Las desigualdades regionales, la centralización de la atención oncológica y la falta de una cultura preventiva hacen que la mayoría de casos de cáncer en el Perú se detecten en etapas avanzadas, reduciendo las posibilidades de tratamiento y supervivencia.
Por Mauricio Mendoza y Cynthia Carmen
En 2022, GLOBOCAN (Observatorio Global del Cáncer) registró en el Perú 72,827 nuevos casos de cáncer y 35,934 fallecimientos, cifras que evidencian la magnitud de esta enfermedad en el país.
En el marco del Día Mundial del Cáncer, el Perú enfrenta una alta incidencia y mortalidad en relación con su tamaño poblacional, una situación que se profundiza debido a las desigualdades regionales en el acceso al diagnóstico, tratamiento y atención oncológica.
La brecha que define el pronóstico
El proceso de diagnóstico no debería comenzar cuando la enfermedad ya está fuera de control o el cáncer se ha diseminado en el organismo. No obstante, las cifras peruanas revelan que 7 de cada 10 casos son identificados en etapas avanzadas (III y IV), una situación que disminuye de forma considerable las opciones de tratamiento y las probabilidades de supervivencia.
Para Mauricio León, oncólogo y miembro del directorio de la Liga Contra el Cáncer, este número se mantiene prácticamente invariable debido a la falta de una cultura de previsión en el país. “Además de la centralización para acceder a tratamientos, en Perú no existe una cultura de prevención, entonces la gente no se chequea”, señaló.
En la misma línea, en diciembre de 2023 Oncosalud e Ipsos Perú realizaron un sondeo, donde el 49% de los encuestados señaló que nunca se ha sometido a un chequeo oncológico. En contraste, aunque la recomendación es realizar una revisión anual, solo el 24% cumple con lo indicado porque se hicieron un chequeo hace un año, seis meses o en un periodo menor.
De la misma manera, el exviceministro de Salud, José Del Carmen Sara, sostuvo que la falta de una cultura preventiva excede las labores del sistema de salud. “Es un tema que ya escapa del sistema de salud, entra al ámbito de la educación de la población (…) Hablamos de cáncer, pero podríamos hablar del autocuidado para tratar de evitar problemas de obesidad, enfermedades metabólicas, comer bien, hacer actividad física (…) Debemos reconocer que tenemos una carencia de autocuidado”, indicó el médico.
Una segunda problemática que afecta la atención de quienes padecen cáncer es que solo existen cuatro institutos con enfoque oncológico que forman parte de la red de atención para enfermedades neoplásicas: el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), el Instituto Regional de Enfermedades Neoplásicas (IREN Norte), el IREN Central y el IREN Sur.
Estas instituciones se ubican en Lima, Trujillo, Junín y Arequipa, respectivamente, lo que evidencia una oferta limitada y una marcada brecha territorial, ya que ninguno de estos centros se encuentra en la Amazonía debido a que el IREN Central está situado en la zona andina.
Tratamientos que no llegan a tiempo
Ante el panorama de establecimientos de salud en el país, en la gran mayoría de casos, las personas que padecen cáncer se ven en la obligación de viajar a alguna de estas entidades para tener acceso a un tratamiento oncológico. Según el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC Perú) del Ministerio de Salud (MINSA), en 2025 se registraron 2,848 nuevos casos de cáncer en los departamentos de la selva, de los cuales el 44.14% están en III y IV etapa.
Este dato no solo refleja una cantidad de personas en una etapa avanzada, sino que también, como la zona geográfica de residencia, termina siendo un factor de riesgo para el cáncer. León determinó que las dificultades en cuanto infraestructura sanitaria y la falta de una red integral de salud en todo el Perú retrasa constantemente los tratamientos oncológicos.
“Es por eso que las estadísticas nos hablan de que una paciente, por ejemplo, de cáncer de cuello uterino, detectada en Tacna, tiene cuatro veces más posibilidades de morir que la misma paciente con el mismo cáncer y con el mismo estado en Lima. En un país tan centralizado, el hecho de residir en un sitio es un factor de riesgo para cáncer, y eso no debería ser”, comentó nuevamente León.
Frente a esto, el problema se amplifica también al tipo de tratamiento que finalmente reciben los pacientes. Según Del Carmen, el sistema sanitario peruano enfrenta el desafío de incorporar terapias oncológicas de última generación. “Ya no basta con simplemente utilizar las formas tradicionales de tratar la enfermedad, y con justo derecho la población aspira a recibir los mejores tratamientos que actualmente la ciencia ofrece, como son los tratamientos biológicos”, señaló.
Sin embargo, estos tratamientos son altamente costosos, de compleja importación y con debilidades regulatorias en el país. Por ello, se limita su disponibilidad y profundiza las brechas existentes entre Lima y las regiones.
El escenario en cuanto a las formas de tratamiento en el país es aún incierto. León explicó que la tecnología en tratamiento oncológico avanza, como por ejemplo la reciente adquisición del robot Da Vinci, que asiste en cirugías complejas como en las de pelvis o de próstata. Sin embargo, esta maquinaria avanzada ya se utiliza hace más de una década en países de la región, lo que evidencia un desfase tecnológico respecto al tratamiento del cáncer.
Esta brecha entre el avance médico y su disponibilidad real se refleja en la percepción de la ciudadanía. De acuerdo con el informe de servicios de salud de IPSOS 2025, el 49% de los peruanos considera que el acceso al tratamiento y los largos tiempos de espera son el principal problema del sistema de salud.
En el caso del cáncer, estas barreras no solo retrasan el inicio de las terapias, sino que incrementan el desgaste físico, emocional y económico de los pacientes y sus familias, con énfasis en aquellos que deben trasladarse desde las regiones hacia la capital para continuar con su atención.
Avanzar sin dejar a nadie atrás
El Estado peruano actualmente cuenta con distintos mecanismos orientados a la atención oncológica. El Seguro Integral de Salud (SIS) es el principal sistema de aseguramiento público y está dirigido a la población en situación de pobreza o vulnerabilidad, cubriendo consultas, exámenes, procedimientos y tratamientos, incluidos los oncológicos.
En esa misma línea, el Plan Esperanza, creado en 2012, fue diseñado para garantizar el acceso al diagnóstico, tratamiento y seguimiento del cáncer, con énfasis en la atención gratuita para los pacientes afiliados al SIS y en la reducción de la mortalidad por esta enfermedad. Además, si es que se habla de planes de salud oncológica gratuita, es lo que más resalta en los últimos años por parte del Estado.
No obstante, para Del Carmen, la existencia de estos programas no son suficientes si el sistema de salud continúa operando de manera fragmentada. A su juicio, el principal problema radica en que los servicios no funcionan como una red articulada, lo que impide que los pacientes accedan al establecimiento más cercano o al mejor equipado para resolver su caso. Si bien en otros países se ha planteado la unificación de todos los sistemas de salud, la experta detalló que, en el Perú, ello resulta inviable desde el punto de vista constitucional.
Frente a esta limitación, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han impulsado el modelo de redes integradas de servicios de salud, que propone articular establecimientos públicos, privados, de las Fuerzas Armadas y de la Policía. El objetivo es que las personas puedan recibir atención preventiva cerca de su domicilio y, cuando se trate de enfermedades complejas como el cáncer.
Esto permitiría acceder al centro resolutivo más adecuado de su jurisdicción, independientemente de si este pertenece al Ministerio de Salud, EsSalud o al sector privado, dejando el financiamiento a cargo de las entidades aseguradoras.
“Integrar Ministerio con Ministerio, no integra nada. Esta articulación del sistema es lo que se denomina integración de redes de servicios de salud. La verdadera integración de redes, que yo considero, se podría hacer si queremos caminar paso a paso, inicialmente solo para el tratamiento del cáncer”, explicó el exviceministro.
Por otro lado, León advirtió que mientras estas reformas estructurales no se implementen, el acceso al tratamiento seguirá dependiendo de factores como la capacidad económica. “Si no hacemos algo ahora, en 20 años se seguirá diciendo lo mismo. ¿Quién se cura? El que tiene dinero, el que está en Lima, el que tiene medios. Entonces, el cáncer no es una enfermedad democrática”, afirmó.
Ante la escasez de infraestructura diagnóstica en regiones, León impulsó la creación de la asociación sin fines de lucro MAUCHIS, que recorre distintas partes del Perú con un bus con máquinas de mamografía y ecografía para realizar chequeos gratuitos. A través de telemedicina, los exámenes son evaluados por especialistas a distancia, reduciendo los costos de traslado y acercando el diagnóstico a poblaciones que, históricamente, han quedado fuera del sistema.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, el debate no se limita a la existencia de iniciativas, sino a la capacidad del país para articular un sistema que garantice tratamientos dignos frente a este padecimiento. Mientras el acceso al diagnóstico y a la medicación dependa del lugar donde se vive o de los recursos económicos de cada paciente, el cáncer seguirá evidenciando las profundas desigualdades del sistema de salud peruano.
