Con el impulso de las redes sociales, la ligereza del humor se convirtió en el puente conector entre los jóvenes y una política que ya no los representa, presumiéndose a su vez como una novedosa herramienta a explotar por partidos políticos.
Por Ana Paula Nalvarte e Igor García
En el Perú, pocas cosas circulan tan rápido como una broma o un meme. En medio de crisis políticas y de representatividad –instaladas ahora en la vida cotidiana–, la Generación Z, criada bajo el brillo de las pantallas, ha convertido el sarcasmo digital en una práctica recurrente durante la antesala de los comicios del 2026. Y es que en un entorno cada vez más conectado –95,8% de jóvenes usa internet, según el INEI– esta forma de lenguaje se expande con mayor rapidez.
Pocos habrían imaginado que la insolencia de frases cargadas de doble sentido y acompañadas de edits de políticos terminaría ocupando un lugar central en la conversación política digital. Más allá del chiste pasajero, la situación nos lleva a preguntarnos: ¿se trata de simple humor o de una nueva forma de protesta frente a un sistema que parece ofrecer cada vez menos certezas?
Desencanto en pantalla
El profundo descrédito hacia la política peruana queda evidenciado en los resultados de una encuesta de Datum Internacional en 2025, donde gran parte de la población siente vergüenza del gobierno (79%), de los partidos políticos (75%), del Congreso (85%) y de la corrupción en el país (91%). En ese mismo contexto, entre los jóvenes de 18 a 24 años, el 94% describe la situación política con emociones negativas —molestia, tristeza, vergüenza y decepción— frente a un 1% que la asocia con sentimientos positivos.
Este clima se traduce en distanciamiento y falta de confianza hacia el sistema político. El 34% presenta alta desafección política y el 61% desafección media, niveles asociados al voto blanco, en duda, nulo, antisistema o la abstención. Sin embargo, este desencanto no significa desinterés total o inacción, sino que formula nuevas formas de movilización. Como ejemplo de ello queda la llamada “Marcha de la Generación Z”, la cual vio luz a finales del 2025 principalmente en plataformas como TikTok e Instagram, motores principales para su convocatoria y coordinación.
Las redes sociales han configurado un ecosistema de gran alcance para las nuevas generaciones, considerando que la gran mayoría de jóvenes posee una cuenta en Facebook (91%), Instagram (75%) y TikTok (86%), más allá del uso que le den a estos perfiles. Es gracias a esta presencia digital masiva que este espacio se convierte en un canal informativo importante donde el 64% de estos, entre los 18 y 24 años, elige seguir las campañas electorales.
Dicho interés suele expresarse de forma pasiva, pues muchos jóvenes se limitan a observar los contenidos, con solo un 18% que admite haber comentado sobre temas políticos en las redes. Aun así, es un hecho que el entorno digital ha abierto espacio a formas emergentes de activismo político que van desde la difusión de información y el debate público, hasta la movilización en torno a causas comunes similares a la ya mencionada.
TikTok, en particular, ha ganado terreno entre los usuarios más juveniles gracias a un formato que combina videos breves con humor, ironía y referencias a la cultura popular para comentar la actualidad política. “Es el medio que, actualmente, la gente utiliza más para informarse, entretenerse y comunicarse, entonces es lógico que todos sean migrados para allá. Ahora somos un poco dependientes de todo lo digital”, aseguró Mathias Mackelmann, experto en comunicación política.
Comedia y política
Reírse es, en el fondo, un acto de rebeldía. ¿Y quién mejor para confirmarlo que un peruano que lleva décadas, conscientemente o no, consumiendo críticas sociales en los medios que lo rodean? Ya sea que esté acompañado de naricitas rojas o de un dibujo exagerado, existe una costumbre arraigada a un humor de choque que no se guarda nada y que utiliza lo grotesco como un espejo del propio caos cotidiano.
Hace algunos ayeres, programas cómicos como Pataclaun y El Especial Del Humor usaban la lisura y la comedia exagerada como herramientas para la protesta. Entre personajes pintorescos y situaciones cómicas, de vez en cuando ponían en evidencia las incoherencias de los políticos y las injusticias sociales. Es decir, una tendencia que fue haciéndose mucho más explícita con el paso de los años tras la llegada de programas humorísticos.
Por su parte, la caricatura política ha llevado la burla a un terreno mucho más visceral. A diferencia del humor televisivo, que suele disfrazar la crítica, esta parodia dibujada se apropia abiertamente de la imagen del político para exagerarla, deformarla y convertirla en una sátira que apunta sin rodeos aprovechando rasgos físicos, gestos y frases.
En ese sentido, no debería sorprender que hoy circulen contenidos en los que los jóvenes hacen bromas directas sobre los desatinos de los políticos. Amparados por la distancia digital y por la lógica viral de las redes, los usuarios transforman la burla en comentarios de política capaces de alcanzar a miles con apenas un clic.
Esta transición hacia lo digital redefine el lenguaje con el que se procesa la realidad. Para el semiótico político Elder Cuevas, el humor no es una distracción, sino un «empaque excelente» que dota de nuevas sensibilidades a la comunicación política. Al emplear apodos, los jóvenes otorgan actancialidad a los candidatos, es decir, les asignan un rol de «personaje» para identificarlos rápidamente dentro de un relato claro.
Así, esta forma de comunicación se convierte también en una forma de protesta que despoja al poderoso de su impunidad, reduciéndolo a un sujeto común al que se le demanda una respuesta.
Para explicar este fenómeno, Cuevas retomó el concepto de “humor de aplaste” planteado por el sociólogo Danilo Martuccelli. Una estrategia que busca reducir la distancia con el poder al vincular a figuras de autoridad con elementos populares o incluso denigrantes, restándoles prestigio y habilitando la crítica desde el ciudadano común.
No obstante, este tipo de humor también tiene un lado más problemático. Como advirtió Mackelmann, existen diferentes formas de utilizar el humor relacionadas con el engaño al oponente o al que piensa diferente.
“La mayoría están en el rubro del discurso de odio y de la desinformación. Incluso, también se llega hasta las amenazas de muerte. Es un tema muy tóxico en el que vivimos actualmente en las redes teniendo en cuenta la política”, indicó el experto.
En esa misma línea, añadió que, si bien estas dinámicas implican una forma de involucramiento, no necesariamente fortalecen la calidad del debate público. “Se puede decir que participan, ya sea de una forma positiva o negativa, pero sí es una manera de participar. Más no es justamente algo que lleve a consolidar una cultura política más informada”, recalcó.
Oportunidad aprovechada
A medida que la campaña electoral entra en su fase más intensa, con las elecciones cada vez más cerca, se ha evidenciado un aumento significativo de comentarios burlones e insultos disfrazados de humor. Lejos de quedar como simples bromas –que en un inicio fueron creadas para ridiculizar a los candidatos–, algunos mensajes han sido apropiados estratégicamente por algunos de ellos. De esa manera, optaron por subirse a la ola del meme.
Destaca el caso de César Acuña, candidato presidencial de Alianza para el Progreso, quien se adueñó de la frase “estás en la cima”. Su campaña supo leer el pulso digital, ya que, además de ver lo anterior como una oportunidad, le ha dado una enorme importancia a los contenidos en redes sociales, articulando su campaña con creadores digitales y streamers.
También se hizo famosa una cuenta de TikTok llamada “Juventud Podemos Perú”, vinculada al partido Podemos Perú. En esta, un grupo de jóvenes protagonizó videos con tono humorístico en los que atacan a candidatos rivales mientras ensalzan a su representante, Jorge Luna.
El accionar de estos políticos no es casual. El RENIEC informó que más de 2,5 millones de peruanos votarán por primera vez. Mackelmann aseguró que los partidos buscan congraciarse con el voto joven aprovechándose de ese humor. Ello será de vital importancia para las próximas elecciones, sobre todo en un panorama marcado con “partidos desconocidos, candidatos cuestionados y personajes que parecen más integrantes de un reality show” que figuras políticas.
Aunque el uso del humor en política no es nuevo durante épocas de elecciones, desde hace años la sátira forma parte del ecosistema político peruano. Un claro ejemplo es el apodo de Rafael López Aliaga, conocido popularmente como “Porky”, y también el de Martín Vizcarra, con “el Lagarto”, sin olvidar el fenómeno viral del “mi bebito fiu fiu”.
“El tener un personaje oficializado sirve para suavizar en cierto modo la imagen”, destacó Mackelmann. El experto también afirmó que, al reírse de uno mismo, puede caer bien a las personas, un acto que ambos políticos realizaron con anterioridad a sus respectivos apodos. El primero lo adoptó, mientras que el segundo se burlaba y restaba importancia públicamente.
“La política cada vez va más hacia el lado del entretenimiento y menos en los contenidos. Y si hay contenidos, son muy básicos y populistas en muchos casos. Y se concentra más en los ataques. Como estrategia, si no tienes cómo convencer a la gente con sus propuestas, entonces sé entretenido”, concluyó.
Hoy, reírse de la política no implica necesariamente desinterés. Puede ser, más bien, una forma distinta de involucrarse. En un entorno digital, el humor funciona como un lenguaje para criticar y participar desde la ironía. A la par, partidos y candidatos han aprendido a apropiarse de estos códigos para acercarse a los jóvenes, adaptando sus discursos a una lógica más viral, aunque muchas veces menos profunda.
