Historia de una República sin nación

[Ilustración: USAT]

A 205 años de su independencia, el Perú no ha logrado consolidarse como una nación. ¿Qué significa esto y a qué se debe?

Por Ana Cueto y Rafael Ortega 

“El Perú es una nación en formación”, afirma Nicolás Lynch, doctor en Sociología y exministro de Educación. Con más de dos siglos desde la creación de la República, esta frase resulta impactante. Con una creciente polarización y la caída de factores como la esperanza y el amor por la patria, el país se enfrenta a un contexto político y social convulso. Sin embargo, esto no es nuevo, sino el reflejo de problemáticas que viene acarreando desde sus inicios.

Una identidad nacional fallida

En el 2025, Ipsos realizó una encuesta revelando que el sentimiento de vergüenza hacia el país había subido en un 12% durante los últimos 5 años. A la par, sentimientos como la esperanza y el amor por la patria cayeron en un 10% y 11%, respectivamente. Estas cifras no solo describen un panorama marcado por la corrupción, la crisis política y la delincuencia, pues también sacan a relucir una fragmentación histórica en la unidad nacional. 

Desde su independencia, el Perú ha fracasado en su proyecto de crear una nación. Uno de los principales problemas ha sido la persistencia de jerarquías sociales basadas en la raza y el poder económico, como lo explica Aníbal Quijano, en su teoría de la colonialidad del poder. Además, señala que, si bien esta estructura se originó en la colonia, hoy continúa vigente. 

“(La estructura social racializada) Es producto de los tres siglos de colonización española”, explica Lynch en entrevista, refiriéndose a las leyes de indias que separaban a la población en una República de Españoles y una República de Indios. “Si bien esto se terminó de manera formal entre 1821 y 1824 que se produce la independencia (…) persistirá durante la República y nosotros no tendremos una identidad nacional consolidada por esa razón”, añade Lynch.

El trato diferenciado entre peruanos también ha sido un tema referido por Aldo Panfichi, doctor en Sociología e investigador, quien resalta la importancia del concepto de ciudadanía, basado en la igualdad de derechos y deberes para la construcción de una identidad nacional.

“Creo que la construcción de identidad nacional está muy fuertemente vinculada al hecho de ser ciudadanos de una sola categoría”, detalla, refiriéndose a la necesidad de terminar con el trato diferenciado en el cumplimiento de los derechos. De lo contrario, afirma que se genera un sentimiento de que no todos somos iguales y se debilita la unidad nacional.

Ante todo, tanto Lynch como Panfichi resaltan el papel clave que juega el Estado en el desarrollo de la ciudadanía. A la par, señalan distintas falencias estructurales que impiden dicha labor.

“Al importarse este diseño institucional (La República), se implanta sobre una estructura social donde la ciudadanía es escasa sobre una sociedad donde quedan excluidas las mayorías”, argumenta Panfichi. A ello, Lynch complementa que los poderes han quedado en manos de pequeños grupos que los usan para el beneficio personal, acumulando recursos y priorizando intereses internacionales, no nacionales. 

Todos estos elementos rompen la nación y la conexión del pueblo con el Estado. Actualmente, esta ruptura se refleja en una grave crisis de representación política. En el 2025, el 59% de los entrevistados por Ipsos declaró sentir vergüenza por el Perú a causa de la corrupción y el 44% a causa de los políticos, lo cual deslegitima el poder.

Dicho panorama no vio mejoras durante las elecciones del 2026. El Instituto de Estudios Peruano (IEP) reveló que más del 30% de quienes votaron por Keiko Fujimori o por Roberto Sánchez lo hicieron por temor a la izquierda o al fujimorismo, mas no por afinidad o confianza en el candidato.

Herencias desiguales

Lo que queda, en medio, es un país sin una mirada más allá de su propia supervivencia. Los datos así lo demuestran también. De acuerdo con la Base de datos sobre Desigualdad Mundial (WID, por sus siglas en inglés), el Perú es el espacio que más diferencias registra en toda Sudamérica. El 10% más rico acumula el 59% de los ingresos nacionales; sin embargo, mirando a mayor profundidad, el 0.1% con mayor adquisición de la población concentra alrededor del 22% del todo.

“Es una cuestión estructural (…) Este es un país sin trabajo. El 80% de los ciudadanos sobrevive como puede en una economía que no está bien, porque no llega al bolsillo de los peruanos”, declara Lynch. Además, el sociólogo señala que, si bien se ha pasado por 35 años de reformas económicas, la cantidad de dinero que hay no es suficiente como para tener una vida digna. “Al final, los menos favorecidos en la jerarquía social son los más sufren esta situación”, recalca.

Uno de los indicadores más notorios de este problema se encuentra, precisamente, en los niveles de pobreza que se mantienen en el Perú. Según el Instituto de Estadística e Informática (INEI), el país mantiene una condición de pobreza monetaria del 25.7%, lo que se representa en 8.8 millones de ciudadanos.

De acuerdo con la Cámara de Comercio Americana del Perú, si bien este número es menor respecto a otros años, sigue siendo 5 puntos porcentuales mayor que las cifras prepandemia, lo que evidencia un Estado incapaz de recuperar la estabilidad. 

“Si se parte de la idea de que no todos somos iguales, no podemos construir una identidad nacional. Es allí cuando uno se siente discriminado, ya sea por lengua, por clase, por raza, por tipo de cultura, etcétera”, destaca Panfichi. Asimismo, enfatiza que la única forma de ver al Perú constituido como uno solo sería empezando por superar la idea de las categorías entre las personas. “El rol del Estado es clave en esto. Mientras haya una vara con la que medimos diferente por nombre, apellido, no lo vamos a superar”, comenta.

Miradas a futuro 

Sin una acción pronta, el panorama que los expertos describen es desolador. “Yo creo que el país, como está, es inviable, no tiene posibilidad de desarrollo”, declara Lynch, centrándose principalmente en la gran desigualdad económica y las pocas oportunidades de desarrollo para la mayoría de la población.

“Yo pienso que uno de los riesgos más grandes que tenemos es el colapso. Creo que ya estamos colapsando el diseño institucional”, agrega Panfichi por su lado. Todo ello resalta la necesidad de una pronta reestructuración tanto política como cultural. 

Por el lado político, como señala el experto, se necesita un Estado que garantice el cumplimiento de los derechos y deberes con igualdad, reforzando la identidad y la unificación nacional mediante la ciudadanía. “Hay que nacionalizar el Estado y nacionalizar la sociedad para poder tener desarrollo”, indica Lynch, haciendo énfasis en la necesidad de priorizar los intereses nacionales.

“El Perú es una red de microsociedades, no hay un espacio de encuentro donde las personas se conozcan y se reconozcan”, destaca Panfichi por el lado cultural. Con ello, señala que la falta de experiencias e intercambio entre personas con distintos trasfondos agrava la creación de prejuicios que terminan por ser un obstáculo para las relaciones y la consolidación de una nación basada en la igualdad.

A pocos días de entrar a una nueva etapa con el cambio de gobierno —una vez más marcado por márgenes tan cortos entre el ganador y el segundo lugar—, la reconstrucción de la nación deberá formar parte importante de las decisiones del mandato. 

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