Últimamente, centenares de niños y adolescentes retornaron a la virtualidad debido a la ola de extorsiones en los centros educativos de Lima. El acecho de la criminalidad contra las aulas despierta preocupación y alarma.
Por Valentina Carranza
A finales del 2024 y a inicios del presente año, ya aparecían indicios de la amenaza de la criminalidad en las entidades educativas. Así ocurrió el pasado 14 de octubre, cuando un docente del centro educativo Julio C. Tello, ubicado en Ate Vitarte, fue asesinado en la entrada del colegio en el que laboraba, frente a sus estudiantes. Y aunque la prensa informó que el profesor estaba inmerso en acciones delictivas, otro acto similar se repitió en La Libertad, cuando el director de la Institución Educativa Nro. 80666 fue acribillado a balazos en la habitación en la que descansaba, dentro de las instalaciones de la escuela.
Actualmente, se calcula que son más de 450 los colegios reportados bajo amenaza de extorsión en el país, según la Asociación Nacional de Colegios Privados (ANACOPRI). Entretanto, el Colectivo Educar con Libertad menciona que cerca de 320 escuelas han tenido que cerrar sus puertas. La principal ola se ha desatado principalmente en los distritos de Comas, Villa el Salvador, Villa María del Triunfo, San Martín de Porres y San Juan de Lurigancho.
En este panorama de violencia, quienes quedan desamparados son los niños y los adolescentes. Sus aulas de clase no solo han quedado reducidas a reuniones virtuales, sino que dichos espacios digitales tampoco son suficientes para mantenerlos protegidos. Esto se demostró cuando unos sicarios consiguieron acceder a una clase de Zoom para amenazar a un profesor del colegio Pitágoras ubicado en Los Olivos, causando un grave impacto psicológico en los alumnos.
Daños psicológicos profundos
Bertha Cajas Bustamante, psicóloga de niños y adolescentes, declaró a Nexos que se plantean tres efectos. “Uno es el estrés que se genera ante un peligro inminente, que es el medio de defensa del ser humano y también el nivel más bajo. El otro es el trauma, que, por ejemplo, puede ocurrir cuando el niño escucha el ruido de una bala o se percata de las extorsiones que recibe su colegio. El tercero es el más grave, el estrés postraumático, el cual implica un trastorno”, detalló.
En los niños, los elevados niveles de cortisol, conocido comúnmente como la hormona del estrés, producen efectos negativos que repercuten en el aprendizaje. Cajas expresó que las consecuencias podrían ir desde el déficit de atención, afecciones a nivel cognitivo y emocional, y dependiendo de la situación, ansiedad y ataques de pánico.
Marisa Elejalde, miembro de la Asociación de Nidos y Guarderías Privadas del Perú (ANGP), recalcó a este medio cómo la normalización de actos violentos afecta a niños que se encuentran en la primera infancia. “El niño ve cómo está, y si hay algo que no lo deja tranquilo. Nota ese algo que no sabe identificar, que no le deja estudiar, jugar y relacionarse con tranquilidad”, denotó.
Dichas implicaciones tienen una respuesta todavía más grave, puesto que los escolares tienen que someterse a tratamientos más largos por la exposición con la violencia. “Los niños no entienden, solo comprenden el terror. Les afecta la autoestima y les genera un sentimiento de desesperanza”, recalcó, por su parte, Cajas.
El impacto de los entornos violentos
Un dato no menor, recolectado en el informe de la UNICEF del 2023, es el crecimiento de los delitos cometidos por menores de edad. Si bien la tasa dictó que solo uno de cada 100 de estos cometen actos delictivos, la noticia abre una interrogante sobre aquellos niños que se integran a bandas criminales. La convivencia con entornos violentos, en los que jóvenes y niños perciben la impunidad, provoca un deseo de imitar las figuras de poder para defenderse de lo que les hace sentir desprotegidos.
“Muchos niños, no digo todos, pueden llegar a caer en ese círculo de violencia. Van a imitar, y entre más pequeños sean, más afectará la percepción que tienen”, sostuvo Cajas, y agrega que la imitación de comportamientos violentos no necesariamente implica un acto delictivo. Este cambio e imitación se manifiesta en el comportamiento. Esos niveles de cortisol, elevados por el estrés, el trauma o el estrés postraumático, genera un comportamiento más irritable, lo que podría ocasionar, a mediano plazo, un bajo rendimiento académico, el abandono escolar y el ingreso a bandas delictivas.
Hace un mes, el ministro de Educación, Morgan Quero, anunció un plan piloto de seguridad en los distritos de Lima Norte, junto con capacitaciones a cargo del Ministerio del Interior. No obstante, declaraciones del mismo a la prensa dejaron entrever que no habrá una pronta solución. Quero pidió a los directores de los 450 colegios extorsionados a formalizar las denuncias y utilizar los canales virtuales ofrecidos por el MINEDU para no perder clases. “La PNP solo ha recibido un total de 28 denuncias formales, cuando son 177 los colegios identificados en riesgo de extorsión”, agregó.
Mediante un comunicado, la Defensoría del Pueblo manifestó su preocupación por las coacciones. La entidad solicitó al gobierno medidas concretas para frenar este problema, y una mayor coordinación entre el MINEDU y el Ministerio del Interior, cuyo titular, Julio Díaz Zuleta, mencionó que la tranquilidad llegaría en los “próximos cuatro meses”.
Seguridad propia
Giannina Miranda Lazo, representante del Colectivo Educar con Libertad, reveló a Nexos que algunos colegios privados decidieron tomar sus propias medidas de seguridad. “Los que han podido, obviamente, han contratado vigilancia privada, pero se debe analizar por cuánto tiempo es posible mantenerla durante el año educativo”, explicó.
Asimismo, Miranda Lazo expresó que su institución se ha unido con las asociaciones de padres de familia, aunque pretender que estos se organicen para enfrentar a un extorsionador es bastante complicado. “Tenemos todas las medidas que podamos; sin embargo, eso no garantiza que no vaya a pasarnos algo”, finalizó.
Hace algunas semanas, el gobierno propuso la salida de las Fuerzas Armadas para apoyar a la PNP en las calles. Aún así, muchos colegios han pasado a la virtualidad y otros han tenido que cerrar sus puertas, perjudicando al último bastión de un país: los niños.
Trabajo realizado en el curso de Técnicas para Reportajes.