Las últimas elecciones en la región han resultado en victorias de la derecha frente a opciones, en su mayoría, oficialistas de izquierda.
Por Matias Illescas y Alexandra Jave
La elección de Abelardo de la Espriella en Colombia y de Keiko Fujimori en Perú ha confirmado la tendencia de los últimos años en Latinoamérica de girar a la derecha. La región, que hace algunos años tenía una predominancia de gobiernos de izquierda o socialdemócratas, ha optado por líderes con políticas centradas en la lucha contra la inseguridad, la economía de libre mercado y un discurso antiinmigratorio. ¿Es esta una nueva tendencia que marcará el futuro de la región?
Diagnóstico latinoamericano
Javier Milei, José Antonio Kast, Rodrigo Paz y Abelardo de la Espriella son los mandatarios derechistas electos en los últimos comicios de sus respectivos países que tienen un punto en común: son los sucesores de los expresidentes izquierdistas en la región.
Con su elección, Sudamérica está girando cada vez más hacia el espectro político de derecha, ya que solo los gobiernos de Lula Da Silva en Brasil y Yamandú Orsi en Uruguay mantienen la oposición.
No obstante, si el foco apunta a América Latina, la derecha gobierna -además de los países mencionados en las primeras líneas- en El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Ecuador y Paraguay. Como contraparte, la izquierda dirige en México, Nicaragua y Cuba. Sin embargo, debido a la intervención de la administración Trump en Venezuela y Puerto Rico, la ideología en la política de sus gobiernos de turno no queda clara del todo.
De los 20 países de Latinoamérica, cinco son gobernados por autoridades de izquierda, mientras que 13 están bajo administraciones de derecha.
Con la victoria de Fujimori sobre Sánchez con 46 mil votos de diferencia; de De la Espriella sobre Iván Cepeda con 247 mil votos; de Kast sobre Jara con 2 millones 40 mil; de Paz sobre Quiroga con 634 mil, y de Milei sobre Massa con 2 millones 955 mil, los gobiernos de derecha predominaron frente a la oposición.
Desde la victoria del presidente argentino a fines del 2023, un total de 13 elecciones han sido ganadas por candidatos de derecha en la región y cuatro por la izquierda. Entonces, ¿estamos frente a una consolidación de la derecha en América Latina ?
“Ninguno de estos presidentes tiene una fuerza similar a la que tuvieron los mandatarios de la llamada primera ola progresista a comienzos del siglo XXI, donde subieron al poder partidos de izquierda y centro-izquierda, al ganar una amplia mayoría, más del 50%”, señaló el internacionalista, Ramiro Escobar.
La primera ola progresista, o la primera marea rosa, inició con la elección de Hugo Chávez en Venezuela en 1998, luego de obtener 3,673,685 votos de 6,988,291, es decir, el 56.20%. Le siguió Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil en 2002 con 52,793,364 de 91,664,259 votos, siendo igualmente un 56.20%.
A ello, se sumó Néstor Kirchner en Argentina en 2003, quien obtuvo el segundo lugar con 4,313,131 de 19,930,911 votos, es decir, el 21.65%. Sin embargo, asumió la presidencia luego de que su oponente, el también peronista Carlos Menem, renunciara a la segunda vuelta electoral.
Evo Morales, por su lado, continuó en Bolivia en 2005, quien consiguió 1,544,374 de 3,102,417 votos, registrando el 53.72%. En Ecuador, Rafael Correa ganó en 2006 con 3,517,635 de 6,966,145 votos, es decir, 56.67% y gobernó durante una década. En 2004, Tabaré Vázquez llegó a la presidencia de Uruguay con 1,124,761 de 2,229,423 votos, representando el 50.46%. Por último, Fernando Lugo triunfó en Paraguay en 2008 con 774,968 de 1,726,906 votos (44.9%).
Un cambio reactivo
Latinoamérica se encuentra actualmente en un contexto dominado por la lucha contra la criminalidad, el colapso de la seguridad pública y debates sobre el uso de la fuerza. Además, en algunos casos, a esto se le suma la preocupación de la población por problemas económicos y migratorios.
Según un estudio de Ipsos titulado «What Worries The World?», la principal preocupación de la población latinoamericana en abril de 2026 fue el «crimen y la violencia», con un 51%, por encima de la corrupción (36%), el desempleo (35%) o la pobreza (33%).
En ese sentido, los electores han optado por opciones que ofrezcan una respuesta inmediata y punitiva frente a la inseguridad. Con eso, el respeto a los derechos humanos y al orden constitucional ha pasado a ser visto como algo prescindible frente a la urgencia de resolver un problema que mantiene a los ciudadanos con un miedo constante. Dentro de ese escenario, se ha popularizado el modelo aplicado por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, donde ahora se registran los niveles más bajos de homicidios en la historia del país.
Sin embargo, para llegar a estos resultados, el país ha adoptado medidas cuestionadas como la implementación de un régimen de excepción prolongado, detenciones masivas y arbitrarias que han incluido a inocentes, o el uso de cárceles de máxima seguridad. Así han surgido líderes políticos que buscan replicar estas medidas, como Kast en Chile o De la Espriella en Colombia.
Dentro de los factores, también influye el desempeño de los gobiernos anteriores. La elección de figuras de derecha podría responder también a la disconformidad de la población con los gobiernos de izquierda progresista que se popularizaron a inicios de la década actual. La ciencia política describe este fenómeno bajo la «teoría del péndulo», que indica que las preferencias electorales suelen oscilar entre la izquierda y la derecha como un mecanismo de las sociedades para encontrar un equilibrio.
«Lo que está ocurriendo ahora es evidente de que la mayor parte del continente está abrazando posiciones denominadas de derecha, pero no es por una cuestión ideológica netamente, sino es justamente una evaluación del desempeño de los gobiernos que han estado de turno», explicó Vallas.
En el caso de Chile, los intentos fallidos del gobierno de Boric por cambiar la Constitución, el estancamiento económico y un fuerte desvío del déficit fiscal causaron el descontento de la población. Así los chilenos optaron por elegir a José Antonio Kast, que logró captar las urgencias de los sectores populares y los convenció con su retórica de orden.
Respecto a Colombia, el problema vino por la falta de acuerdos con los grupos armados que no lograron frenar la violencia. En Bolivia, las dos opciones de segunda vuelta fueron de derecha, una más moderada que la otra, a causa de todos los problemas económicos generados durante el gobierno del Movimiento al Socialismo.
Toda esta ola de nuevos presidentes lleva consigo un carácter conservador que se acerca al grueso de la población, junto a la promesa de resolver, casi por la fuerza, los problemas actuales.
En muchos casos, además, se apela a la idea de orden. Así sucedió en Colombia, Chile y Perú, con candidatos que siguieron esa narrativa y al final lograron ganar la elección. También influye el apoyo del presidente estadounidense Donald Trump, que respaldó explícitamente los triunfos de Kast y De la Espriella.
Quedará por ver el impacto que tendrán estos gobiernos en la región. Por lo pronto, Kast, a tres meses de asumir el cargo, sigue registrando una desaprobación en ascenso que ya ha alcanzado el 60%, mientras que la población sigue preocupada por la economía, el empleo y la inseguridad.
Algo similar ocurre con Rodrigo Paz, quien ha registrado el 45% de desaprobación a ocho meses de iniciar su mandato. Sin embargo, es muy pronto para sacar una conclusión. Dependerá de lo que suceda en los próximos años para conocer si es que el péndulo volverá a oscilar.
![[Foto: Chat GPT]](https://nexos.ulima.edu.pe/wp-content/uploads/2026/07/image-2.png)