De plataforma informativa global a un espacio marcado por la desinformación, la red social de los 280 caracteres atraviesa una etapa de transformación bajo una nueva lógica digital.
Por Igor García y Matias Illescas
El 21 de marzo de 2006, un desarrollador de software llamado Jack Dorsey publicó lo que 20 años después es recordado como el primer tweet de la historia. A partir de ese momento, empezó la historia de Twitter, una de las principales redes sociales de la actualidad -aunque ahora con otro nombre- que se basa en transmitir información en tiempo real y con un alcance global.
Dos décadas después de su lanzamiento, ha dejado atrás al icónico pajarito azul para pasar a la «X» blanca con fondo negro, de la mano del hombre más rico del mundo, Elon Musk. Pero, ¿cómo ha cambiado la red social en estos 20 años?
Una red social con impacto global
Jack Dorsey, Noah Glass, Biz Stone y Evan Williams eran los fundadores y trabajadores de una empresa llamada Odeo, que apuntaba a hacer servicios de podcasting. Sin embargo, el gran impacto que tuvo Apple con iTunes opacó el proyecto, forzando a los dueños a dejar atrás la idea.
Dentro de la búsqueda de alternativas a Odeo, surgió una plataforma de microblogging para los trabajadores de la empresa, mientras que, al mismo tiempo, Dorsey elaboraba la idea de una web para mandar SMS (servicio de mensajes cortos, por sus siglas en inglés) en tiempo real. En ese contexto, Dorsey asumió la dirección del proyecto, que se independizó rápidamente de Odeo, para terminar lanzando «Twittr», que al poco tiempo pasó a llamarse «Twitter».
Con el paso de los años, dentro de la plataforma surgieron muchas de las características que hoy mantiene la mayoría de redes sociales. En 2007, un usuario propuso el uso del # como forma de agrupar las publicaciones que contengan una palabra con ese símbolo, dando inicio a lo que hoy conocemos como hashtags.

Twitter siguió creciendo hasta convertirse en una de las redes sociales más grandes, como Facebook, Instagram o YouTube, aumentando en número de usuarios y trabajadores. Posteriormente, en 2009 la plataforma creó un servicio de publicidad e implementó versiones de la red social en español, italiano, francés y alemán, pasando de 5 a 71 millones de usuarios en un solo año.
Es así como la red social de los 140 caracteres se convirtió en un fenómeno de relevancia mundial, usada principalmente para la difusión de noticias, donde las figuras políticas más importantes publicaban sus comunicados o reacciones ante algunos acontecimientos.
Para Jesús Veliz, periodista especializado en tecnología, su éxito estuvo en que «es una plataforma que encontró valor en el interés individual que luego se hizo colectivo. “Creo que Twitter rompió un poco ese paradigma y logró ser la red social que estábamos esperando, porque se convirtió realmente en una sin limitaciones, con alcance global, interacciones, referentes, dinámicas. Creo que durante la década pasada fue el punto de referencia de la cultura global», explicó.
En 2017 se dio el cambio de 140 a 280 caracteres, permitiendo a los usuarios publicar tweets más largos, pero llegaron más problemas a la plataforma del pájaro azul. Tres años después, se difundió una gran cantidad de noticias falsas en Twitter relacionadas a la política estadounidense. A raíz de esto, se prohibieron los anuncios políticos y se añadió una función que informaba sobre publicaciones falsas.
En 2021, tras el asalto al Capitolio del 6 de enero, se cerró la cuenta de Donald Trump, además de otras 70 mil vinculadas a un grupo conspiranoico con ideas afines al republicano. Esta decisión generó controversia debido a que algunos la consideraban como censura, mientras que otros la veían como una medida en contra de un «atentado contra la democracia». Pero el cambio que realmente marcó un antes y un después en el rumbo de la plataforma fue la compra de Elon Musk, que se concretó en octubre del 2022.
Una nueva era
Dicha adquisición tuvo graves consecuencias. Luego de la confirmación, la red social fue abandonada por muchos personajes públicos, quienes acusaron al magnate estadounidense de permitir la proliferación de voces “no deseadas”. A esto se sumó la retirada de numerosos anunciantes, que percibieron al nuevo liderazgo como un riesgo para sus intereses.
Con el objetivo de incrementar los ingresos, la empresa optó por nuevas vías de monetización. En abril de 2023, se anunció la eliminación de la insignia de verificación de las cuentas heredadas –quienes se lo ganaron siendo medios, empresas o personas relevantes para la sociedad– para dar paso a la nueva suscripción Twitter Blue, con un costo inicial de 8 dólares en ese momento.
“Hoy en día, tener el check ya no garantiza que estés frente a una fuente confiable. En muchos casos, incluso puede ser lo contrario, porque responde más a una lógica de monetización que de validación”, aseguró Bruno Ortiz, periodista especializado en tecnología.
En ese sentido, la insignia ya no diferencia a quienes difunden información verificada, sino a quienes pueden pagar por mayor visibilidad. El check azul incrementa también la probabilidad de que sus contenidos sean tomados en serio por el público.
Ortiz advirtió que, además, esta decisión puede generar confusión entre los usuarios. Como ejemplo, mencionó el caso de Epicentro TV, medio digital peruano, que, en ocasiones, es confundido con otra cuenta llamada Epicentro News, sin relación con el primero, pero que también posee la insignia de verificación.
Un episodio reciente ocurrió el 18 de marzo, e involucró a la candidata al Senado por Fuerza Popular, Martha Chávez. La política reaccionó de manera confrontacional frente a las acusaciones –por parte de Epicentro News, creyendo que era Epicentro TV– por recibir miles de dólares. Posteriormente, la periodista Clara Elvira Ospina salió a defenderse, denunciando los ataques recibidos y aclarando que ella forma parte de Epicentro TV, no de Epicentro News.
La desinformación no desaparece cuando se trata de figuras relevantes, incluyendo presidentes. En 2023, Gustavo Petro, actual mandatario de Colombia, compartió fotos de un hospital en ruinas a través de su cuenta de Twitter, asegurando que correspondían a centros médicos de Antioquía, pero no era así, estos se trataban de locales en Venezuela. Posteriormente, el colombiano borró las imágenes.
El algoritmo también fue un aspecto relevante que cambió. De acuerdo a Véliz, X es una plataforma mucho más centralizada y responde a una lógica más estadounidense. “Hoy el algoritmo es el rey y vivimos en una especie de dictadura del mismo que afecta la transparencia y la responsabilidad comunicativa”, destacó.
Anteriormente, Twitter aplicaba políticas más estrictas, pues ocultaba las publicaciones de información falsa, eliminaba el contenido sensible e incluso cerraba las cuentas que infringían las normas. “Antes ya existían problemas en la plataforma, pero había ciertos límites. Ahora, con menos control y una lógica más orientada al engagement, se han intensificado y normalizado”, indicó Ortiz.
De esa manera, ante la priorización de la interacción por encima de la veracidad, se debilitó la confianza en la app como espacio informativo y afectó directamente a la calidad del debate público y la formación de la opinión ciudadana.
El nuevo ente de la “verdad”
En noviembre de 2023 se lanzó Grok, la inteligencia artificial de la plataforma, inicialmente disponible para usuarios Premium. En diciembre de 2024, su acceso se amplió al público general, marcando un nuevo punto de inflexión.
Desde la democratización de Grok, el panorama cambió por completo, sobre todo el año pasado que fuimos testigos de una frase cada vez más usada. Ante cualquier duda sobre alguna situación o dato, así como la veracidad de una imagen o vídeo, muchos usuarios publicaban un tweet preguntando “Grok, ¿esto es real?”, evidenciando una creciente dependencia de la herramienta para verificar información.
“El uso de Grok puede dar un contexto interesante, pero es peligroso cuando la inteligencia artificial tiene sesgos. (…) Ya ha habido fact-checks contra Grok por afirmar cosas que no ocurrieron, incluso con contenido generado por IA”, aseguró Veliz.
Por su parte, Ortiz explicó que muchas personas ven a Grok como si fuera una entidad que puede verificar la verdad de manera absoluta, cuando en realidad sus respuestas se basan en probabilidades y en la información disponible dentro de la misma red social.
Un caso reciente peruano es lo sucedido hace unas semanas con el periodista Francisco de Piérola. Él afirmó que la Agencia EFE había utilizado una foto inadecuada al informar sobre la muerte de 53 niñas en una ciudad de Irán tras un ataque lanzado por Israel.
El principal sustento de su denuncia se basó en una respuesta de Grok, que señalaba que la fotografía correspondía a un video grabado en Kabul en 2021. Esto último fue totalmente falso. El hecho, al igual que con el caso de Epicentro TV, tuvo repercusiones. Pues, el Consejo de Redacción de EFE denunció públicamente a Grok en X.
Por lo tanto, como con el resto de IA, no hay una certeza al 100% sobre la información que nos proporcionan. Según Veliz, fue un error eliminar el equipo humano de fact-checking y creer que la inteligencia artificial puede sustituirlo, así como dejar el control a los usuarios –con las notas de comunidad–, donde la curaduría de data puede responder a intereses particulares.
No obstante, para Ortiz, Grok no es una mala herramienta de inteligencia artificial en sí misma. “El problema radica en cómo los usuarios la están utilizando y en la poca comprensión que existe sobre cómo funciona realmente”, complementó.
Eso no quita las perturbadoras y vergonzosas solicitudes a las que accede esta IA como manipular fotos o permitir comentarios racistas y xenofóbicos en discursos normalmente humorísticos, lo que evidencia vacíos en el control de la plataforma, aunque X aplicó medidas que redujeron estos casos.
A 20 años del primer tuit de Jack Dorsey, la red social ha pasado de ser un referente global de información en tiempo real a una plataforma marcada por transformaciones profundas. Bajo la dirección de Elon Musk, la priorización del engagement, la monetización y la inteligencia artificial han reconfigurado su dinámica. Hoy, la app está en un punto donde el acceso a la expresión es total, pero también la calidad de conversación se ha deteriorado significativamente.
