De la Guerra Fría al siglo XXI: el retorno del discurso nuclear

[Foto: Agencia EFE]

El tablero geopolítico se encuentra nuevamente en tensión tras el anuncio de un nuevo armamento nuclear ruso y la inmediata respuesta de Estados Unidos.

Por Alexandra Jave y Rafael Ortega

Pareciera que las armas nucleares hubieran vuelto a despertarse, debido a que Vladimir Putin y Donald Trump han iniciado y ordenado, respectivamente, los ensayos atómicos. Tras más de tres décadas de silencio en materia nuclear, el mandatario norteamericano ordenó al Pentágono reanudar las pruebas con armas de destrucción masiva, pocas horas después de que el líder del Kremlin celebrara el éxito del Poseidón, un dron submarino de propulsión nuclear capaz de portar una ojiva termonuclear y esquivar cualquier defensa.

Con estas palabras, Putin informó sobre el hecho durante una reunión con militares heridos en la guerra de Ucrania. “Hemos realizado una nueva prueba de otro sistema prometedor, el submarino no tripulado Poseidón, también de propulsión nuclear”. Del mismo modo, comentó que, “por velocidad y la profundidad en que navega, este aparato no tiene análogos en el mundo y difícilmente los tendrá próximamente”. Ante ello, Trump respondió a través de Truth Social. “Debido a los programas de prueba de otros países, he instruido al Departamento de Guerra para que comience a probar nuestras armas nucleares en igualdad de condiciones”.

Estados Unidos realizó su último ensayo en 1992 y, aunque firmó el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT) en 1996, nunca lo ratificó. Rusia hizo su última prueba en 1990 y retiró su ratificación del tratado en 2023, alegando la necesidad de mantener la paridad estratégica con Washington. De esta manera, ambas potencias han reavivado la preocupación de que los límites que contuvieron la carrera nuclear por más de 30 años estén comenzando a desmoronarse y despertando el temor de que una nueva carrera armamentista se esté asomando.

¿Un regreso a la carrera armamentística?

Ante las declaraciones de Trump, la pregunta sobre el inicio de una nueva carrera armamentística o el regreso de lo que fue la Guerra Fría ha vuelto a surgir. Al respecto, el Dr. Ira Helfand, miembro de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, indicó para medios estadounidenses que, si el escenario escala, podría existir una inestabilidad marcada por la reanudación de pruebas nucleares por otros países.

“Las declaraciones de Trump son una reacción porque él tiende a responder de manera poco racional (…) Básicamente quieren mostrar su poderío frente a potencias como Rusia y China”, explicó el internacionalista y docente, Francisco Belaúnde Matossian. Además, recalcó que, a pesar de las intenciones de reanudar “inmediatamente” las pruebas nucleares, lo cierto es que las condiciones en las que se encuentra Estados Unidos no dan para un avance tan rápido. “Así como parecen estar, todo indica que se quedará allí”, añadió. 

Sin embargo, dentro del panorama internacional, aparte de las potencias de Rusia y Estados Unidos, también entra China como un factor importante. De hecho, según la Agence France-Presse, el país de Xi Jinping se encuentra tercera en materia de arsenal nuclear (600 valijas), solo detrás de las naciones de Putin (4,309) y Trump (3,700). Según Belaúnde Matossian, la intención es que, en la próxima década, el país asiático tenga la misma cantidad de armamento que los países que actualmente lo superan.

En medio de estas tensiones, el domingo 2 de noviembre, Donald Trump afirmó que Rusia y China estaban haciendo pruebas nucleares en secreto, justificando así que él también lo pueda hacer. Sin embargo, al siguiente día, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Mao Ning, descartó completamente dicha información y expresó su esperanza en que Estados Unidos cumpla con los tratados internacionales. 

Supremacía en disputa

Más allá del poder destructivo de las armas, la verdadera batalla parece librarse en el terreno del discurso. Por lo mismo, surge la interrogante alrededor de la retórica nuclear y su posible trasfondo como herramienta política.

Defendiendo a Trump, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, aseguró que era “responsable” retomar los ensayos. “El presidente ha sido claro: debemos tener una disuasión nuclear creíble. Reanudar las pruebas es una forma responsable de hacerlo», declaró para medios.

Para el internacionalista Andrés Paredes, la orden de Trump no respondería a una lógica de defensa, sino a una de exhibición de poder. “La demostración de fuerza es algo muy característico de Trump. Es la fuerza bruta, el poder duro. El mayor poder duro que tiene Estados Unidos junto con otras potencias es su armamento nuclear”, enfatizó.

Asimismo, el experto señaló que recurrir al arma nuclear evidencia la debilidad de un país. “En el fondo, hay una percepción interna en Estados Unidos de estar debilitándose militarmente en su papel de primera potencia, y por eso necesita mostrar su músculo nuclear de una manera innecesaria”, agregó. En suma, Belaúnde Matossian denotó que Trump es una persona que reacciona de manera no racional, sino emotiva muchas veces. “Debido a que uno no ordena una prueba como una medida de represalia por lo que otro país ha hecho, no tiene mucho sentido”.

Por el lado oriental, Putin resaltó las bondades de Poseidón. “Este supera significativamente las del misil intercontinental Sarmat, capaz de portar 10 a 15 ojivas nucleares de guiado individual”. Además, destacó que, “por primera vez, fue posible no solo lanzarlo desde un submarino portador utilizando un motor auxiliar, sino también poner en marcha su sistema de propulsión nuclear”.

A diferencia del presidente ruso, Paredes sugirió que el Poseidón tiene un propósito más que nada de atemorización de las democracias occidentales “Es un arma con un fin propagandístico más que militar, sirve para ejercer presión sobre la opinión pública de las democracias occidentales respecto a su apoyo a Ucrania”, agregó.

Más que una cuestión de defensa, los recientes anuncios de ambos mandatarios parecen formar parte de una disputa simbólica por la supremacía global. Sin embargo, resulta conflictivo cuando una figura presidencial podría estar manipulando cifras o exagerando capacidades. Tal es el caso del presidente norteamericano, quien aseguró que Estados Unidos tiene más armas nucleares que cualquier otro país.

No obstante, esa afirmación es inexacta, ya que, según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Rusia dispone de 4,309 ojivas nucleares desplegadas o almacenadas, frente a las 3,700 de Estados Unidos y 600 de China.

Por lo mismo, Paredes afirmó que “es parte del modus operandi de Donald Trump: soltar datos abiertamente falsos. Su rigurosidad es nula, y todo juega en torno a una retórica siempre amenazante o de autoelogio”. En ese sentido, la retórica nuclear se convierte no solo en una herramienta de poder, sino también en un recurso político que, al distorsionar la realidad, puede elevar las tensiones globales.

Debilitamiento internacional

En 1996 se presentó el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE) con el fin de que los países detengan el desarrollo de potenciales armas que puedan significar un mayor peligro futuro. No obstante, el acuerdo jamás ha entrado en vigencia, pues se necesita que todas las naciones que poseen esta línea armamentística lo ratifiquen. ¿Cuáles no lo han hecho? Estados Unidos, China e Israel, por ejemplo. En 2023, el apoyo al tratado tenía 186 firmas, de las cuales 177 habían sido rectificadas.

“Sería un golpe enorme para el tratado que Estados Unidos vuelva a realizar ensayos nucleares, porque haría probable que Rusia también lo haga”, indicó Paredes. El internacionalista detalló que otro de los peligros se encuentra en el inicio de una carrera armamentista en estados que, a la fecha, no cuentan con arsenal, rompiendo todo tipo de compromiso.

A pesar de los intentos por contribuir con la paz y la seguridad de los países, ello no ha impedido el incremento de armamento en algunas potencias. Según un informe de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN), en 2022 se gastaron 82,900 millones de dólares entre 9 estados para la creación y modernización de su arsenal. La mitad de ese dinero le correspondió a Estados Unidos.

“Creo que el mayor riesgo ahorita, en este momento, es que Rusia utilice un arma atómica en Ucrania”, señaló Belaúnde Matossian. Si bien el internacionalista mencionó que, en el peor de los casos, otras naciones podrían empezar a hacer pruebas nucleares y obviar los tratados internacionales, actualmente el énfasis está en lo que el Kremlin podría hacer.

El escenario indica que las declaraciones del presidente norteamericano son más una reacción que una acción en sí. Sin embargo, considerando las tensiones a nivel internacional con el crecimiento acelerado de China o los conflictos relacionados con Rusia, nada descarta que en los siguientes años existan cambios.

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