Los guardianes que la naturaleza necesita

[Foto: Perú Travel, oso andino de anteojos]

Desde planes nacionales y estudios con cámaras trampa hasta alianzas con poblaciones locales, distintas iniciativas buscan convertir la protección de las especies amenazadas en un esfuerzo sostenido.

Por Alexia Alegría

La fauna silvestre del Perú enfrenta amenazas que avanzan mientras todavía existen vacíos de información sobre las especies que habitan en sus distintos ecosistemas. En algunas zonas del país aún no se ha logrado registrar toda la diversidad de animales, lo que dificulta conocer el estado de sus poblaciones y determinar cuáles podrían encontrarse en riesgo. A esta situación se suma la pérdida de bosques por actividades como la tala ilegal, la expansión agrícola y la apertura de caminos, que transforman los espacios donde viven numerosas especies.

Estos cambios no solo reducen los hábitats disponibles, sino que también alteran el comportamiento de los animales. Algunos mamíferos modifican sus hábitos alimenticios o se desplazan hacia territorios donde antes no se les encontraba, en busca de alimento y refugio. Frente a este escenario, la conservación de la fauna silvestre plantea el desafío de mejorar la investigación, fortalecer las áreas protegidas y promover acciones que permitan preservar los ecosistemas antes de que su deterioro afecte aún más a las especies que albergan.

Estado de la fauna silvestre peruana 

El estado de la fauna silvestre es una preocupación a nivel mundial. Según el informe Planeta Vivo 2026 del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), las poblaciones monitoreadas de vertebrados disminuyeron, en promedio, un 73% entre 1970 y 2022. En América Latina y el Caribe, la caída alcanzó el 95%. Aunque estas cifras no representan una medición específica del Perú, evidencian la magnitud de la pérdida de biodiversidad en la región.

Pero en el caso peruano, todavía existen limitaciones para determinar con precisión cómo han cambiado las poblaciones de animales silvestres. Antonio Tovar, especialista en manejo de fauna silvestre, áreas naturales protegidas y ecoturismo, explica que no se ha realizado una evaluación a nivel nacional que permita medir esta disminución. La falta de información dificulta establecer qué especies están perdiendo individuos y en qué magnitud. Como señala: “No tenemos esa capacidad técnica para poder recoger la información y verificar que evidentemente eso está ocurriendo, todo el trabajo es voluntario y la gente no tiene la disposición”.

Otro indicador de este panorama es la lista nacional de especies amenazadas, cuya última actualización se realizó en 2014 y que reúne alrededor de 530 especies en las categorías de peligro crítico, en peligro y vulnerable. Sin embargo, el aumento de registros no significa necesariamente que las poblaciones hayan empeorado, ya que también responde a nuevos descubrimientos y a una mayor atención a grupos que antes recibían poca investigación. Tovar precisa que “las listas han ido creciendo, pero no necesariamente porque los animales estaban cada vez peor, sino porque se han descubierto nuevas especies en los últimos años y hay grupos a los que antes no les dábamos importancia, como los anfibios, roedores, murciélagos y reptiles”.

Así, aunque el Perú alberga una gran diversidad de fauna silvestre, aún no se cuenta con información actualizada que permita conocer con certeza la situación de todas sus especies. Los registros disponibles muestran que cientos de ellas ya se encuentran en alguna categoría de amenaza, mientras que otras todavía requieren mayor investigación.

Las principales amenazas

La pérdida de hábitat es una de las principales amenazas para la fauna silvestre en el Perú. La deforestación, la expansión de terrenos agrícolas y la apertura de caminos y trochas modifican los espacios naturales y reducen los recursos disponibles para distintas especies. A estas presiones se suman actividades como la minería ilegal y los incendios, que también contribuyen a la degradación de los ecosistemas.

Maggie Noblecilla Huiman, especialista en mastozoología, ha identificado estos cambios durante sus investigaciones en zonas de Yungas, donde realizó un seguimiento de aproximadamente 12 años y recogió testimonios de pobladores. Desde su experiencia, la intervención humana transforma progresivamente estos territorios: “La afectación, en primer lugar, es la deforestación, que sigue avanzando. También está la tala ilegal, la apertura de campos extensos para cambiar los cultivos y la construcción de trochas para comunicar a diferentes comunidades”, explica.

En su investigación, Noblecilla identificó pequeños mamíferos que habían cambiado sus hábitos alimenticios tras la pérdida de cobertura forestal. Algunos, que normalmente se alimentaban en los árboles, comenzaron a buscar recursos en el suelo. “Lo que deberíamos haber encontrado, de acuerdo con sus hábitos arbóreos, era una determinada dieta, pero esta había cambiado por una más terrestre. Sus árboles habían sido talados y tuvieron que modificar su alimentación para obtener recursos de lo que pudiesen encontrar”.

Además, gran parte de estos problemas ocurre en territorios que están fuera de las áreas naturales protegidas y que no cuentan con planes de manejo para controlar las actividades que afectan sus ecosistemas. Esto evidencia que la protección de la fauna silvestre no puede limitarse a las zonas reconocidas como reservas: también requiere atención en los espacios donde estas amenazas siguen avanzando.

¿Qué se está haciendo para proteger la fauna silvestre?

En el Perú existen distintas iniciativas para proteger la fauna silvestre, entre ellas los planes nacionales de conservación dirigidos a especies amenazadas. Antonio Tovar explica que estos se vienen desarrollando desde hace aproximadamente una década para animales como el jaguar, el oso de anteojos, el tapir, el suri y algunos primates. Sin embargo, advierte que contar con estos documentos no es suficiente, “una cosa es tener el plan, ese es el inicio. Hay que implementarlo y a veces en eso sí estamos fallando”.

De las aproximadamente 530 especies amenazadas registradas en el país, Tovar estima que solo unas 20 cuentan con planes de conservación y acciones específicas. Entre los proyectos en marcha está el estudio del tapir andino, que cuenta con una inversión de 12 millones de soles e incluye investigaciones sobre su distribución y genética. Para ello, se han instalado 200 cámaras trampa que permiten registrar el paso de estos animales y obtener información sobre su presencia en el territorio.

Por otro lado, Maggie Noblecilla resalta que la protección de las áreas naturales necesita del trabajo conjunto con las comunidades locales. Desde su participación en el proceso de creación del Parque Nacional Yaguas, en Loreto, permite complementar la labor de las instituciones encargadas de conservar estos territorios, especialmente ante la falta de personal para vigilarlos. “Las comunidades son una alianza estratégica porque ellas están involucradas en la vigilancia de estos sectores”, señala. 

La continuidad de estas iniciativas también depende de que la conservación tenga un lugar en las prioridades del Estado. En ese sentido, una de las necesidades pendientes es destinar mayores recursos a la protección de la biodiversidad, entendiendo que invertir en la naturaleza no es un gasto, sino una condición indispensable para el desarrollo económico, la seguridad alimentaria y el bienestar de las próximas generaciones.