Más de un millón de jóvenes en el Perú no estudian ni trabajan. Detrás de las cifras existen brechas estructurales, desigualdades de género y un mercado laboral que limita sus oportunidades.
Por Igor García
El tránsito hacia la adultez siempre implica incertidumbre, pero, en el Perú, este proceso también se ve marcado por desafíos estructurales. De acuerdo con el Ministerio del Trabajo y Promoción de Empleo, alrededor de 1,3 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años no estudian ni trabajan, lo que representa el 15,6% total de jóvenes en el país. A este grupo se le conoce popularmente como los “ninis”.
La problemática no es reciente. Alcanzó su punto máximo en 2020, cuando la cifra pasó de 1,3 millones en 2019 a 2,2 millones como consecuencia de la pandemia del COVID-19. Aunque en los años posteriores el número ha disminuido progresivamente, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Perú se ubicó como el quinto país con mayor proporción de “ninis”. ¿Por qué en nuestro país hay tantos jóvenes en esa situación y en qué nos afecta?
Realidad juvenil
Detrás de las cifras existe una realidad marcada por limitaciones estructurales. Aunque muchos jóvenes culminan la educación secundaria –el 75% de los ninis en el Perú, según el INEI– ello no garantiza su continuidad en estudios técnicos o universitarios. En gran medida, se debe a que las familias no cuentan con los recursos suficientes para costear una educación superior, y más cuando aproximadamente el 27% de este grupo vive en situación de pobreza.
La situación se vuelve más compleja cuando se observa el entorno laboral. El mercado peruano se caracteriza por altos niveles de informalidad y por exigir experiencia previa incluso a quienes buscan su primer empleo. Muchos jóvenes se enfrentan a ofertas precarias, sin contrato ni beneficios, o simplemente a la ausencia de vacantes acordes a su perfil.
“La oferta laboral para los principiantes es mínima y se exigen imposibles como títulos o cinco años de experiencia», aseguró el antropólogo Alexander Huerta-Mercado. De acuerdo con el experto, las exigencias laborales para jóvenes han incrementado en los últimos años. Antes existían mayores oportunidades en trabajos esporádicos que han ido desapareciendo, como estudios de encuestadores o análisis breves sobre diversos temas.
Las brechas de género también atraviesan esta problemática. En nuestro país, seis de cada diez ninis son mujeres, es decir, casi dos tercios de este grupo. “La situación impacta más a las mujeres. Abandonan el colegio por embarazo adolescente, esa es una de las principales razones por las cuales no culminan sus estudios”, afirmó Gabriela Espinar, economista e investigadora en la Red de Estudios para el Desarrollo.
A ello se suman las dificultades adicionales que enfrentan en el mercado laboral, en una sociedad todavía marcada por patrones conservadores y desigualdades estructurales.
El primer problema que identifica Huerta-Mercado en relación con los ninis se encuentra en el sistema educativo, donde los jóvenes concluyen los estudios básicos solo a los 16 o 17 años. “El joven apenas sale del colegio, se encuentra en un estado liminal o transitorio, es alguien que no tiene ningún nombre social y se ve enfocado en una presión tremenda a muy corta edad”, explicó.
Sin estudios superiores, resulta difícil no solo acceder a un empleo estable y bien remunerado, sino la posibilidad de conseguir cualquier trabajo. En consecuencia, tanto los recién egresados del colegio como los universitarios que no logran culminar sus carreras quedan atrapados en un círculo de inestabilidad, informalidad y escasas oportunidades de desarrollo.
Impacto profundo
La presencia de más de un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan tiene un efecto directo sobre la economía nacional. De acuerdo con la OCDE, esta situación representa una pérdida equivalente al 1,2% del PBI, es decir, alrededor de S/ 13 millones que el país deja de generar. Si este grupo logra incorporarse al mercado laboral, no solo mejorarían sus condiciones de vida, sino que también contribuiría al crecimiento económico y a una mayor productividad nacional.
La condición de “nini” incrementa la dependencia económica en los hogares y agrava la vulnerabilidad social. Al no contar con ingresos propios, muchos jóvenes —que en su mayoría provienen de familias con recursos limitados— aumentan la presión financiera en sus casas y reducen las posibilidades de superar la pobreza, lo que puede perpetuar ciclos de exclusión de generación en generación.
Como señaló Espinar, “ellos son el futuro del país y que haya un grupo en esta situación no solamente impacta en la economía, sino que se pierde esta mano de obra, este capital humano y la capacidad de innovar”. En ese sentido, no se trata solo de cifras, sino de talento desaprovechado. Cuando una parte importante de la población juvenil queda fuera del sistema educativo y laboral, el país también pierde potencial de desarrollo humano y progreso sostenible.
Más allá de lo que pierde la sociedad con este grupo, la realidad también les afecta a ellos. “El conflicto no es solo económico, sino también uno de autoestima muy grave. La situación genera una sensación de estrés que no merecen nuestros jóvenes, sobre todo en una sociedad que castiga bastante la vagancia, lo ve como una suerte de tarea social o de peligro social”, afirmó Huerta-Mercado.
Estrategia integral urgente
Fortalecer la educación técnica se presenta como una medida clave para reducir la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan. “Otra de las cosas que definitivamente se requiere hacer es fortalecer la educación técnica. Los institutos, hay diferentes organizaciones como CETPRO (…) que dan este tipo de capacitaciones que son cortas”, detalló Espinar. Con esto, ellos pueden tener la posibilidad de formarse en pocos meses y así insertarse con mayor rapidez en el mercado laboral.
Resulta necesario, además, replantear la idea de que la universidad garantiza automáticamente estabilidad y buenos ingresos. “Antiguamente se pensaba que estudiar en la universidad inmediatamente te daba un buen empleo y un buen salario, pero eso ya no es así”, aseguró la experta. En ese contexto, se propone que “esta idea debe dejar de ser un callejón sin salida, y promover también escuelas técnicas”, ampliando así las alternativas formativas según las demandas reales del mercado.
A la par, es importante generar más oportunidades de primera experiencia laboral. En esa línea, se sostuvo que “debería hacerse una mayor inversión en trabajos transitorios”, por ejemplo, en sectores que puedan contratar a jóvenes recién egresados. Este tipo de empleos facilitaría la transición hacia el trabajo formal y evitaría periodos prolongados de inactividad.
Finalmente, reducir la cifra de “ninis” exige una estrategia integral que articule educación pertinente, capacitación práctica e incentivos para la contratación juvenil. No se trata solo de crear más plazas de estudio o empleo, sino de asegurar que estas respondan a las necesidades productivas del país y ofrezcan trayectorias reales de desarrollo para la juventud.
