El presunto contagio de peste neumónica en Rusia despertó las alarmas sobre un posible rebrote, sin embargo, el acceso a antibióticos reduce su probabilidad.
Por Alexandra Jave
La muerte de la investigadora rusa Daria Shipilova el pasado 2 de octubre, encendió las alarmas sobre la activación de la peste neumónica. La científica trabajaba en el Instituto Antipeste de Siberia y el Lejano Oriente, el cual está encargado de estudiar y vigilar brotes de infecciones bacterianas y virales de alto riesgo en esa localidad y regiones cercanas.
El mismo día, el gobernador de Buriatia, Alexey Tsydenov, indicó que la técnica de laboratorio había fallecido a causa de la peste. Sin embargo, las autoridades rusas comunicaron que los resultados de la autopsia no detectaron a la peste neumónica como la causa del fallecimiento, sino que había sido una “neumonía de etiología indeterminada”. Posteriormente, notificaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que no se habían registrado casos de la infección bacteriana en Irkutsk, localidad cercana a Shelekhov, lugar en donde murió Daria.
¿Qué es la peste neumónica?
Existen tres tipos de peste, las cuales son causadas por una misma bacteria, Yersinia pestis. El tipo depende de la parte del organismo afectado. La peste bubónica o peste negra, que le quitó la vida a un tercio de la población en el siglo XIV, se contagia por medio de la picadura de una pulga infectada que habita en roedores e inflama los ganglios linfáticos en la ingle, las axilas o el cuello.
En la peste septicémica, la bacteria se multiplica en el torrente sanguíneo luego de haber sido contagiada por picadura o por la complicación de la peste bubónica. Ahora, el último tipo es el que trae esta conversación a colación, la neumónica. Esta se contagia a través de la inhalación de partículas respiratorias de pacientes infectados y tiene un período de incubación muy corto, a veces de tan solo 24 horas, y puede ser mortal si no se diagnostica y trata a tiempo, según la OMS.
“La peste neumónica primaria es muy contagiosa, estamos hablando de que más de la mitad de los pacientes pueden tener un contacto que termine en una infección. Ahora, esto depende obviamente de la protección respiratoria”, señala el infectólogo e investigador de la Universidad Científica del Sur, José López.
En los últimos siete años, la OMS ha reportado 236 casos de peste neumónica, entre ellos hubo 98 muertes, provenientes de Madagascar y China. Del primer país, se notificaron 230 con 95 muertes y del segundo seis contagios con tres muertes. Sin embargo, es inherente resaltar que estos casos han sido los que se comunicaron a la OMS y tuvieron la especificación de neumónica.
Por ejemplo, la República Democrática del Congo notificó 1,893 casos desde 2019, pero no específico cuántos eran bubónicos, septicémicos o neumónicos. Además, hubo 3,860 casos sospechosos de peste de cualquier tipo comunicados a la OMS y 2,646 fueron reportados como confirmados. Algo similar pasó con Uganda y Mongolia, ya que documentaron contagios, pero ninguno clasificado como neumónico en ese conjunto de datos.
En el Perú, los años en los que se dio mayor cantidad de brotes fue en 1999 (74), 2000 (53), 2006 (34), 2010 (22), 2013 (24) y 2014 (13). El último año en el que se registraron infectados fue el 2018 con cuatro casos. Según el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud, a partir de allí ningún caso de peste se ha comunicado en el país.
¿Posibilidad de una epidemia?
La polémica alrededor de la muerte de la científica rusa Daria Shipilova surgió debido a que trabajaba en el Instituto de Investigación Antipeste de Irkutsk de Siberia y el Lejano Oriente. La causa oficial de su muerte fue catalogada como «neumonía de etiología no establecida», después de que inicialmente se investigara si la peste neumónica podría haber estado detrás de su deceso.
El instituto en el que trabajaba Daria Shipilova se encarga de investigar y vigilar epidemias, especialmente enfermedades infecciosas peligrosas. Entre sus funciones están estudiar los microorganismos que las causan, diagnosticar infecciones, vigilar focos naturales de enfermedades y ayudar a responder ante posibles brotes. En esa línea, Reuters señala que allí se investigan, entre otras, la peste, el cólera y el ántrax.
Precisamente, es un tema a cuestionar, si es que de algún modo resulta peligroso tener una bacteria viva en el laboratorio, como el de la peste neumónica, por el riesgo de que surja una fuga y provoque el contagio, ¿por qué se mantiene en tal estado?
“Es una política internacional mantener cepas para investigación, porque en el mundo todavía hay zonas que tienen brotes importantes de peste. Es importante mantenerlas, porque a partir de las nuevas herramientas moleculares, uno puede identificar fracciones del germen que sirvan para vacunas, pruebas diagnósticas, nuevos tratamientos. Es parte del desarrollo científico mantenerlas”, indica López.
En efecto, aparte del laboratorio ruso en cuestión, existen otros centros de investigación en Madagascar, Estados Unidos, Kazajistán, China, Francia y en República del Congo. Sin embargo, “es parte del desarrollo científico tener un protocolo de bioseguridad imperativo, uno entra con escafandra, respirador adicional, oxígeno portátil; es así el nivel de bioseguridad”, advierte el especialista.
Como se mencionó anteriormente, las autoridades rusas han indicado que la peste neumónica no necesariamente fue la causa de la muerte de Daria. Además, comunicaron posteriormente a la OMS que no se habían registrado casos de peste en la ciudad de Irkutsk. En un inicio, se compartió que las personas que habían estado en contacto con la científica habían sido puestas en cuarentena, sin embargo, las pruebas de detección de patógenos infecciosos peligrosos dieron negativo.
La alarma de que una nueva enfermedad llegue a estallar ha estado latente desde la pandemia de la Covid-19. Por ejemplo, lo que sucedió con la Viruela del Mono. Desde enero de 2022 hasta principios de 2026, se han registrado más de 179 mil casos confirmados en más de 145 países, pero la vacuna ya existía mientras surgió el brote. En el caso de la Covid-19, la vacuna se desarrolló en medio de la pandemia.
El tratamiento para la peste neumónica consta de antibióticos, los cuales están disponibles en más de 150 países, según la OMS. Por lo mismo, el hecho de que se genere un brote de la magnitud de la Covid o de la Viruela del Mono es poco probable.
Para que la bacteria que causa la peste llegue a desarrollar una resistencia importante a los antibióticos, “tendría que existir una exposición repetida y un uso frecuente de estos medicamentos. Esto puede ocurrir con muchas bacterias, ya que todas tienen la capacidad de volverse resistentes con el tiempo. En el caso de la peste, podría suceder si la bacteria entra en una comunidad donde hay un uso excesivo o inadecuado de antibióticos, generando presión para que aparezcan cepas resistentes”, señala Eduardo Gotuzzo, doctor especialista en Medicina de Enfermedades Infecciosas y Tropicales.
