El precio de la gasolina y de los combustibles se ha incrementado considerablemente en los últimos días, generando incertidumbre en la población.
Por Igor García y Matias Illescas
Durante la última semana, el Perú se ha visto envuelto en una crisis energética que ha afectado a gran parte de la población. La deflagración registrada en un ducto de Camisea ha generado un desabastecimiento de combustible en las gasolineras, además de un notable aumento de sus precios.
Por otro lado, la situación internacional, con el cierre del estrecho de Ormuz y el conflicto en Irán, ha incrementado la incertidumbre alrededor del problema. ¿Qué consecuencias podría tener esta situación?
Problema nacional
El 1 de marzo se produjo la ruptura del ducto de líquidos de gas natural de Camisea, en Cusco. Ante el incidente, la empresa Transportadora de Gas del Perú (TGP), concesionaria encargada del transporte de los líquidos y el gas de Camisea, procedió de manera inmediata con el cierre de las válvulas y el aislamiento del tramo afectado, lo que significó, en un inicio, la suspensión temporal del sistema.
La interrupción del ducto generó la detención de casi todas las plantas de generación eléctrica a gas en Lima y alrededores. De la misma manera, el precio de la electricidad se disparó de 30 a 40 dólares por megavatio/hora (MWh) a aproximadamente 200 dólares por MWh.
Frente a la situación, el Ministerio de Energía y Minas declaró en emergencia el suministro de gas natural hasta el 14 de marzo. Durante este periodo se implementaron medidas extraordinarias que aseguren la continuidad del abastecimiento energético y el aprovisionamiento a los sectores más importantes, como hogares, hospitales, comercios y el transporte público masivo, que utiliza Gas Natural Vehicular (GNV) como principal combustible.
Una de las zonas más afectadas por la crisis es el transporte. La venta de GNV se restringió en muchos grifos de Lima y Callao, y, según la Asociación Automotriz del Perú (AAP), aproximadamente 335 mil vehículos livianos operan con este combustible. En consecuencia, por la escasez, los conductores de estos medios de transporte recorrieron varias estaciones en busca de remanentes de gas, mientras que otros optaron por apagar los motores hasta que se restableciera el suministro.
De acuerdo con César García, economista e investigador en la Red de estudios para Desarrollo, la consecuencia se explica porque el precio final de un producto se basa en otros precios anteriores a él. «Si no hay mucha oferta de esta energía del gas natural, el transporte, la producción de otras industrias y la electricidad se ven encarecidos, y eso se refleja finalmente en el bolsillo de cada uno de nosotros», indicó.
Sin embargo, frente a la necesidad, algunos decidieron cargar gas licuado de petróleo (GLP) en sus unidades con sistema diseñado para GNV, lo que provocó algunos accidentes de autos que culminaron en incendios del vehículo. De acuerdo al Colegio de Ingenieros, estos casos pueden causar fugas, explosiones y daños irreversibles en el mismo, poniendo en peligro la vida de los ocupantes y de los que circulan en las proximidades.
La crisis impactó sobre todo en los taxistas, quienes usan su auto diariamente como herramienta de trabajo. Los conductores sintieron los efectos en sus bolsillos y, por lo tanto, también afectaron en los de sus pasajeros. Durante el periodo de la restricción de la venta de combustible GNV, hubo un incremento de las tarifas y la reducción de unidades disponibles en las calles.
Posteriormente, el gobierno incrementó en S/. 10 el vale del Fondo de Inclusión Social Energético para los usuarios del Programa de Compensación Social y Promoción para el Acceso al GLP, que dispone un subsidio de S/. 120 para los taxistas autorizados que usan GNV en Lima, Callao e Ica.
No obstante, los resultados podrían continuar viéndose durante los siguientes meses. De acuerdo con García, esto va a tener repercusiones en la inflación que va a superar nuestra economía en marzo.
“Los resultados se van a ver todavía a finales o inicios del siguiente mes, en abril. Y allí se espera que haya presiones inflacionarias superiores al 3% interanual porque, según el Instituto Peruano de Economía, hay una estimación de mayor liquidez en marzo”, destacó el experto. El interanual podría llegar a superar el 3%, pero el impacto vendrá también por consecuencias externas.
El impacto de la guerra en Medio Oriente
Además de la fuga de gas en Camisea, la situación energética del país se ha visto afectada por los efectos de la guerra en Irán. El conflicto empezó el 28 de febrero tras el ataque de Estados Unidos e Israel al país persa. En respuesta a dicha ofensiva, el régimen iraní ordenó el cierre del estrecho de Ormuz, un corredor del golfo de Omán que transporta alrededor del 20% de la producción mundial de petróleo.
«El estrecho está cerrado. Si alguien intenta pasar, los héroes de la Guardia Revolucionaria y la armada regular incendiarán esos barcos», anunció Ebrahim Jabari, jefe principal de la Guardia. Esta sería la primera vez que se comunica un cierre completo del estrecho de 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho.
Una de las referencias para entender el estado del mercado ante esta incertidumbre es el precio del barril de Brent, un barril de petróleo crudo. Durante la semana, su valor ha ido fluctuando constantemente, pasando de $72 dólares antes de la guerra a llegar a picos de $110 durante la semana, según Trading Economics.
En ese sentido, el internacionalista Francesco Tucci explicó para Nexos que el bloqueo naval genera miedo por la incertidumbre. “Ha empezado esta guerra y no se sabe cuándo terminará, esto determina una gran alza del precio del Brent», complementó. El especialista reclacó también que, además del cierre de Ormuz, la economía se ve afectada por la especulación de la bolsa de valores, «ya que se ha transformado el petróleo en un producto bursátil y no debería ocurrir eso.»
Aun así, esta no sería la única consecuencia. De acuerdo con el Centro Soufan, el bloqueo del estrecho podría afectar al suministro global de alimentos debido a que el 33% del fertilizante global pasa por ese corredor. Además, podría llegar a generar un aumento en la inflación global.
El economista Eduardo Recoba consideró que la situación podría afectar al país porque Perú es un país importador de gasóleos y se importa más de la mitad del stock de estos entre gasolina y diésel. “Evidentemente, eso también va a provocar que haya una restricción con el subsecuente resultado de un aumento del precio, tanto para la gasolina premium, como para la regular», añadió.
Con el fin de prevenir un colapso energético, el G7, un foro político económico conformado por las siete democracias industrializadas más avanzadas (Canadá, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea), sostuvo una reunión en la que acordaron liberar parte de las reservas energéticas. En esa misma línea, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) concretó liberar 400 millones de barriles de petróleo.
Con estas medidas, el precio del barril de petróleo logró bajar de los tres dígitos, pero las constantes amenazas al estrecho de Ormuz lo mantienen volátil. Por otro lado, el Gobierno peruano ha anunciado el restablecimiento de los servicios de gas para el sábado 14, buscando resolver de esta forma la crisis energética.