El docente conocido en el mundo digital como el “Dr. Tilde” conversó sobre el escenario actual de la palabra, sus retos y dificultades
Por Rafael Ortega Alva
Hoy, la lengua se encuentra en un espacio atravesado por la digitalización, las inteligencias artificiales y la inmediatez de las redes sociales. En otras palabras, el español que conocemos está presenciando cambios importantes, y no necesariamente son para mejor. Por ello, conversamos con Jesús Raymundo, docente y director de la Escuela de Comunicaciones Artífice, conocido también como el “Dr.Tilde”, para reflexionar sobre esta metamorfosis que nos presenta la actualidad.
Quisiera comenzar hablando sobre la forma en la que escribimos y pensamos… Uno nos dice mucho del otro, ¿no es así?
Sí. Quien piensa claro, escribe claro. Pero no solo eso, sino que la escritura refleja también cómo organiza sus ideas, cómo trabaja con la sintaxis, cómo ordena las palabras y cuáles elige de acuerdo a los significados que desea transmitir.
Pero ello no se forma rápidamente…
Bueno, por eso es importante que, para escribir bien, se lea. Uno va decodificando diferentes textos que revisa. Leer de alguna manera es entrenar la escritura.
De todas formas, en un escenario como el que nos presenta la digitalización, ¿el “correcto escribir” no se ha relativizado?
Quizá demasiado. Ahora se está generando un problema en la comprensión de los mensajes. La comunicación escrita es un proceso intelectual. No todos aprendemos a escribir bien, porque ello exige y demanda ciertas condiciones, habilidades, competencias… Entonces, ¿qué es más sencillo para las personas? Escribir como hablan. Eso es más relajado. Más informal.
¿Y eso tiene alguna consecuencia?
Es que el ser humano no está usando sus capacidades para construir textos. No nos estamos entrenando. La llegada de la IA está trasladando las tareas que le corresponde a las personas para que este lo resuelva. No le estamos dando el valor necesario y tampoco nos interesa.
No solo no nos interesa, sino que entonces ya no es necesario
La sociedad de estos tiempos es una que está en decadencia. Estamos sufriendo cambios inimaginables. Teniendo toda la capacidad, no lo estamos aprovechando. No digo no debemos usar la IA, pero ni siquiera la sabemos utilizar.
¿Cómo así?
Si no hemos construido un pensamiento crítico, analítico y riguroso que nos permita contrastar la información, cualquier cosa que la IA escriba, la vamos a aceptar como un hecho real y válido.
¿La globalización no ha moldeado también una lengua aún más sencilla? En su época, Luis Alberto Sánchez mencionaba que el español estaba teniendo mucha influencia del inglés y que ello estaba deformando las expresiones de nuestro idioma…
El español actual no es ni mejor ni peor al de, por ejemplo, el Siglo de oro. Son otras épocas y formatos.
Pero si no hay mejor ni peor, ¿cómo es una sociedad en decadencia?
La lengua es un ser vivo. Evoluciona, cambia, se adapta, se transforma, se enriquece. Pero los dueños del idioma son los usuarios y como no le dan importancia al final será menos rica. ¿A qué conduce todo esto? Que ya no será necesaria la gramática ni la ortografía. La influencia viene de varias partes; primero el inglés, luego el francés y ahora son las tecnologías.
¿Y cómo se diferencia la última?
Estamos hablando de la involución del ser humano, porque hay tres cosas que que matan las neuronas: la droga, el alcohol y el hecho de no leer. Entonces, esta supermáquina que llamamos cerebro se va a reducir a la de cualquier animal.
Pero existen ciertos actores que la sociedad toma como referente respecto a la lengua. Quizás, entre los más importantes, los medios de comunicación… ¿no cree que estos también han contribuido al empeoramiento del idioma?
Las personas tienen el primer contacto con los textos que se leen en los medios digitales, redes sociales y, a veces, alguna prensa tradicional. Marcan el modelo, definitivamente, pero también lo hacen otros profesionales…
¿Como cuáles?
El derecho, por ejemplo. La redacción jurídica, legal, notarial. También la escritura administrativa, que se realiza mayormente en las instituciones del Estado. Son varios estilos que conviven en nuestra sociedad. Sin embargo, en estos dos casos se tratan de estilos que no se han modernizado, y los medios de comunicación beben de eso. Hoy, cuando una lengua no se se adapta a los nuevos tiempos, llega una época donde ya nadie los entiende.
¿No cree que los medios de comunicación han cambiado su formato a uno todavía más sencillo? Ya no utilizan la galería de palabras que ofrece la lengua y, teniendo en cuenta que a veces los medios son el único espacio de lectura de las personas, eso tiene un efecto…
Es cierto. En los talleres que dicto, siempre les digo a los periodistas que, les guste o no, son un modelo de escritura. Quieran o no, son docentes de cómo escribir. Ellos son responsables de cuán bien redacta una sociedad; de cuánto se contribuye a la cultura…
¿Y cuál es la realidad?
A veces me encuentro con estudiantes que han elegido la carrera de periodismo y no saben escribir. No les gusta. No quieren. ¿Qué haces en una carrera donde tu materia prima es la palabra y donde tu actividad principal es la escritura? Uno escribe guiones, notas, copies, post… Si no tienes gusto, técnica, estrategia ni que te interesa manejarla, ¿para qué estar en esta carrera?
¿Qué se requiere antes?
Que uno se emociones por una película, que se lea un cuento, una novela. Si no has escrito ni tus experiencias de joven, ¿cómo podrías escribir un copy, una micro historia o armar un reel? Ahí es donde nos damos cuenta.
Otro actor, representativo, son nuestros actores políticos, ¿también son vivo reflejo de esa decadencia en calidad de formulación de ideas, en la pérdida de la argumentación?
Es que el asunto se resume a la lectra. El político, aquí, no lee ni comprede. No abre un libro. Sus asesores elaboran los proyectos de ley o los hacen con IA. Entonces, no le interesa ni tampoco lo necesita. En el cargo en el que está no es necesario que se desempeñe de esa manera.
Tampoco se le exige
Claro, y en consecuencia solamente se encarga de conseguir los votos a como de lugar. Esa es la fórmula: campañas, dádivas, “estrategias”… Me hablabas de Sánchez, por ejemplo, y esos políticos eran diferentes. Teníamos personas que habían leído historias, que manejaban varias lenguas, conocían de filosofía, ¡Escribían libros! Nada de eso se necesita ahora. Como el elector tampoco ha desarrollado pensamiento crítico, tampoco se le pide al candidato.
¿Es un círculo vicioso?
Por supuesto, estamos reduciendo la valla. Y estos señores están tomando decisiones sobre una sociedad, futuro y felicidad. Yo estoy de salida, pero no es justificación. Tengo hijo, sobrino, estudiantes… Tengo jóvenes.
¿Esta crisis sobre la escritura no la tienen también los centros educativos?
La forma cómo se enseña no se ha adaptado a los tiempos actuales. En los colegios, los maestros están usando modelos tradicionales que no logran transmitir a las nuevas este generaciones. El problema es que no se enseña a escribir, sino más bien a a memorizar normas. Luego, las práticas son para marcar, no para generar textos. Entonces, no se forma el hábito de la escritura en los primeros momentos…
¿Y en la universidad?
Es que si en esa etapa anterior no se aprendió a utilizar bien las normas ortográficas, no se va a poder resolver luego. A veces llegan jóvenes que no saben puntuar, por ejemplo. Algo tan básico debería ser resuelto en la educación básica regular. En la universidad se deben enseñar otras cosas. Luego, cuando egresan y salen al mercado laboral, se dan con la sorpresa de que no tienen la capacidad de resolver esos ámbitos.
Parece una mirada bastante negativa la suya, donde todo tiende hacia la destrucción de nuestra lengua, ¿no tiene algo de esperanza en todo esto?
Soy un hombre de fe. Voy a la universidad no por el trabajo, sino por lo que significa el valor de enseñar o de compartir, de sentirme útil en la sociedad. Este es mi granito y uso las redes sociales también con ese propósito. Yo creo que podemos revertir esto. La historia es cíclica.
Usted es docente y, a pesar de su esfuerzo, cada vez nota más el deterioro de la lengua, ¿no siente que es una batalla perdida?
En algún momento esto que no se está valorando lo vamos a tener muy pocos. En ese momento será como oro en polvo. He tenido experiencias muy bonitas. En la escuela donde enseño no vienen estudiantes universitarios, sino profesionales de instituciones del Estado, o personas que trabajan en empresas. Yo le dicto a adultos, no a jóvenes.
Es una motivación personal en todo caso
A mí la escritura me sacó de la pobreza. Vengo de padres analfabetos de una comunidad de campesinos y estudié en una escuelita que se caía. Soy hijo de la educación pública. El día que nos demos cuenta que la escritura es una gran herramienta en el ámbito donde nos empeñemos, creo que ahí le vamos a dar el valor, el verdadero valor.
