Los estragos del Fenómeno El Niño

[Foto: Composición propia]
[Foto: Composición propia]

Con un 69 % de probabilidad de alcanzar una fuerte intensidad, el evento climático ya impacta en la pesca y amenaza la producción agrícola y el crecimiento económico del país.

Por Alexandra Jave

La emergencia del Fenómeno El Niño ya se comenzó a asomar en nuestro país. Esto no resulta una novedad, ya que el evento climático viene ocurriendo de forma periódica con intervalos que van de dos a siete años. En lo que va del siglo XXI, la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) informó que se han presentado cuatro episodios, dos de intensidad débil en 2004 y 2006 y dos de intensidad moderada en 2002 y 2009.

Sin embargo, el de este año tiene 69 % de probabilidades de ser el más fuerte desde que hay registros según indicó la NOAA, lo cual significa que podría resultar el más intenso desde 1950. Este fenómeno meteorológico implica aguas más cálidas de lo usual en el Pacífico, lluvias y posibles inundaciones, factores que ya están afectando a sectores como la pesca y agricultura en nuestro país.

Impacto en sectores

Los estragos del Fenómeno El Niño se están viendo reflejados en sectores como la pesca. De acuerdo con el Instituto Peruano de Economía (IPE), entre enero y mayo de este año, el sector acumula una caída de 31 %.

La anchoveta es una de las especies que se está viendo más afectada, este recurso está permaneciendo más cerca del litoral y a mayor profundidad de lo habitual. Por lo que, en mayo, la captura de anchoveta se redujo en 98% y en junio se dio una caída cercana al 90%. Este desempeño aparte de impactar directamente en el sector pesquero, también influye negativamente en actividades vinculadas, como la producción de harina de pescado, lo que se tradujo en menores tasas de crecimiento económico entre mayo y julio. En esa línea, en lo que va del año se ha capturado el 25% de la cuota de anchoveta, mientras que para ese mismo período en 2025 se había alcanzado el 80% .

Por ejemplo, en Pisco cerca de cien embarcaciones artesanales fueron retiradas del mar y trasladadas a tierra por pescadores que aseguran que la falta de especies y las restricciones para realizar sus actividades han reducido considerablemente sus ingresos. Solo en este departamento, casi  4 mil familias se han visto afectadas. A nivel nacional, Jimpson Dávila, director del Programa de Gobernanza Marina de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental indica que 55 mil personas se dedican a la pesca artesanal en el país, por lo que gran parte de este colectivo podría verse perjudicados al depender directamente de la disponibilidad de determinadas especies.

El sector de la agricultura no se ha podido escapar de los efectos del fenómeno. Este ámbito creció 5, 6 % el año pasado, pero el Banco Central de Reserva advirtió que este año la producción se afectaría. Según el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres, más de 1 millón 800 mil hectáreas agrícolas enfrentan un riesgo muy alto por las inundaciones y 1 millón 400 mil están expuestas  a huaicos y deslizamientos.

“El impacto va a ser creciente. Los departamentos afectados son Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad y Ancash, principalmente. No estamos incluyendo a Lima, porque el impacto sería mucho mayor, pero desde el Norte hasta Ica y la zona de Cajamarca, pegada a la costa, también son zonas afectadas”, señala para Nexos Oscar Chávez, economista y jefe del Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial de la Cámara de Comercio de Lima (CCL).

Además, indica que “esos departamentos aportan casi el 24% del Producto Bruto Interno (PBI) nacional. Casi la cuarta parte del PBI es la que está en riesgo. Y así como representa el 24% del PBI nacional, representa la tercera parte del PBI agropecuario. En pesca mucho más, es el 60%, en manufactura es el 25% y en el comercio es el 21%. Entonces, si nosotros vamos sumando sectores, vemos que va a tener un impacto importante”.

En ese sentido, el IPE advierte que el evento climático restará 0.8 puntos porcentuales al crecimiento del PBI en 2026 y 2027. Sin este impacto, la economía podría superar el 4% de expansión, pero las proyecciones se ubican en 3.3 % y 3.4 % respectivamente. Esto se traduce en dejar de generar cerca de 300 mil empleos adicionales por año, afectando principalmente a sectores como pesca y agro, además de actividades vinculadas como restaurantes y hoteles.

Respuestas y políticas públicas

Las condiciones climáticas podrían experimentar variaciones en el invierno debido a la evolución de este evento, cuya probabilidad de afectar al país se aproxima al 99 %, según señala la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno “El Niño” (ENFEN). Además, el pico del calentamiento del mar se registraría entre agosto y noviembre, aumentando el riesgo de la intensidad a finales de año y de sequías en diversas zonas del país durante el verano de 2027.

De acuerdo con los estudios realizados por EFEN, la probabilidad de que suceda el Fenómeno El Niño en un nivel fuerte es de 42 %.

Ante tal escenario, el Poder Ejecutivo constituyó la Comisión Nacional de Gestión del Riesgo del Fenómeno El Niño como órgano de decisión política y coordinación estratégica para las intervenciones de preparación y respuesta frente al peligro inminente y la ocurrencia del Fenómeno El Niño durante los años 2026-2027. 

No obstante, Raúl Delgado Sayan, presidente del gremio de Construcción e Ingeniería de la CCL, considera que la respuesta requiere una autoridad especializada que concentre las decisiones vinculadas a las obras de prevención. “Necesitamos una autoridad única. Hay una comisión de ministros, yo no digo que esté mal, pero cada uno de esos ministros tiene sus propios problemas, su propia cartera y sus propias ocupaciones, y no necesariamente son expertos en este tipo de fenómenos”, comenta para Nexos.

En esa línea, el presidente del Consejo Directivo del Centro de Estudios y Prevención de Desastres, Juvenal Medina, declara también para este medio que la atención debe desarrollarse en tres frentes.

“La primera es la gestión prospectiva, vinculada a la planificación del desarrollo y la prevención a partir del conocimiento del riesgo en el territorio. Lo que se busca es evitar que surjan condiciones de vulnerabilidad y nuevos riesgos, entendiendo que tenemos un territorio altamente sensible a una diversidad de fenómenos naturales que constituyen peligros y pueden generar situaciones de riesgo y desastres”, advierte.

Además, la segunda es la gestión correctiva, orientada a reducir los riesgos que ya existen. Desde hace muchos años, la forma en que vienen creciendo las ciudades y desarrollándose las actividades en el país ha generado condiciones de riesgo. Tenemos poblaciones que se asientan en lugares que no reúnen condiciones de seguridad, como zonas inundables, quebradas donde ocurren huaicos o áreas susceptibles a deslizamientos y expuestas a diversos peligros.

Finalmente, “un tercer componente tiene que ver con la preparación para responder ante emergencias y desastres, así como con la rehabilitación de aquello que pueda resultar afectado cuando estas situaciones ocurran”, comenta Medina.

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