana del inicio de la oleada de incendios en Cusco, nos preguntamos: Si sucede todo los años, ¿por qué no hemos aprendido a combatirlos todavía?
Por Romy Kiyan y Zoe San Martín
En la última semana, Cusco ha sido testigo de más de 385 incendios, 16,000 hectáreas afectadas, cinco muertos, y tan solo 30 bomberos, según reporta el diario El Comercio. En esta época del año, entre julio y diciembre, se sabe que las altas temperaturas, sequedad, y fuertes vientos generan condiciones óptimas para la rápida propagación del fuego. El detonante es en su mayoría el factor humano, sobre todo por técnicas agrícolas como la quema de tierra.
Desde 2003 se viene registrando un severo incremento en los incendios forestales, concentrados en su mayoría en las regiones andinas. En diciembre del 2025, el Ministerio del Ambiente publicó un estudio del tema detallando las causas humanas y meteorológicas de los fuegos, los meses en cada año en que estos se daban, y las crudas consecuencias que tenían. Entonces, ¿por qué no hemos aprendido a combatirlos todavía?
¿Cómo nace un incendio?
“Para que ocurra un incendio, necesitas básicamente tres cosas. Algo que se pueda quemar, un combustible y una chispa,” explica Javier Quino, ingeniero ambiental. En el caso presente, estos serían la vegetación seca y residuos de cosecha, los fuertes vientos y la altas temperaturas, y las tradiciones agrícolas como la quema de tierras. En las últimas semanas, las provincias de Canchis, Chumbivilcas y Espinar en la región Cusco se han visto presas de incendios forestales debido a causas antrópicas, específicamente por tradiciones agrícolas como la “quema de tierras”.
Esta práctica favorece la campaña agrícola grande, vinculada a la siembra de productos claves como la papa, el maíz, entre otros, los cuales abastecen los mercados en los primeros meses del año próximo. En este contexto, es muy común la costumbre de quemar pastos y chacras de cultivo para eliminar malezas, desechos agrícolas y demás, y así preparar la nueva campaña de siembra. “El concepto es el siguiente: Al cultivar, quemas lo que queda y parte de los minerales y los nutrientes van a quedar en el suelo”, señala Quino.
No obstante, también subyacen factores climáticos. Entre mayo y agosto se ha acumulado el mayor número de días secos y los suelos presentan químicos altamente combustibles. Manfred Infantes, Secretario administrativo de la Compañía de Bomberos en Urubamba, indica que las causas no solo se atribuyen a la sequedad y fuertes vientos, sino que en zonas como el Valle Sagrado, las montañas son tan altas y tan inaccesibles que atender una emergencia de este tipo es altamente riesgoso, y en muchos casos se puede llegar a intervenir hasta cinco días consecutivos, condiciones que dificultan la labor.
De acuerdo a los mapas elaborados por el SENAMHI, las zonas andinas como Cusco, Apurímac, Puno, y Junín, presentan mayores condiciones meteorológicas propensas a desencadenar crisis naturales como los incendios forestales. Esto también se le atribuye al fenómeno El Niño, cuyas consecuencias pueden elevar el riesgo en Los Andes y la Amazonía, donde la falta de lluvias reduce la disponibilidad de agua y deja la vegetación seca. “Si todo está más caliente y más seco, es más probable que tengas incendios», resume Quino. Aunque el lazo entre el fenómeno y los incendios no es de causalidad, sí existe una correlación entre los efectos climáticos El Niño y las condiciones propensas que dan lugar a los incendios.
Impactos Irreversibles
“Cuando los bosques se queman, lo que vuelve a crecer es algo diferente, con otras características. No es lo mismo”, expone Quino. El fuego altera el suelo, compromete fuentes de agua y libera dióxido de carbono por la combustión de materia orgánica. Según CREAF, se comprometen muchos de los nutrientes del suelo y desaparece la materia orgánica de la superficie, lo que genera que ese suelo sea menos fértil durante varios años y altera la vida que lo habita.
Además, no debemos pasar por alto la pérdida de biodiversidad. El bosque es el albergue natural de la vida silvestre andina. Al momento, no hay una contabilización oficial de las especies afectadas, pero las cifras de animales domésticos superan las 100 cabezas de damnificadas según el COER. Quino plantea la siguiente analogía: “Lo que te dice la teoría es que tu capital te genera intereses, y mientras tú vivas en los intereses y no toques el capital, el capital te va a durar para siempre. La naturaleza es capital natural”.
En cuanto al impacto en la salud, los incendios recurrentes tienen consecuencias duraderas en la población. La Organización Panamericana de la Salud señala que la exposición al humo puede tener diversas repercusiones, desde irritación de la piel hasta el desencadenamiento de asma, problemas respiratorios y el agravamiento de condiciones crónicas respiratorias y cardiacas. “Inhalas partículas que tienen un diámetro menor al cabello humano, que se acumulan en tus pulmones y ya no van a salir”, detalla Quino.
Asimismo, poco se habla de los efectos en la salud mental de los habitantes que sufren pérdida de propiedades, pérdida de la fuente de dinero o desplazamiento forzado, que pueden causar estrés postraumático, depresión e insomnio.
La Respuesta Actual
Este lunes el Ministerio de Defensa comenzó estrategias junto con la Fuerza Aérea del Perú (FAP) para poder mitigar los incendios forestales en la región. Para conseguir esto, se desplegó un avión C27-J Spartan que transportaba el sistema Guardián, un dispositivo con capacidad para transportar más de mil litros de agua y realizar descargas sobre las zonas afectadas. Por otra parte, también se desplegó un helicóptero MI-17 equipado con un sistema helibalde, el cuál permite transportar y descargar aproximadamente 600 litros de agua, una capacidad que facilita la intervención en terrenos de geografía compleja.
Asimismo, el capitán de la FAP, Javier Pérez, informó que las operaciones actuales se están concentrando en Calca. No obstante, señaló que a medida que vaya evolucionando la situación se evaluará la posibilidad de brindar apoyo a otros sectores afectados.
A través del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), el MIDAGRI está realizando un monitoreo de focos de calor las 24 horas del día y comunica las alertas al INDECI y a las oficinas locales y regionales de gestión del riesgo de desastres.
Del mismo modo, mediante Agro Rural, el ministerio coordina la atención prioritaria de las zonas afectadas. El lunes también comenzó la entrega de kits de alimentación animal, abonos foliares, semillas, pacas de heno y sistemas de riego, junto a medidas para la conservación de praderas. Estas acciones incluyen asistencia técnica y capacitaciones a los beneficiarios, con el objetivo de contribuir a la recuperación de la actividad agropecuaria.
Sin embargo, la situación llega a un nivel de complejidad tan grande que el número de bomberos no llega a ser suficiente para mitigar los daños causados por los incendios, ya que no todos cuentan con la capacitación necesaria. “Nosotros recibimos un curso de especialización necesario tanto a nivel teórico como a nivel práctico para poder estar acreditado y de esa forma recién poder atender una emergencia ligada a incendios forestales”, señala Infantes.
Por otro lado, el secretario administrativo afirma que los equipos de transporte cuentan con una antigüedad de cinco décadas, los cuales ya empiezan a presentar fallas y dificultan la movilidad para atender los incendios. Asimismo, señaló que ninguna compañía de la novena comandancia departamental del Cusco contaba con equipos de respiración especiales con filtros para purificar el humo de los incendios forestales, lo que obligaba a los bomberos a inhalar el humo directamente.
Estas situaciones también se deben a una desigualdad presupuestaria, pues existe un marcado centralismo dentro del Cuerpo General de Bomberos, lo que provoca que las necesidades de las compañías de Lima estén mucho más cubiertas en comparación con las carencias que sufren las compañías de provincias.
A Futuro
Las consecuencias irreversibles, el costo de la recuperación ambiental y los peligros para la salud dejan claros que la mejor forma de enfrentar incendios es evitar que sucedan. Por ejemplo, mediante proyectos de formación, como el del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis). El proyecto consiste en talleres que se realizan desde 245 tambos localizados en 17 regiones del país, con el objetivo de proteger a las comunidades y sus fuentes de ingresos, como los cultivos y el ganado.
Otros cuestionan la responsabilidad de involucrar a los ciudadanos en incendios forestales. “Un bien material, a pesar de todo, es solo un bien material. La vida humana siempre tiene que primar,” sostiene Infantes. En lugar de impulsar a la población a combatir los fuegos, enfatiza la necesidad de planes efectivos de evacuación y capacitaciones en prevención. Según la Revista Bomberos del Perú, el 98% de los incendios son provocados por el hombre, lo que resalta la importancia de este tipo de iniciativas.
Por otro lado, la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) recomienda incorporar enfoques más específicos respecto al fuego, diferenciando entre sus distintos usos en lugar de adoptar una mirada principalmente restrictiva. Algunas de estas funciones son la quema de pastos para revitalizar las zonas, el método agrícola de “roce y quema” y la eliminación de cosechas, la cual sostienen que no deben ser restringidas, sino mejoradas mediante la educación en prácticas seguras.
“Deberíamos entender que no se trata de ceder el poder, sino de eficiencia y uniformización», comenta Infantes. El bombero sostiene que es imperativo tener un sistema unificado de respuesta que englobe a las diferentes instituciones involucradas, para evitar los obstáculos burocráticos que ralentizan la reacción ante las emergencias. Otros profesionales como Erick Fhon Villalobos, ingeniero forestal, también subrayan la necesidad de la cooperación efectiva entre el poder nacional, gobiernos regionales y autoridades locales antes de que sucedan los incendios, según comentó a RPP. Además, Infantes recomienda retomar las alianzas con instituciones internacionales, las cuales brindan apoyo mediante donaciones y capacitaciones.
“Estamos en una disyuntiva,” expresa Javier Quino. “Debemos decidir si queremos controlarlo o queremos que estas situaciones se vuelvan permanentes”. Hoy es el momento de prevenir el incendio de mañana. Si te gustaría apoyar con donaciones, puedes hacerlo mediante la campaña oficial de Perú Pendiente (970 204 526) vía Yape o BCP. Lo recolectado será destinado hacia apoyo humanitario en coordinación con los bomberos.
