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¿Quién debe llevar el condón?

[ Foto: Cynthia Carmen / Chat GPT ]

El preservativo masculino es barato y fácil de conseguir, pero pocos lo usan de manera constante. Esto abre una pregunta social: ¿a quién se le atribuye la responsabilidad de llevarlo?

Por Cynthia Carmen, Sebastián Muñiz y Michelle Hemmerde 

Imagina esto: un hombre comprando un condón y, al mismo tiempo, una mujer llevando uno. ¿Por qué una escena parece más habitual que la otra? De acuerdo con la Fundación del Cuidado contra las ITS Perú (AHF por sus siglas en inglés), el 14% de los hombres y el 8% de las mujeres usa siempre un condón en cada relación sexual.

Esta cifra muestra un indicador preocupante, ya que para las personas con una vida sexual activa supone un riesgo de embarazo no deseado o contraer una enfermedad. Inclusive, evidencia las falencias en la prevención y la educación sexual dentro del país. En el Día Internacional del Condón, esta comparación abre una pregunta de fondo: ¿cómo distribuimos la responsabilidad del cuidado sexual?

Previene y protege, pero no se usa

El condón cumple múltiples funciones más allá de ser un método anticonceptivo. El látex tiene la función de ser una barrera para impedir la dispersión del esperma en la vagina, anulando la fecundación con el óvulo, con una tasa de 98% de seguridad.

Sin embargo, no es su único rol porque médicos, psicólogos, sexólogos, ginecólogos y urólogos avalan su efectividad para la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS). Asimismo, evita problemas ginecológicos como hongos o bacterias, cánceres como el de cuello uterino, y permite mayor libertad en la exploración de la sexualidad.

Además, otra virtud del preservativo es su obtención. De todos los métodos anticonceptivos, es el más barato, pues conseguir uno puede oscilar desde ser gratuito hasta menos de 15 soles. Por un lado, los puntos de venta son abundantes y uno puede adquirirlos en farmacias, boticas, minimarkets, gasolineras. Por el otro, a través del MINSA, todos los hospitales, centros de planificación familiar y campañas de salud los dan gratuitamente.

“Una de las cosas que les preocupa más a la generación, digamos joven, no es el miedo a una infección de transmisión sexual, sino un embarazo no deseado. Hay muchas personas que no utilizan el preservativo, o que hacen otras prácticas sexuales, para evitar un embarazo, pero no están al tanto del riesgo que hay de contraer una infección de transmisión sexual”, señaló Eirelyn Gómez Arcia, sexóloga y orientadora de parejas.

Entonces, si se habla de ello, según la experta, la educación sexual a nivel general en el Perú sigue siendo muy precaria. Sumado a eso, otra evidencia de las circunstancias precarias son la implementación de programas de Educación Sexual Integral (ESI).

Según UNICEF, solo el 9% de estudiantes de colegios públicos en Perú recibió instrucción en los 18 temas que correspondería a una educación sexual integral. Cosa que complementa un dato de AHF Perú, porque el 56% de los jóvenes no llevan un preservativo masculino al momento de tener el acto. ¿Por qué su uso es tan reducido tomando en cuenta sus beneficios?

Lo que nos aleja de protegernos

Una de las problemáticas que atenta contra la educación sexual en nuestro país son las creencias sociales que asocian la sexualidad como un tema tabú o altamente privado.

En el Perú, se moraliza la sexualidad juvenil, lo cual interfiere con el desarrollo de cada uno mientras crece. “Somos seres sexuales por naturaleza, la sexualidad es inherente al ser humano”, indicó Eirelyn.

Uno de los factores a considerar es el juego de los roles de género. Mientras que para los hombres se les atribuye el uso del condón como una responsabilidad masculina, las mujeres son estigmatizadas por asociarse con la promiscuidad.

“Incluso, se considera que si eres buena persona está ligado a cómo has llevado tu vida sexual, sobre todo en las mujeres (…) Es una buena mujer sí ha tenido una sola pareja, o si llega virgen al matrimonio. Aunque no lo creamos son conceptos que siguen en nuestra sociedad”, acotó la sexóloga.

Por otro lado, si observamos cuáles son los métodos modernos más usados por las mujeres peruanas, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar de 2021, los cuatro principales son: la inyección (18%), el condón masculino (13.4%), la esterilización femenina (10.4%) y la píldora (7.9%). De estos métodos, el único que cumple una doble función —proteger frente a infecciones de transmisión sexual y evitar embarazos no deseados— es el condón.

A raíz de ello, se instala la idea de que la salud sexual en el Perú suele vincularse principalmente con la planificación reproductiva, dejando en segundo plano la prevención de infecciones de transmisión sexual. En esa línea, la gerente social de Apropo, Constanza Paredes, coincide en que esta mirada nos limita.

“Tradicionalmente, al hablar del condón, hacemos referencia a la prevención de embarazos (…) Nos hemos olvidado de esta otra conversación que es una conversación de salud pública y que además está muy relacionada con los temas de VIH”, señaló.

El estudio de la AHF en Perú también demostró que el 56% de jóvenes manifestaron que no usaban preservativo masculino debido a que no contaban con uno al momento de tener relaciones sexuales. A su vez, la sexóloga Gómez reconoció la deficiente cultura preventiva en torno a las interacciones sexuales.

“Lo que pasa es que no hay una cultura de prevención (…) Lo primero que una pareja que ya quiere establecerse debería hacer, y debería ser natural, es pedir exámenes serológicos de infecciones de transmisión sexual”, mencionó. Estas dinámicas no solo influyen en la percepción de la sexualidad, sino también en quién asume —o evita— la responsabilidad de la protección.

Tarea compartida

El condón no debería ser visto como una responsabilidad exclusiva de los hombres. La idea de que solo ellos deben llevarlo o asegurarse de su uso ha limitado la prevención y la educación sexual en el país. Sin embargo, cuando la responsabilidad se comparte, la protección frente a embarazos no planificados e infecciones de transmisión sexual se vuelve mucho más efectiva.

En este sentido, Paredes sostuvo que la corresponsabilidad no siempre se da de manera equilibrada dentro de las parejas. “El uso del condón depende de las decisiones de ambos dentro de la relación, pero las actitudes de los hombres, más que las de la mujer, predicen si se va a usar o no”, señaló.

Además, indicó que cuando el cuidado se percibe como una responsabilidad compartida, el uso aumenta de forma significativa. Para ella, hablar de prevención también implica trabajar habilidades como la negociación y el consenso, entendiendo que protegerse es una decisión conjunta y no solo de uno.

Asimismo, otro aspecto clave es que muchas personas jóvenes se preocupan más por evitar un embarazo que por protegerse de infecciones de transmisión sexual. Como sostuvo Paredes, “hay muchas personas que no utilizan el preservativo o que hacen otras prácticas sexuales para evitar un embarazo”.

El experto complemntó que incluso practican el sexo oral o el sexo anal, pero no están al tanto del riesgo que hay de contraer una infección de transmisión sexual. Esto evidencia que la información y la educación integral son fundamentales para que la prevención sea efectiva desde el inicio de la vida sexual.

Esta educación sexual integral juega un papel clave en ello, porque enseñar sobre corresponsabilidad desde edades tempranas prepara a los jóvenes para tomar decisiones informadas.

Saber cómo funciona el condón, conocer sus beneficios y reconocer la importancia de usarlo en cada relación no solo previene embarazos no deseados, sino que también protege frente a infecciones de transmisión sexual, incluyendo VIH, herpes y otras. La información científica y confiable debe estar al alcance de todos, y convertirse en un hábito tan natural como decidir ponerse el cinturón de seguridad.

Más allá de la prevención, también refleja respeto y cuidado en la intimidad. Llevarlo, sugerirlo y usarlo correctamente no debería generar vergüenza ni desconfianza, sino ser parte de una conversación abierta sobre el consentimiento y la salud sexual.

Cuando ambos integrantes de la pareja participan activamente en esta decisión, se crea un espacio de comunicación y confianza que fortalece la relación y disminuye riesgos, es decir, se convierte en un acto de conciencia social.

Cada preservativo usado correctamente reduce la transmisión de infecciones y evita embarazos no planeados, generando un impacto positivo más allá de la pareja. Reflexionar sobre esto y aplicarlo en la práctica diaria es un recordatorio de que cuidarnos es un derecho, pero también un deber hacia nosotros mismos y hacia quienes elegimos.

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