Perú lleva 8 años sin ir a un Mundial. En ese tiempo, selecciones africanas y asiáticas que pocos conocían pasaron a ser protagonistas. ¿A qué se debe?
Por Francisco Ríos e Igor García
Cada cuatro años la Copa del Mundo recibe a las mejores selecciones del planeta para competir en un torneo de 1 mes y dejar marcado su sello en la historia del fútbol. La última vez que Perú clasificó al certamen fue en 2018. Luego de una espera de 36 años, la bicolor se hacía presente en Rusia, en lo que suponía una luz de esperanza, no solo del momento, sino para los años posteriores y seguir cosechando logros que sumen al desarrollo del deporte en todos sus ámbitos.
Sin embargo, el país no ha logrado clasificar nuevamente al mundial en las siguientes 2 oportunidades. Más bien, se alejó, pues en las últimas eliminatorias, la selección peruana terminó ocupando el noveno lugar de la tabla general, a pesar de que en la más reciente edición, se otorgaron 6.5 cupos para CONMEBOL.
Ahora con 48 equipos, las plazas mundialistas terminaron siendo ocupadas por países, algunos debutantes, cuestionados por su nivel. Sin embargo, selecciones como Egipto, Cabo Verde, RD Congo o Sudáfrica terminaron siendo protagonistas en un evento en el que no se les consideraba, desde un principio, como un rival de élite. Con todo ello, ¿cómo entendemos la mejora del fútbol de estos países con respecto a la caída de nuestro fútbol nacional?
Un fútbol desconocido
El desconocimiento sobre el fútbol africano, asiático, oceánico e incluso caribeño responde a un problema estructural de cobertura mediática. Durante años, la información sobre estas confederaciones, sobretodo en español, fue prácticamente inexistente. «En 2009 era casi imposible acceder a partidos del fútbol africano, del fútbol asiático, mucho menos de Oceanía y de Caribe», señala Francisco Jáuregui, periodista deportivo y fundador de Sporting Africa, sitio pionero en la cobertura del fútbol africano.
Aunque el auge de las redes sociales y el streaming amplió el acceso en los últimos años, la brecha con el consumo de fútbol europeo y sudamericano sigue siendo amplia. La escasa cobertura en la actualidad no es solo una percepción, ya que son pocos los medios que destinan espacio a estas confederaciones, y cuando existe interés, muchas veces no encuentra respaldo comercial.
Un ejemplo de ello ocurrió durante la Copa África 2019 en Egipto, donde Jáuregui intentó vender contenido a medios argentinos sin éxito. «Ninguno estuvo interesado», recuerda. Hoy la principal vía de acceso para el público hispanohablante son plataformas como Claro Sports, que transmite la Copa Africana de Naciones para 16 países de Latinoamérica, y beIN Sports o DAZN, que ofrecen cobertura parcial del certamen. En España, por ejemplo, la última edición se vio únicamente a través de LaLiga+. También, cabe destacar que el interés del público es mínimo.
Ambos apartados generan un desconocimiento hacia estas selecciones, donde normalmente el discurso indica que son de menor nivel por pertenecer a un determinado continente. «Ante el desconocimiento suele surgir el prejuicio», asegura Jáuregui, quien pone como ejemplo lo ocurrido durante los últimos mundiales, cuando se instaló la idea de que las selecciones africanas perdían sus partidos en los minutos finales, un dato real pero que terminó eclipsando logros mayores del continente.
En el último Mundial, la narrativa se centró en que las selecciones africanas perdían partidos sobre la hora, un dato real pero parcial, dejando de lado hitos como la superación de las 40 victorias históricas del continente en mundiales, las primeras victorias mundialistas logradas por selecciones como República Democrática del Congo, que además avanzó por primera vez a una fase eliminatoria mundialista, y el avance por primera vez de la fase de grupos en casos como Egipto, que llegó a octavos de final tras caer ante Argentina, o Cabo Verde, que en su debut absoluto en un Mundial superó la primera ronda invicto.
El sesgo también se manifiesta en el tipo de cobertura que sí reciben estas regiones, donde episodios de violencia en tribunas o situaciones polémicas suelen tener más espacio que el análisis futbolístico o institucional. Detrás de esta lógica hay, además, un factor comercial. La pauta publicitaria y la visibilidad no equiparan a una Champions League europea con su versión africana, lo que condiciona directamente cuánto espacio recibe cada competencia en los medios.
El resultado es que el aficionado que solo consume fútbol europeo y sudamericano se pierde una diversidad futbolística cada vez más competitiva, reflejada en resultados concretos del último Mundial. La actuación de Cabo Verde, el paso de Marruecos a semifinales en Qatar 2022 y a cuartos de final en la edición más reciente, el triunfo de Sudáfrica ante Corea del Sur y la resistencia de Egipto ante Argentina son parte de esa evidencia.
Desarrollo y potenciación
La crisis del fútbol peruano comienza desde su base estructural en la formación de jugadores con potencial futbolístico, además de una precariedad en los torneos juveniles y las academias locales, donde se vela más por lo económico que por el jugador mismo. Esto se evidencia al compararnos con otros países que considerábamos precarios o invisibles en la cultura del fútbol. Victor Zaferson, scout nacional con experiencia en Europa, comenta que en el país “el problema es la formación, pues hay muchas carencias. Un jugador bien formado tiene más opciones de destacar como profesional desde los 18 años.»
Uno de los rasgos que termina por dejar atrás al jugador peruano actual con respecto a países de África o Asia radica en el biotipo y la inversión temprana. En la actualidad, y en favor específicamente para el caso africano, el talento natural termina potenciándose con una formación con metodologías europeas. «En el continente africano hay academias de fútbol desde los 5 años. Hay muchos europeos que entrenan en África. Hay exjugadores africanos que invierten en academias en los países africanos», detalla Zaferson.
No solo con ello el potencial físico de estos jugadores termina formando una brecha más significativa con los talentos peruanos. Zaferson comenta que, «dentro de todas las razas la negra es la privilegiada. Son fuertes, grandes y potentes. Por eso los clubes europeos buscan africanos jóvenes.”
Si bien, el fútbol mundial, aún sigue dominado por las potencias recurrentes, ya sea los principales equipos europeos o, para el caso sudamericano, Argentina y Brasil, la formación aplicada a talentos africanos y asiáticos es el suficiente para elevar su nivel y avanzar la primera fase de una Copa del Mundo. «Los resultados son evidentes. A los africanos y asiáticos no les alcanza aún para ser campeones mundiales, pero sí para superar la fase de grupos. Luego de ellos pesa la inteligencia para superar a las potencias de Europa y América» agrega Zaferson. Cabe destacar que, la última vez que Perú superó la primera fase del torneo fue en 1978, hace 48 años.
Otro punto importante por destacar es la realidad envuelta alrededor de la formación de talentos nacionales. La realidad contemporánea del jugador peruano está marcada por una falta de recursos básicos en su desarrollo, retrasando significativamente su consolidación y una posible migración a ligas más competitivas que la peruana. Zaferson comenta que esto no se rige únicamente al aspecto futbolístico, sino también al psicológico, “Salvo que aparezca un crack como Pizarro, Farfán o Guerrero, la mayoría madura muy tarde, a partir de los 28 años».
Este fenómeno termina explicando a su vez la necesidad de la selección peruana actual, donde se busca nacionalizar o repatriar a jugadores con ascendencia peruana para que puedan jugar por “la bicolor”. Zaferson comenta que, «En Perú hay pocos formadores de calidad. Por eso en la FPF buscan compensar la escasez con futbolistas nacidos en el exterior». Mientras otras confederaciones invierten en la formación integral desde la niñez, apostando por el físico y la táctica, el Perú sufre las consecuencias de no tener formadores de calidad.
Auge mundialista
Esta situación no se concentra únicamente para el caso peruano. Si bien a nivel sudamericano las potencias futbolísticas como Brasil o Argentina terminan siendo protagonistas en cada Copa del Mundo, los demás países del continente quedan en debe al enfrentarse a otros combinados nacionales que en el papel tienden a ser vistos como inferiores o carentes de fútbol. Recordemos incluso que Australia, selección asiática, terminó siendo el verdugo de aquella selección peruana en su clasificación a Catar 2022.
Uno de los datos más impresionantes de esta última Copa del Mundo fue lo hecho por las selecciones africanas. Un total de 10 selecciones africanas comenzaron en la fase de grupos, y lo sorprendente, fue que 9 de estas clasificaron a la siguiente fase de 32vos de final. El 90% de los combinados de la CAF avanzaron, siendo la confederación con mayor efectividad de clasificación para la segunda fase del torneo. UEFA obtuvo un 81% de efectividad, mientras que CONMEBOL se conformó con un 83% luego de la desastrosa campaña de Uruguay.
El rendimiento de la selección marroquí también hizo que se tome con mayor cuidado los rivales africanos. “En los últimos dos Mundiales, con la irrupción y confirmación de Marruecos, tuvimos también las dos mejores actuaciones africanas en la historia de los Mundiales”, asegura Jáuregui, resaltando que eso ayudó a cambiar la percepción y a tomar el fútbol africano con más seriedad fue su formación y lo que demostraron ellos en el mundial..
Continuando esta línea, durante el mundial 2025 hubo un total de 8 encuentros entre selecciones de CONMEBOL vs CAF y AFC en la fase de grupos. De esos 8 encuentros, 3 fueron victorias para los sudamericanos, 4 empates y 1 derrota, equivalentes a un 54% de efectividad de puntos obtenidos. Sin embargo, como mencionamos anteriormente, si eliminamos a Argentina y Brasil de la ecuación, la efectividad de puntos cae a un 40%, teniendo como una victoria el 3-1 de Colombia frente a Uzbekistán.
No solo con ello, el panorama más preocupante es la comparación con la CAF pues si mantenemos fuera a Argentina y Brasil, la derrota de Ecuador frente a Costa de Marfil y el empate de Uruguay contra Cabo Verde significa ninguna victoria frente a una confederación más “débil”.
La realidad es desalentadora. Las selecciones de otros continentes siguen reforzandose y su nivel va incrementando con el paso de los años. No solo a nivel mayor, sino en territorio juvenil, pues el último campeón mundial Sub 20 es Marruecos luego de vencer a Argentina en la final del 2025. Mientras que la región se sostiene primordialmente bajo viejos recuerdos, África y Asia han acortado la brecha futbolística que existía. Si no se busca una reestructuración de todos los componentes alrededor del desarrollo del fútbol formativo, el estancamiento no solo continuará, sino que nos condenará a ser espectadores secundarios en un mapa futbolístico global que ya cambió para siempre.
