Kane Parsons y Curry Barker reflejan el ascenso de cineastas formados en internet que podrían marcar el camino del cine en los próximos años.
Por Igor García y Daniela Ramos
El género del terror atraviesa uno de sus momentos más exitosos del año. Backrooms, largometraje producido por A24, superó los 212 millones de dólares en taquilla mundial en apenas diez días después de su estreno, convirtiéndose en la película más taquillera de la historia del estudio pese a haber costado solo 10 millones.
Mientras tanto, Obsession, realizada con un presupuesto inferior a los 800 mil dólares, también rebasó los 200 millones de dólares y se consolidó como el mayor éxito comercial de Focus Features.
Detrás de ambos fenómenos destacan sus directores con características y trayectorias similares. Kane Parsons, director de Backrooms, de 20 años, y Curry Barker, director de Obsession, de 26, no solo comparten su juventud, sino también sus orígenes en YouTube, donde comenzaron creando cortometrajes de terror antes de dar el salto a las salas de cine. ¿Qué trae de nuevo esta generación que aprendió a contar historias en plataformas digitales?
Capacitados en redes
Kane Parsons y Curry Barker no llegaron a dirigir en Hollywood por la vía tradicional. No realizaron prácticas en grandes estudios ni escalaron la industria desde abajo. El primero ni siquiera pasó por una escuela de cine, mientras que el otro sí cursó estudios en la New York Film Academy. Aquí lo realmente importante fue cómo capitalizaron sus contenidos digitales.
Fue precisamente en YouTube donde ambos crearon su camino antes de conquistar Hollywood. Parsons comenzó a crear videos en 2015 usando programas gratuitos de edición y animación 3D desde su habitación cuando tenía apenas diez años.
En 2022, lanzó su serie web Backrooms, que contaba con 24 episodios de found footage situados en los noventa, con cámaras subjetivas recorriendo enormes oficinas beige donde pasaban cosas inexplicables. Un año después, A24 anunció que estaban desarrollando la película con un joven Parsons como director.
En el caso de Barker, junto a su colaborador habitual Cooper Tomlinson formó el dúo de comedia sketch That’s a Bad Idea, canal que superó el millón de suscriptores. En 2023 subió al canal The Chair, un cortometraje de terror que acumuló 5.5 millones de vistas y llamó la atención del productor James Harris de Tea Shop Productions, quien lo contactó para adaptar ese corto a largometraje. Barker, sin embargo, llegó a la reunión con una idea distinta, la cual ahora es un éxito: Obsession.
Ellos crecieron creando contenido para YouTube y desarrollaron su lenguaje audiovisual en un ecosistema digital, llegando con propuestas que dialogan directamente con los códigos culturales que predominan en las redes.
Para el crítico de cine y profesor de la facultad, José Carlos Cabrejo, una de las claves de su éxito radica precisamente en esa cercanía con las nuevas generaciones. “Este factor de marca, influencia de las redes sociales, que implica toda una sensibilidad audiovisual y narrativa, es algo que les ha facilitado una conexión muy importante con las nuevas generaciones”, destaca.
Esa conexión también se refleja en los temas e imaginarios que utilizan. En el caso de Backrooms, Parsons toma un fenómeno surgido en foros y redes sociales para construir una experiencia cinematográfica.
“Las imágenes que yo veo ahí resuenan otro tipo de producciones que he visto antes, tienen que ver con el creepypasta y todo el asunto de videojuegos. Es toda esa vibra la que te genera la película”, señala Cabrejo. El crítico considera que existe una “reformulación que pasa justamente por toda esta territorialidad de internet y las redes sociales”.
La influencia digital también aparece en los temas que estas películas abordan. Sobre Obsession, Cabrejo recalca que “toma algo que probablemente sea muy común en diálogos juveniles, como la idea del amor tóxico”. Un concepto ampliamente discutido en redes sociales que el director transforma en una historia de terror sobrenatural. “Habla de algo muy cercano para el público joven, pero completamente insertado dentro del género de terror”, añade.
Para Marcelo Paredes, miembro de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica, este perfil de creadores aportan precisamente aquello que Hollywood lleva años buscando: nuevas perspectivas.
“Solamente es cuestión de persistir y hacer algo que sea fresco y original, que es sobre todo algo que Hollywood está buscando ahora. Y creo que esa frescura podrían encontrarla en el internet, en gente que viene haciendo cosas en internet”, detalla. A su juicio, los estudios deberían prestar más atención a estos espacios porque permiten descubrir autores que aún no están condicionados por las dinámicas tradicionales de la industria.
Los precursores de esta revolución
En lugar de ver estos casos como excepciones, Paredes considera que deberían entenderse como una evolución natural de la industria audiovisual. No es la primera vez que Hollywood decide mirar a los costados en busca de inspiración.
Una de las anécdotas más famosas es la de Orson Welles y su locución tan realista de “La guerra de los mundos” que paralizó a los ciudadanos de Nueva Jersey. Este hecho le valió un contrato para dirigir lo que sería su ópera prima: “Ciudadano Kane”. Así como Parsons y Barker, Welles no era muy experimentado en el séptimo arte; no obstante, fue su frescura y ese elemento novedoso lo que hizo que atrajera los ojos de Hollywood.
Lo que antes se vivió con las adaptaciones de los cómics y videojuegos, ahora se experimenta con el fenómeno de lo digital. Ya hace unos años, otros creadores nativos de internet venían haciendo el camino.
Danny y Michael Phlippou ya eran conocidos mundialmente por su canal de Youtube “RackaRacka”, cuyo contenido estaba cargado de efectos prácticos y comedia gore. En 2022, estos hermanos irrumpieron en el cine con Talk to me, éxito rotundo de A24. Pero esto no fue solo un golpe de suerte, en 2025 consolidaron su firma al dirigir Bring her back.
Es así que las redes sociales han democratizado el arte audiovisual, haciendo que estas plataformas conformen una suerte de portafolio para quienes sueñan, o no, con pasar a la pantalla grande.
El nuevo lenguaje del terror
Esta migración a las salas responde, asimismo, a un público masivo que ha cambiado sus hábitos de consumo y que ya no se asombra con los efectos tradicionales.
El espectador contemporáneo ya no se asusta con los tropos del cine gótico clásico; ahora busca la atmósfera asfixiante de un foro de Reddit o la perturbación de un video mal grabado en mitad de la noche. Internet ha educado el ojo del público para encontrar el horror en lo cotidiano y lo fragmentado.
“Hay una demanda y una necesidad de emociones fuertes y eso es lo que brinda el cine de terror. Lo interesante es que ya no les atrae simplemente la violencia bruta”, explica Cabrejo. Lo que antes se consideraba un experimento curioso, hoy se perfila como una estrategia fundamental de supervivencia para los grandes estudios.
“Puede ser una manera curiosa de empezar. Los productores de Hollywood siempre están buscando gente para darle vida a sus proyectos, lo que significa que ahora tienen que mirar más hacia ese lado, y que los mismos realizadores sepan que esa puerta se puede abrir”, complementa el experto.
El éxito taquillero en simultáneo de Backrooms y Obsession no debería leerse como una anomalía, sino como una suerte de relevo generacional. Si durante las últimas décadas la industria se obsesionó con exprimir la nostalgia de franquicias ochenteras, hoy el pozo de la creatividad se está mudando hacia los servidores de Discord, hilos de X y canales de Youtube de creadores que editan desde sus propias habitaciones.
La verdadera revolución que Parsons y Barker nos traen no radica únicamente en haber tenido grandes éxitos con presupuestos minúsculos, sino en haber demostrado que las dinámicas de internet pueden convivir y enriquecer la experiencia en las salas de cine.
Hollywood ya no puede darse el lujo de ignorar el valor de los creadores de contenido en redes sociales. Estos actores están tomando relevancia en diferentes industrias, y el séptimo arte no es la excepción.
