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100 años de la televisión: de la pantalla al streaming

La televisión ha sufrido diversas variaciones dentro de su propósito, considerándose desde un mero experimento por contados científicos a ser contemplado por una audiencia numerosa que cada día se multiplica más.

Por: Luis Estuco y Alfonso Nieto

Se conmemoran 100 años desde la primera presentación pública de la televisión en Londres. En manos del científico escocés John Logie Baird, lo que inicialmente fue un experimento para reproducir imágenes a distancia se convirtió progresivamente en un medio de comunicación masivo.

A lo largo de su desarrollo, la televisión transmitió acontecimientos históricos, eventos deportivos en tiempo real y producciones audiovisuales que alcanzaron audiencias globales. De este modo, cumplió funciones informativas, educativas y de entretenimiento para millones de personas en distintos contextos sociales.

Con el avance de internet, el consumo de televisión de señal abierta ha disminuido. Según un informe de 2025 elaborado por The Lima Consulting Group para el Consejo Consultivo de Radio y Televisión (CONCORTV), en el Perú el consumo de contenidos por señal abierta descendió al 25.3%, mientras que el streaming alcanzó el 51.6%. A ello se suma el uso extendido de redes sociales, que llega al 88.6% de la población. Ante estos datos, resulta pertinente analizar el rol actual de la televisión en el ecosistema mediático.

La adquisición del lenguaje

La televisión surgió como el resultado de una búsqueda científica orientada a la transmisión de imágenes a distancia. Desde finales del siglo XIX, investigadores de Estados Unidos y Europa desarrollaron sistemas mecánicos para experimentar con la descomposición y transmisión de imágenes. Entre ellos destacó el ingeniero alemán Paul Nipkow (1860-1940), quien creó en 1884 el disco de exploración lumínica, considerado el primer antecedente del sistema televisivo.

Durante los primeros años de la década de 1920, varios investigadores intentaron perfeccionar esta tecnología. Fue el escocés John Logie Baird (1888-1946) quien, en su laboratorio de Londres, logró transmitir imágenes de un ambiente a otro mediante un sistema mecánico de 30 líneas de resolución y 12.5 imágenes por segundo.

La primera demostración pública de este sistema se realizó el 26 de enero de 1926 en la Royal Institution, donde se proyectaron imágenes con movimientos simples, como expresiones faciales.

Posteriormente, la televisión amplió su alcance más allá del ámbito experimental. En 1928 se efectuó una transmisión desde la estación W3XK, en Washington, Estados Unidos. Al año siguiente, la BBC de Londres inició el primer servicio regular de televisión. Durante la década de 1930, el uso del televisor comenzó a extenderse a los hogares.

De esta manera, con el paso del tiempo, la televisión consolidó una producción de contenidos propia, basada en formatos regulares como los noticieros, las series y los programas de entretenimiento, que siguieron estructuras narrativas regulares y programación periódica orientada a audiencias masivas.

Con el desarrollo de las plataformas digitales, los contenidos asociados históricamente a la televisión comenzaron a distribuirse en distintos dispositivos. Según el informe TV o Digital: Qué está ganando audiencias globales (abril del año pasado), las audiencias combinan el consumo de series en computadoras portátiles, noticias en teléfonos móviles y eventos en vivo en televisores tradicionales.

En relación con este proceso, Giancarlo Capello, docente e investigador especializado en cine y televisión de la Universidad de Lima, señaló que “la televisión ha pasado de ser un aparato a ser un lenguaje”, al referirse a la continuidad de formatos televisivos en distintos soportes. El estudio citado indica además que este fenómeno no supone la desaparición de la televisión abierta, que mantiene audiencias relevantes en contenidos como deportes en vivo, series y noticias locales.

Televisión en el Perú

En Perú, la televisión llegó de manera experimental en 1939, con emisiones realizadas durante una exposición electrónica en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, a través del canal 3. Posteriormente, en 1951 se efectuó otra prueba en el Gran Hotel Bolívar, esta vez transmitida por el canal 7.

La televisión comercial se inició en 1958 con la primera transmisión en vivo en el país, marcando el inicio de un medio que integraría noticias, educación y entretenimiento en la vida cotidiana. En sus primeros años, tener un televisor en casa era un lujo al que pocos podían acceder. Aunque la producción nacional era limitada y la programación incluía numerosos programas extranjeros, con el tiempo se desarrolló gradualmente una producción local, construyendo una identidad televisiva propia.

Durante las primeras décadas, los programas educativos y culturales se consolidaron como espacios importantes tanto para la formación como para el entretenimiento. En la década de 1970, la llegada de la televisión a color y la dictadura militar influyeron en la orientación de los contenidos, lo que se reflejó, por ejemplo, en el fortalecimiento de los canales educativos con una marcada presencia política.

Con la llegada del cable en los años 90, los sectores de mayores ingresos migraron hacia estos nuevos servicios, mientras que la televisión abierta quedó concentrada en audiencias de menores ingresos. En ese contexto surgieron los “cómicos ambulantes”, programas de bajo costo inspirados en la vida de los barrios populares.

Según Eduardo Villanueva, docente de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú, estos espacios surgieron como una solución económica frente a la crisis de la televisión peruana, debido a la falta de recursos para producir programas costosos y al crecimiento del cable. 

“Hubo una crisis de credibilidad y también una crisis económica. En algunos casos, se optó por lo más barato, como los cómicos ambulantes. No vale la pena gastar mucho dinero cuando se puede obtener ganancias a bajo costo. De ahí no se ha recuperado completamente la televisión peruana”, señaló Villanueva. 

Durante los años noventa, estos programas pasaron de reflejar humor callejero a ocupar un lugar estable dentro de la televisión peruana. Su popularidad estaba relacionada con la audiencia a la que se dirigían y su bajo costo de producción, que permitía a los canales mantener ingresos publicitarios. A diferencia de otros formatos como telenovelas o series, los cómicos ambulantes requerían una inversión mínima, consolidándose como una opción recurrente dentro de la programación y generando parrillas basadas en formatos ya probados.

Por su parte, Carlos Cornejo, periodista de La República con experiencia en televisión, señaló que la televisión peruana no ha apostado por nuevas propuestas en años recientes debido a limitaciones económicas y de inversión. Esta situación se refleja en la programación actual de la televisión abierta, donde predominan formatos que se mantienen vigentes con cambios mínimos. Concursos, magazines y programas de entretenimiento como Esto es guerra, Yo soy, América Hoy o En boca de todos siguen esquemas ya probados, centrados en competencia, espectáculo y farándula.

TV y streaming 

Tras décadas de dominio, la televisión abierta enfrenta un cambio profundo con la expansión del streaming, un formato que permite al espectador elegir qué ver, cuándo y dónde hacerlo. A diferencia del medio tradicional, cuya programación está sujeta a horarios fijos y a una alta presencia publicitaria, las plataformas digitales ofrecen una experiencia más flexible y personalizada, modificando los hábitos de consumo audiovisual, especialmente entre las nuevas generaciones.

Según un estudio anual de hábitos de consumo de la autoridad británica Ofcom, realizada en el 2024, jóvenes de entre 16 y 24 años (48%) ven televisión tradicional cada semana, lo que representa una caída significativa frente al 76% registrado en 2018. En países como Estados Unidos, el proceso se encuentra aún más avanzado: las plataformas de streaming concentraron el 38.3% del tiempo total de visualización televisiva, superando al cable (28.1%), evidenciando una preferencia por consumir contenidos bajo demanda y con mayor control sobre la experiencia. 

Pese a este escenario, la televisión continúa teniendo relevancia en países como el Perú, sobre todo en las regiones, donde sigue siendo uno de los principales medios de información y entretenimiento. De acuerdo con CONCORTV, el televisor está presente en casi el 96% de los hogares peruanos y la población dedica, en promedio, más de cuatro horas diarias a su consumo. 

“Probablemente la curva de descenso de la televisión va a demorar. Somos un país con una tendencia conservadora y, en las regiones, la televisión todavía mantiene una fuerte presencia”, señala Carlos Cornejo. Según el informe consultado, el 72% de la ciudadanía ve televisión local al menos una vez por semana, con altos niveles de satisfacción fuera de la capital, lo que refuerza su rol social.

Tras más de 100 años de historia, el futuro de la televisión es incierto, pero no necesariamente terminal. En un escenario donde distintas plataformas conviven, el consumo audiovisual se ha diversificado y exige que medios y marcas ajusten sus estrategias, articulando la televisión tradicional con las dinámicas del entorno digital. Más que un declive definitivo, este contexto evidencia un proceso de adaptación de un medio que marcó a generaciones y que hoy busca redefinir su rol dentro del ecosistema mediático contemporáneo.

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