Después de su propuesta de vender parte de los derechos a entidades privadas, el presidente de la FIFA ha perdido gran parte del apoyo de cara a las elecciones de 2027.
Por Matias Illescas
Después de un exitoso Mundial 2026, la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) atraviesa una de las crisis más graves de su historia institucional. Se estima que el ciclo comercial 2023-2026 –que incluye la Copa del Mundo celebrada en Estados Unidos, México y Canadá– genere ingresos superiores a los 15,000 millones de dólares, pero el problema está en la confianza de los países miembros de la federación en su presidente, Gianni Infantino.
La situación ha llevado al pronunciamiento de las federaciones de los diferentes continentes, llegando incluso a que la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) amenazara con un boicot a las competencias de la organización. ¿Cómo se ha llegado a esta situación y qué podría pasar con Infantino?
Un proyecto cuestionado
Infantino llegó a la presidencia de la FIFA en un congreso extraordinario celebrado el 26 de febrero de 2016 después de la suspensión y destitución de Joseph Blatter (presidente de la FIFA) y Michel Platini (asesor presidencial de la FIFA y presidente de la UEFA), por el FIFA Gate, el caso de corrupción más grande de la organización. Ambos fueron sancionados por recibir sobornos a cambio de derechos de televisión, compra de votos para la elección de las sedes mundialistas y lavado de activos.
En ese contexto, fue elegido el suizo-italiano Giovanni Infantino, para restaurar la credibilidad de la organización tras el escándalo. Durante esta década, su mandato se ha caracterizado por aumentar notablemente el número de torneos, como cambiar las reglas del Mundial 2026 con la implementación de 48 equipos en el torneo, pausas de hidratación y alianzas con entidades intergubernamentales como la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud.

«Infantino, desde que tomó la FIFA hace 10 años, decidió cambiarle completamente el rumbo de lo que venía con Sepp Blatter. Tomó el camino de «modernizar» el fútbol (…) pero el gran error fue sobrepasar sus ambiciones, no solamente pasar de la modernización en el juego, sino ya también en la propia estructura de las competencias», explicó Luis Fernando Restrepo, periodista deportivo.
Sin embargo, el origen de la ola de cuestionamientos hacia el presidente ha sido su proyecto denominado «FIFA Forward Enterprise», anunciado a finales de julio de este año. La idea era privatizar y vender entre un 20% y 30% de participación de los derechos comerciales de la FIFA y operaciones de grandes torneos a inversores privados para crear una filial comercial valorada en 20 mil millones de dólares con hasta 4,200 inversores privados.
Con el fin de que los 211 países miembros de la federación aprobaran la propuesta, la FIFA ofreció incentivos económicos de hasta 20 millones de dólares para inicios de 2027. Además, anunció que el presupuesto que recibe cada miembro aumentaría de 8 a 20 millones para el periodo 2027-2030 y puso el 19 de septiembre como fecha límite para aceptar el proyecto.
Asimismo, explicó que el control exclusivo de los calendarios y de la gestión se mantendría en manos de la FIFA, y que la entrada de nuevo capital ayudaría a distribuir mejor los ingresos del fútbol.
La noticia fue recibida negativamente por gran parte de la comunidad del balompié por la preocupación sobre lo que podría pasar con el deporte y rápidamente las federaciones internacionales emitieron comunicados mostrando su posición al respecto. La primera fue la UEFA, que amenazó con un boicot, afirmando que no participaría en competencias FIFA mientras la propuesta se mantuviera vigente.
«La Copa del Mundo no puede considerarse un producto de inversión. Es uno de los mayores legados deportivos del fútbol. Se ha construido a lo largo de generaciones gracias al trabajo de jugadores, selecciones nacionales y aficionados de todos los continentes. Ninguna parte de ella debería entregarse jamás a inversores privados. La Copa del Mundo no está en venta», firmaron los 55 países miembros en un comunicado.
A la UEFA se sumaron la Confederación Asiática de Fútbol (AFC), con 46 países miembros de la FIFA, y la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf), con 35 países mostrándose en contra, a excepción de México que mostró su apoyo a Infantino.
Para Juan Carlos Ortecho, editor de deportes de RPP, habían sucedido muchas cosas extrañas ahí. “Por eso es que Infantino tuvo que dar marcha atrás, porque muchas confederaciones, o tres confederaciones fuertes, que son Concacaf, la UEFA principalmente y luego la presión asiática, se pusieron muy fuertes e incluso hasta casi pedir la renuncia a Infantino», afirma el periodista.
La situación llevó al presidente de la organización a retractarse y abandonar el proyecto, debido también a la gran cantidad de críticas por figuras como Arsène Wenger, actual Jefe de Desarrollo Global del Fútbol, Mattias Grafström, secretario general de la FIFA y la dimisión de Carlos Cordeiro, expresidente de la federación estadounidense.
Luego, el organismo emitió un comunicado en el que pidió disculpas, aceptó sus errores y admitió que el plan debería haberse llevado de otra forma, pero a la UEFA no le bastó. Recalcó que, tras la situación, perdió la confianza en Infantino y que mantiene su postura, mientras el suizo-italiano prepara su candidatura para las elecciones de marzo de 2027. Lo mismo ocurre con la Concacaf y la AFC.
El resto de organismos regionales mostró opiniones divididas. La Confederación Africana de Fútbol (CAF), a través de su presidente Patrice Motsepe, respaldó al suizo-italiano como candidato a la reelección. Por otro lado, la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC) no adoptó una postura común. Nueva Zelanda se mostró en contra de la propuesta de Infantino, pero los otros diez países de la región parecen apoyar al dirigente.
Después de la UEFA, una de las posiciones que más se esperaba es la de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), el otro organismo con campeones mundiales. Sin embargo, la entidad emitió un comunicado aceptando las disculpas de la FIFA y dando a entender que apoyaban a Infantino. Incluso, Argentina y Paraguay, que albergarán un partido cada uno en el Mundial 2030, emitieron comunicados individuales respaldando al presidente de la organización.
El 10 de agosto, la UEFA, la AFC y la Concacaf reiteraron su rechazo a la candidatura de Infantino para la reelección a través de un nuevo pronunciamiento. Ese mismo día, la Asociación de Fútbol de Gales se convirtió en la primera de las 211 federaciones en retirar su apoyo formalmente.
Después de esta, siguieron Serbia, Inglaterra, Irlanda, Finlandia, Suecia, Croacia, Albania y Grecia. Otros países como Noruega fueron más drásticos y exigieron la renuncia del presidente, aunque, por el momento, parece poco probable que Infantino tome esa decisión. «Si él se da cuenta que no tiene los votos necesarios como para poder ser reelegido, podría renunciar, pero históricamente muy pocos dirigentes del fútbol renuncian», explica Ortecho.
Con el paso de los días, las federaciones siguen definiendo sus posturas, mientras que la reelección de Infantino parece cada vez más complicada. De todas formas, para Ortecho, los problemas de la FIFA no se terminarán solo con la elección de otro presidente.
«Creo que igual quien reemplace a Infantino, si el sistema sigue siendo el mismo, dentro de unos años vamos a tener una situación similar. Porque el problema no es de las personas, ni que intrínsecamente el mundo del fútbol sea corrupto. El problema es que es un sistema basado en el clientelismo», concluye el especialista.
La FIFA, mientras tanto, sigue en una situación comprometida, con federaciones que aún no deciden su apoyo y las competencias futbolísticas en medio del conflicto.
