![[Hecho por Gemini/Ana Paula Nalvarte]](https://nexos.ulima.edu.pe/wp-content/uploads/2026/04/image-1-1024x559.png)
El reciente avance de un proyecto de ley sobre la Cinemateca Nacional del Perú reabre el debate sobre nuestro descuidado patrimonio audiovisual.
Por Dafne Gómez y Ana Paula Nalvarte
En un país que acostumbra perder la memoria de su historia, el alma del cine funge ya no solo como entretenimiento, sino también como un recordatorio de todo aquello que se pretende ignorar.
Desde ‘La teta asustada’, la nominada al Oscar que nos encara con las heridas del conflicto interno de la identidad femenina, hasta ‘Wiñaypacha’, que retrata con crudeza la soledad y el abandono que viven muchos peruanos en los andes, la prevalencia de estas historias es indispensable a la hora de permitirnos diseccionar entre las sombras del Perú.
Mientras amenazas legislativas como la llamada “Ley Tudela” buscan recortar el apoyo estatal y decidir qué historias deben ser contadas, surge el Proyecto de Ley N°13308 con la meta clara de fundar una Cinemateca Nacional que rescate y proteja nuestro archivo audiovisual. Pero para reconocer la importancia de esta iniciativa hay que entender: ¿qué perdemos al no contar con un espacio dedicado a salvaguardar nuestra memoria compartida?
El mapa latinoamericano
La cinemateca se trata de una institución dedicada a la preservación, restauración, investigación y difusión del patrimonio cinematográfico y audiovisual de un país. En el caso peruano, esta labor ha recaído principalmente en iniciativas aisladas, muchas de ellas impulsadas desde el sector privado o académico.
Dentro del Perú, la Filmoteca de la Pontificia Universidad Católica del Perú constituye el único depósito especializado dedicado a la conservación del patrimonio audiovisual peruano. Su bóveda reúne una valiosa colección de largometrajes, cortometrajes, documentales, noticieros, fotografías, afiches, guiones, publicaciones y otros materiales vinculados a la historia del cine nacional. En muchos sentidos, ha asumido funciones que, en otros países, corresponden a una cinemateca nacional respaldada por el Estado.
Desde el sector público, la Sala de Cine Armando Robles Godoy, gestionada por el Ministerio de Cultura, cumple un rol en la exhibición y difusión del cine peruano e internacional. Sin embargo, hoy los profesionales del cine reclaman que las políticas públicas de la Cinemateca Nacional sea una organización autónoma, pues “pedir que el gobierno la acepte como parte de si es letra muerta” recalcó Cielo Garrido, directora de la Unión de Cineastas Peruanos (UCP) y una de las principales gestoras del proyecto de ley N.° 13308
Fuera del país la realidad es distinta, pues la preservación audiovisual ha sido asumida como una política pública. Dentro de Latinoamérica, la Cinemateca de Bogotá es, hoy por hoy, uno de los modelos más completos de preservación audiovisual en América Latina. Su labor integra en un mismo espacio conservación, restauración, investigación, formación de públicos, proyección cinematográfica y otras actividades que promueven el interés cultural. Aunque algunas funciones tienen un costo, su labor va mucho más allá de la exhibición, protegiendo el patrimonio colombiano.
La Cineteca Nacional de Chile, por su lado, representa otro caso emblemático, siendo parte del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Esta articulación con el Estado chileno le otorga un respaldo institucional y presupuestal que garantiza la continuidad de sus labores. Es un referente en cuanto a su agenda de exhibiciones, publicaciones, actividades formativas, hasta su impulso de restauración y digitalización donde el patrimonio puede consultarse gratuitamente, lo que refuerza su compromiso con la democratización cultural.
Frente a estos modelos consolidados, el caso peruano revela una situación particular. Los ciudadanos y la comunidad de cineastas peruanos deben movilizarse y tocar puertas muchas veces en vano, sobre todo para intentar crear y gestionar una institución que proteja el arte y la historia peruana.
La importancia de preservar
Según la UNESCO, este archivo es, en esencia, la prueba de que existimos y evolucionamos, pues documenta procesos históricos y refleja la diversidad cultural, social y lingüística. Ello destaca que el patrimonio que resguarda es invaluable, pues permite comprender a las sociedades a través del tiempo y eso termina por convertirlo en una fuente de conocimiento clave para interpretar el presente y proyectar el futuro.
Para la directora y guionista Enrica Pérez, un repositorio nacional actúa como un guardián de las imágenes, voces y formas de mirar que construyen la historia cultural de un país a lo largo del tiempo. “Creo que la existencia de un archivo audiovisual nacional es indispensable porque protege la memoria cultural del país y garantiza que las imágenes y las historias que hemos creado no desaparezcan, sino que puedan seguir dialogando con nuevas generaciones de cineastas y de espectadores”.
En un entorno donde la producción audiovisual suele ser frágil y vulnerable al abandono, la pérdida de estos archivos no solo significa olvidar fragmentos de la historia, sino también privarnos de referentes y de la capacidad de establecer un diálogo crítico con nuestro propio pasado.
Por ello, Pérez sostuvo que para todo aquel que produce cine, este espacio es fundamental ya que ofrece la posibilidad de entender nuestros orígenes, analizar qué representaciones han tenido lugar en nuestra pantalla y qué historias han quedado fuera del relato oficial.
Según el cineasta Julio Wissar, al igual que los libros de historia nos ayudan a comprender la razón de los conflictos geopolíticos actuales, el cine actúa como un espejo necesario para procesar nuestra realidad cultural. “El archivo audiovisual es básicamente como el ADN de tu cine. Tú quieres reconocer de dónde vienes y hacia dónde vas”.
“Acá en el Perú en algunos casos se han perdido documentos importantes, históricos, cinematográficos, simplemente porque no existía la posibilidad de un archivo audiovisual. […] Entonces, es importante tener un archivo central para que no se pierda esa historia”. Menciona casos críticos en los que el material logró salvarse gracias a que la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima rescató obras de artistas hoy reconocidos, cuyas primeras películas no existían en ningún otro repositorio.
Un archivo central evitaría que estas piezas clave de la memoria desaparezcan, garantizando que el aprendizaje a partir de nuestra propia historia sea posible para las futuras generaciones de cineastas y ciudadanos. “Guiarnos de lo que se hace en el cine extranjero no está mal, pero si existiera una base de lo que se ha hecho acá creo que sería mucho más sencillo para alguien dar ese paso de continuar generando industria”
Cielo Garrido, comparó también la función del archivo audiovisual con el de una biblioteca nacional. Enfatizó además que esta iniciativa resguarda toda imagen en movimiento, no solo los filmes. El archivo debe proteger spots publicitarios, noticieros, afiches, guiones e información de planes de rodaje porque cada uno de estos elementos constituye la historia de un país e impide que el relato de nuestra identidad sea alterado o borrado.
Garrido, por su parte, advirtió que los formatos audiovisuales son como el cuerpo humano. “Con el paso del tiempo envejecen, se deterioran y comienzan a degradarse hasta desaparecer si no reciben cuidados especializados”, complementó. Por ello, la preservación es urgente debido a que estos archivos funcionan como una fuente de investigación para múltiples disciplinas como la arquitectura, geografía, historia y sociología.
A través de ellos, es posible descubrir cómo han evolucionado las tradiciones del país. Bajo esta premisa, la labor del archivo busca que la difusión no sea un proceso centralizado en la capital. El objetivo es que estas imágenes circulen y se reconozcan en todo el territorio nacional, permitiendo que las regiones accedan a su propio patrimonio audiovisual y que la historia del Perú no sea un relato estático, sino una memoria viva al alcance de todos los ciudadanos.
¿Qué más habría por hacer?
Para que la iniciativa de la Cinemateca tenga un impacto real, resulta indispensable el compromiso de múltiples actores: el Estado, las universidades, las instituciones culturales, los profesionales del sector, y la ciudadanía. Es decir, mediante un esfuerzo colectivo podrá consolidarse una verdadera política de valoración del patrimonio cinematográfico y audiovisual peruano.
“Hace falta fortalecer toda la estructura que permite que el cine peruano exista y crezca, partiendo desde el darle el valor que se merece. No basta con que las películas se hagan: también se necesita del apoyo de una comunidad para desarrollarlas, producirlas, terminarlas y, sobre todo, para que puedan encontrarse con su público”, explicó Pérez, pues cada historia contada, sea ficticia o real, nos aporta empatía y una nueva mirada que darle a nuestro país.
Así, es urgente fortalecer toda la estructura que permita que el cine peruano exista y para ellos es indispensable la participación del estado y que así “no haya falta de voces, porque de esa manera el criterio de pluralidad no existe” nos recuerda Wissar.
Esto implica el establecimiento de políticas públicas estables y descentralizadas para el sector audiovisual, donde se le dé valor al audiovisual peruano sin importar el gobierno que esté al mando y tal y como nos dice Garrido, donde “la palabra memoria no sea estigmatizada ni encasillada dentro de una idea política”, pues la memoria no es más que la historia de nuestro país y lo que configura nuestra realidad.
“Mientras los políticos no entiendan el valor cultural del audiovisual, las empresas deberían asumir el incentivo a la producción como parte de su responsabilidad social”, sugiere Wissar. Apostar por el patrimonio cinematográfico y audiovisual peruano significa también garantizar que las historias de hoy puedan ser vistas y estudiadas por las generaciones futuras. Es una inversión en la memoria colectiva, pero también en la creatividad y la identidad de las generaciones presentes, asegurando que el Perú de hoy pueda narrarse a sí mismo y que el Perú de mañana pueda entender de dónde viene, quién es y hacia dónde quiere ir.