El sociólogo y poeta peruano reflexionó sobre sus últimas obras y la realidad nacional.
Por Rafael Ortega Alva
Lejos del escenario político y sus múltiples idas y venidas, también se encuentra una ciudad que, con el paso de las décadas, ha cambiado. Sus diferencias, más allá de cuestiones materiales, también se han visto en la literatura. Por ello, con motivo del 30 aniversario de la Feria del Libro, conversamos con el sociólogo y escritor de poemas, novelas, crónicas y ensayos.
El siglo pasado, en Latinoamérica, se caracterizó por el boom de escritores que, además, tenían una voz en la opinión pública, ¿por qué ya no es así?
Pareciera que los cambios sociales fomentan la aparición de escritores y artistas en general, ¿no? Creo que es una tesis válida. Pongo a los rusos como ejemplo, donde ese cambio a la modernidad desde una sociedad tan atrasada generó la aparición de personajes como Dostoyevski. En el caso peruano, la Revolución Cubana, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, el Ejército de Liberación Nacional y el fracaso de la guerrilla, para la poesía del 60 —que es de lo que he escrito en mi último libro—, tienen un correlato.
¿Y ahora no hay nada?
Habría que ver cuál es el tema. Tenemos una guerra en medio oriente y no parece haber correlato. Pueden ser dos cosas. Una, que no hay una industria que permita que estos temas aparezcan. Podría ser una censura entre escritores que no tienen dónde ni cómo, pero, el conflicto en Irak no ha producido nada, por ejemplo.
Eran escritores con perfiles más políticos; una ideología más marcada, ¿no le parece que ahora prefieren guardar silencio?
Puede haber una censura implícita, como también puede que haya una derecha mucho más posicionada de lo que era antes, por lo menos en nuestro continente. Pero también se plantean varios temas; yo tengo las preguntas, pero no las respuestas. ¿Cómo voy a escribir algo local? Ahora todo sucede en redes, son otras maneras de expresarse y ya no está con la poesía, ni siquiera en la narrativa.
Además, hablando del Perú, no hay quien los lea
Hay algunas excepciones, Gamboa saca 2,500 ejemplares, Alonso Cueto debe haber sacado 1,500 o 2,000… Mi libro sobre los poetas sacó 500 ejemplares, ¿Qué es eso? Es un partido de fútbol de barrio. Es una desventaja total. Y si se te agota la edición porque Dios es grande, no se reedita nunca más, te piratean. Entonces, me toca trabajar en otra cosa y las horas para escribir se reducen al máximo.
Si eso es verdad, ¿su último libro lo escribió más por una pasión que por su rentabilidad?
No. El tema de ventas es en realidad de comunicación, de cantidad de personas que acceden a lo que estás haciendo. Eso que llamas emocional no es más que una educación humanista, un barniz para que construyas un oficio con el que vas a vivir.
Algo que se repite mucho en su obra es la vida urbana. Usted ha visto la capital en distintas generaciones, ¿qué encuentra de diferente?
Si me remito a los números, Lima es una ciudad que ya superó los 10 millones de habitantes con su origen en la invasión y la autoconstrucción. Otro punto es la informalidad, la cual se ha naturalizado, y que la derecha lo ve como algo bueno. Mira sino al “emprendedor”, que no es otra cosa más que lo informal con nueva imagen. No hay seguridad, nadie te protege, no te paga nadie… Vas a un hospital del Estado que ya está abandonado por el Estado…
¿Le deprime el Perú de ahora?
Lo que pasa es que nos vemos como el ombligo del mundo. El Perú, si no fuéramos peruanos, es un punto más en el mapa. Yo estoy ahora en una onda más planetaria (risas). Cualquier crisis, por ejemplo, como lo que ocurre en Ormuz, sí nos afecta. Estoy harto de que solamente vivamos la experiencia peruana desconectada. Ni siquiera con América Latina. Solamente nos sentimos peruanos.
Y en todo somos buenos, “nuestra comida es la mejor”…
Y esa es toda una política de la que no estoy en contra tampoco. Pero cuando voy al mercado para hacer las compras, las señoras que están allí se encuentran comiendo en un táper y una cuchara. ¿De qué gastronomía estamos hablando? Cuando estoy en la calle las personas comen en cuclillas, como pose de hindú, y tiene unos tallarines con pollo que es más hueso que carne. Eso del Perú en demasía, creo que es un truco.
Retomando la pregunta, ¿le deprime?
No, solamente que me siento más vulnerable. Soy mayor. Ya todo es otro mundo.
Usted estudió sociología en el 65 y además ha hecho actividad periodística, cosas que demandan un estilo de redacción diferente al literario, ¿a cuál ha traicionado?
A la sociología. Mis últimos dos ensayos no se caracterizan por ser de un lenguaje académico si lo entendemos por ese tipo de redacción en tercera persona, con conceptos elaborados, marco teórico, discusión. Lo mío está a mitad del camino. Un día, conversando con poetas jóvenes, me dijeron, “Métele poesía”, ¿por qué no? Y entonces mi texto tiene poesía por momentos, ensayo por otros.
¿Ha muerto el ensayo?
Yo creo que hay una vuelta.. He escrito dos ensayos tarde y ya no tengo fuerza para escribir un tercero. Confío en la gente joven. Por ejemplo, ese libro de Quiroz que se llama Historia de la corrupción en el Perú es un texto clave. PPK lo mencionó una vez, quizá porque salía menos que otros.
