La oferta electoral que los votantes han experimentado durante los comicios de este año han desembocado en unos resultados que reflejan crisis de representatividad política y estatal.
Por Alexandra Jave
El conteo de los votos performado por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), aparte de desvelar la cantidad de electores que han respaldado a cada candidato participante de la contienda electoral, también ha revelado la dispersión de decisión que ha impregnado a estos comicios.
Al cierre de esta edición y a dos semanas de haber llevado a cabo las Elecciones Generales 2026, el recuento está al 96%, lo cual ha posicionado a la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, en el primer lugar con 17%, a Roberto Sánchez en el segundo con 12% y a Rafael López Aliaga en tercer lugar con 11%.
Además, 23 no pasaron del 1% y 4 no superaron el 2%. En ese sentido, lejos de evidenciar una mayor diversidad de opciones políticas, estos resultados reflejan un escenario de fragmentación extrema en el que ningún candidato ha logrado consolidar un respaldo significativo del electorado.
Porcentajes minoritarios
En estos comicios se inscribieron 37 organizaciones políticas —34 partidos y tres alianzas electorales—, solo el Frente Popular Agrícola FIA del Perú (FREPAP) no contó con candidato presidencial. Nunca antes en la historia del país se había registrado tal cantidad de postulantes y a esto se suma la dificultad para construir mayorías, en este caso, alianzas. Esta figura se ha venido repitiendo a lo largo de los procesos electorales en los últimos años, ya que en 2011 se registraron tres, en 2016 dos y en 2021 tres.
El hecho que haya una minúscula cantidad de estas coaliciones y una mayúscula cuantía de organizaciones genera la fórmula para que la dispersión de voto se amplifique. De acuerdo con el Observatorio Nacional de Prospectiva, la crisis de representatividad política refiere a la falta de conexión y representación efectiva entre los líderes políticos elegidos y la ciudadanía, lo que resulta en una pérdida de confianza y legitimidad.
En esa línea, ninguno de los postulantes presidenciales ha logrado superar el 17% y, si se suman los votos de los candidatos que pasarían a segunda vuelta, daría como resultado 29% o 28%, tomando las figuras de Fujimori con Sánchez y de Fujimori con López Aliaga, respectivamente. Como consecuencia, ninguno de los dos escenarios representa siquiera al 50% del electorado, dejando en evidencia la fragmentación social que ha caracterizado a la participación política durante los últimos años.
El historiador y analista Hugo Coya resaltó que, “con un voto mínimo, (como el de Fujimori, Sánchez y López Aliaga) el candidato puede pasar a una segunda vuelta, pero en realidad la mayoría de la población no necesariamente ha votado por los dos candidatos”.
Por consiguiente, el abogado experto en derecho electoral, Martín D’Azevedo, señaló que, como consecuencia de este fenómeno, se puede percibir “muy poca legitimidad porque efectivamente es un porcentaje muy bajo, ya que viene a ser casi la cuarta parte del electorado peruano”.
Sin embargo, este panorama no solo se percibe en la elección presidencial, ya que la parlamentaria protagoniza uno similar. De las 37 organizaciones participantes, solo Fuerza Popular, Juntos por el Perú, Renovación Popular, Buen Gobierno, Obras y Ahora Nación lograron pasar la valla electoral que constó en alcanzar el 5% de votos válidos a nivel nacional y el 5% del número legal de miembros en el Congreso —es decir, consiguieron siete diputados y tres senadores.
Por ende, alrededor del 35% de votos quedaron sin efecto alguno porque los partidos por los que votaron simplemente no lograron pasar la barrera dispuesta por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE). En la práctica, esto implica que más de un tercio del electorado no tendrá representación en el Congreso, profundizando la desconexión entre ciudadanos y sistema político que señalaba el Observatorio Nacional de Prospectiva.
Segunda vuelta
Entre las causas de la crisis de representatividad, se encuentra la dispersión del voto, la cual recae en la gran oferta de partidos inscritos en estos comicios. “La modificación del sistema electoral peruano ha permitido que haya la posibilidad de que fácilmente se pueda constituir un partido político”, advirtió D’Azevedo.
Según el JNE, las organizaciones políticas necesitan, como punto de partida, el nombre del partido, ideario político y símbolo. Luego, el documento que regula su organización interna (dirección del partido, órgano representativo nacional e integrantes), los comités partidarios, representantes y personeros, un tesorero titular y uno suplente, y las normas para elegir candidatos dentro del partido.
Finalmente, se les solicita reunir las firmas del 3% de los ciudadanos que sufragaron en las últimas elecciones nacionales. Este porcentaje equivale a 531,412 firmas, tomando como referencia el padrón de las Elecciones Generales 2021.
En ese sentido, D’Azevedo refirió que la formación de estos partidos “son etiquetas políticas, vientres de alquiler y pequeños grupos de proyectos personalísimos”. Esta fragilidad estructural no solo impacta en la oferta electoral, sino también en la relación entre representantes y representados.
En los próximos días se definirá oficialmente al contendor de la candidata presidencial de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, por lo que Ipsos -camino a la jornada electoral del domingo 7 de junio- ha publicado durante el último fin de semana la intención de voto de la ciudadanía con respecto a sus dos eventuales competidores: Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú o Rafael López Aliaga, de Renovación Popular.
La encuesta permite concluir que, en una hipotética confrontación de Fujimori con Sánchez, ambos están empatados con un 38% cada uno, mientras que un 17% se pronuncia por el voto en blanco o viciado. Sin embargo, el otro escenario revela que el candidato de Renovación Popular se impondría sobre Fujimori con 34% sobre 31%, con un porcentaje mayor de blanco o viciado (27%).
Estas configuraciones electorales se enmarcan en una dinámica distinta a la votación inicial. A diferencia de esta, la segunda vuelta suele concentrar una mayor participación y definición del voto, en la medida en que reduce drásticamente la oferta electoral y obliga a los ciudadanos a optar entre solo dos alternativas.
En un sistema donde sobran candidatos en la primera vuelta y faltan representados en la segunda, la democracia peruana sigue enfrentando la disyuntiva de la diversidad de preferencias ciudadanas en una representación política real.
