El presupuesto destinado al sector cultural representa alrededor del 0.3% del PBI, ¿cuáles son las principales dificultades que existen para su fomento?
Por Rafael Ortega, Edwin Chonlon y Alfonso Nieto
En el Perú existen 24 departamentos, 196 provincias, 1,800 distritos, 55 pueblos indígenas y 48 lenguas originarias. En este país, diverso en sus memorias, prácticas, rituales, músicas, danzas y formas de organización social, se configura su tejido cultural. Sin embargo, la realidad del aporte del Estado para la visibilización de las distintas expresiones dista mucho de esa magnitud y complejidad.
A finales de 2024, el entonces ministro de Cultura, Fabricio Valencia, indicó para la Comisión de Presupuesto y Cuenta General de la República del Congreso que el dinero de dicho año fue del 0.3% del total nacional y que para el 2025 sería del 0.4%. Dicho monto que, según especialistas entrevistados para este medio, ya es pequeño, se le añade otro dato importante: el monto destinado para el presente año, según el titular de Cultura durante la gestión de José Jerí, Alfredo Luna Briceño, nuevamente se redujo.
¿Cuánto se respalda realmente a la cultura?
“No se otorga ni el 1% del presupuesto nacional (…) Por ello el Ministerio de Cultura y otras entidades no tienen suficientes recursos para que puedan realmente hacer sus políticas”, indicó Natalia Elías, gestora cultural y exanalista de gestión de la información para la Dirección de Artes del Mincul. Asimismo, ella señaló que las dificultades para el sector son múltiples, desde el punto de vista del artista hasta la misma infraestructura.
Un estudio realizado por la Universidad Le Cordon Bleu en 2021 indicó, luego de un análisis sobre el desarrollo de las políticas culturales en el país, que dichas medidas son débiles e incipientes.
Según el informe Política Nacional de Cultura al 2030, elaborado por el Mincul, aunque la información disponible, correspondiente a 2018, señala que el 70% de la población accedió a algún bien o servicio del sector, esa cifra resulta insuficiente para describir la realidad. El documento advierte que el porcentaje no visibiliza las brechas según nivel socioeconómico, origen étnico o territorio, ni las limitaciones en infraestructura física y digital que condicionan el acceso.
“Históricamente, se ha desarrollado mucho en la capital, pero también hay un interés en las regiones de ampliar sus ofertas de formación”, señaló Eddy Ulloa, responsable de la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura.
No obstante, el experto añadió que hace falta infraestructura cultural y mecanismos de fomento a la circulación y producción en territorios fuera de Lima, Metropolitana y Callao. “Regiones como Amazonas no mantienen un teatro en funcionamiento. Hay uno que se creó hace bastante tiempo, pero cuando yo fui, hace no mucho, servía de almacén”, mencionó.
Acceso limitado
Hablando de la capital, según un informe realizado en 2025 por el proyecto Nodos Culturales, en Lima Centro la cultura se ve representada en las galerías, museos y salas de exposición. De acuerdo con el documento, la infraestructura de estos espacios está consolidada.
Sin embargo, cuando se revisan las periferias de la capital —llámese Lima Este, Norte y Sur— el escenario es distinto. Los espacios que se ocupan para las manifestaciones culturales son las calles, plazas, ferias o losas deportivas. Por lo señalado en el informe, si bien se puede ver esto como una multiplicidad expresiva, también refleja una serie de desigualdad estructural apoyada por la política pública.
No obstante, a nivel nacional, las cifras y dificultades son todavía más grandes. “Vemos que existen muchas brechas, principalmente en cuanto a formación y acceso (…) El 8% de las regiones del país cuenta con infraestructura cultural. La ciudadanía tiene una brecha para acceder a un espectáculo o evento artístico”, declaró Ulloa.
Además, indicó que otro problema es la poca promoción, valoración y apreciación que pueden impulsar los gobiernos regionales o centros educativos. Según un estudio de Mapcity realizado hace una década, cinco distritos de la capital tenían más de estos espacios que el resto del país.
De las 96 salas disponibles, Miraflores, Lima Cercado, Barranco, Jesús María y San Isidro concentraban alrededor del 52%. Para tener detalles más actualizados, se realizó la consulta al Ministerio de Cultura; sin embargo, señalaron que no contaban con dicha información.
“El teatro no llega ni al 8% de la población total (…) Pero esos porcentajes van subiendo de acuerdo al nivel socioeconómico. Mientras mayor sea el poder adquisitivo, hay más asistencia, y viceversa”, detalló Elías.
Un nuevo espacio
A diferencia de los países vecinos, el Perú se queda atrás en lo que a eventos culturales se refiere. En 2025, el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA) realizó un informe comparativo sobre consumo cultural en Argentina, Colombia, Ecuador, España, México y Perú. El documento reveló que, en el consumo cultural presencial (como el cine, los conciertos o la lectura misma), nuestro país se quedaba entre los últimos puestos de la región. Pero, ¿qué valor tiene esto?
“El valor de la cultura está más cerca a la construcción social e identitaria de un país. Esos son los acercamientos de la industria y de las artes en general. Su potencial está bajo dos enfoques: el de desarrollo social y el desarrollo económico”, indicó Ulloa. Para él, es necesario potenciar el sector, sobre todo en momentos como este, donde se busca reconstruir una ciudadanía que valore las diversidades, fortalezca las identidades y busque una mejor democracia.
Sin embargo, todavía existen varias metas que deben superarse. De acuerdo con el diagnóstico del informe Política Nacional de Cultura al 2030, si bien existen incentivos públicos para artistas y gestores, estos resultan insuficientes frente a la necesidad de fortalecer las industrias, mejorar las condiciones laborales y promover la circulación e internacionalización.En un país diverso como el Perú, la apertura a las manifestaciones culturales es una necesidad. Apostar por una mayor participación del Estado para garantizar el acceso sin distinciones económicas o territoriales es, quizás, el primer paso para construir una nación más equitativa.
