La caída del cabecilla del Cártel Jalisco Nueva Generación sacude al crimen organizado en México. La presión de Estados Unidos y la transformación de las políticas de seguridad mexicanas marcan un nuevo escenario.
Por Igor García
El 22 de febrero de 2026, falleció Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, durante un operativo realizado por el ejército mexicano en Jalisco. En vida, fue considerado uno de los criminales más peligrosos del continente y el hombre más buscado de México. También, fue fundador y líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), una organización criminal señalada como la más poderosa del país, con amplia presencia en territorio nacional y en más de 40 países.
Por ello, en Nexos conversamos con Pepe Ferruzca, periodista mexicano y director del diario «El comentario» de la Universidad de Colima, para analizar el panorama del Cártel de Jalisco Nueva Generación tras la muerte de su principal cabecilla, el impacto de este hecho en México y en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, así como el papel que ha desempeñado Estados Unidos en este contexto.
El Cártel Jalisco Nueva Generación no se limita al tráfico de drogas, también ha cometido asesinatos, extorsiones, tráfico de personas, robos y difusión de vídeos de ejecución. Incluso, en 2015 logró derribar un helicóptero del Ejército mexicano. ¿Cómo esta organización llegó a tener tanto poder en el país?
Surgió hace unos 10 o 12 años a partir de escisiones de otros grupos criminales que se enfrentaban principalmente al cártel de Sinaloa. Con base en Jalisco, especialmente en Guadalajara, la segunda ciudad más importante de México, aprovechó su conectividad aérea y terrestre para expandirse por el país.
Se estructuró en células independientes que operaban tanto en grandes ciudades como en zonas rurales, sobretodo en occidente. Su crecimiento se vio favorecido porque, durante los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador –expresidentes de México–, se golpeó de forma directa al Cártel de Sinaloa, especialmente tras la captura de Joaquín «El Chapo» Guzmán, lo que debilitó a ese grupo y abrió espacio para la expansión del CJNG.
El Cártel de Sinaloa era el más poderoso de México antes del CJNG…
Antes del CJNG, había sido el grupo criminal más predominante en los últimos dos o tres sexenios. (Ambos cárteles) Tuvieron una guerra muy sangrienta también. Se usaron métodos violentos.
Practicaron el terrorismo, secuestraban a sus rivales, los decapitaban o desmembraban y las partes de los cuerpos los exhibían en plazas públicas, en calles, en carreteras… Además, optaron por otros métodos para desaparecerlos como desintegrarlos con químicos. Todo ello para que la gente tuviera miedo.
Tras la muerte de “el Mencho”, se abre un nuevo capítulo en esta historia. ¿Su muerte significa la caída del CJNG?
En México, la práctica común es ir por los cabecillas, por los líderes mediáticos. Sin embargo, cuando se captura o se mata al líder, no significa que la organización termine. En este caso, el CJNG está tan estructuradamente organizado que son células independientes que respondían a un mando.
¿Ahora quién será el encargado de liderar el cártel?
No hay algo claro. La mano derecha de “el Mencho”, Hugo Macías alias “el Tuli”, también murió en el mismo operativo que “el Mencho” pero en otra ciudad cercana, y otro de los cabecillas, Rubén Guerrero, al parecer fue abatido en Tapalpa.
A diferencia de otros cárteles, “el Mencho” no tenía hijos, hermanos o sobrinos involucrados en la “empresa”, como le llaman ellos. Habrá que ver quién puede ser el sucesor que logre mantener esa unión, esa dinámica de trabajo entre las cédulas, pues finalmente hay una guerra tanto por el control territorial como por los liderazgos porque hay una guerra interna en el cártel.
¿La situación actual sería beneficiosa para otros cárteles como el de Sinaloa?
El de Sinaloa ya es un cártel muy disminuido. Tras la caída del “Chapo” Guzmán, sus hijos asumieron el mando, pero mantienen una guerra abierta en Sinaloa, como ya no controlan muchos otros Estados.
Tiene una guerra abierta con el cártel del Mayo Zambada. Muy disminuido también el cártel del Golfo, el cártel de Noroeste, el de Ciudad Juárez y el de Tijuana también. Yo no veo el surgimiento de otros cárteles del tamaño del Cártel de Jalisco Nueva Generación.
Y por parte del Estado…
Este es un gran golpe que da el Estado mexicano al narcotráfico, el más importante desde la captura de “el Chapo” y mucho antes cuando se atrapó a Félix Gallardo en la década de finales de los ochenta.
Esto se interpreta como un cambio en la estrategia de seguridad de “abrazos no balazos” de Andrés Manuel López Obrador, que nunca confrontó directamente al poderío del CJNG, a una acción directa de esta índole donde intervinieron el ejército, la marina, la Guardia Nacimiento, con apoyo, por supuesto, de inteligencia de Estados Unidos.
Las políticas ante la criminalidad cambiaron…
Sí, aunque la presidente Claudia Sheinbaum no lo quiere aceptar de esa forma porque eso sería una ruptura de una de las políticas públicas más visibles que impulsó o aplicó Andrés Manuel López Obrador.
Entonces, ¿la solución para acabar con los cárteles son este tipo de medidas mucho más ofensivas?
Sí, pero no solamente de México, sino de cualquier parte del mundo. Se, debe aplicar la ley y eso implica muchas veces el uso de la fuerza, de la fuerza legítima, que también debe garantizar de alguna manera los derechos de quienes también delinquen para ponerlos frente a la justicia y que respondan por sus actos.
¿Cuál es la razón de que antes no era así?
En otros tiempos se acusaba al Estado mexicano de ejercer justicia por propia mano y realizar ejecuciones extrajudiciales, que ese es uno de los argumentos por los cuales López Obrador impulsó la política de “abrazos no balazos”. Esa política era cero operativo.
El único operativo que se lanzó fue justamente para detener a “Chivaldo”, uno de los hijos del “Chapo” Guzmán. Lo atraparon, el grupo de fuerzas especiales de élite de la marina lo tenía detenido, pero la reacción fue incendios de vehículos, amenazas con entrar a universidades y escuelas, y matar gente. El Estado no previó esto y dejaron que saliera. Unos dos años después, Andrés Manuel López Obrador aceptó que él había ordenado que lo dejaran libre.
¿Por qué se realizó este operativo si no era la forma de hacer las cosas para la presidenta?
Hay que tener en cuenta los últimos acontecimientos en relaciones tanto diplomáticos como comerciales y económicas de México con Estados Unidos. El presidente Donald Trump denominó a los cárteles de la droga mexicanos como organizaciones y grupos terroristas.
Eso en Estados Unidos tiene otras implicancias, pues le permite, desde su ley, operar en contra de los miembros de esos cárteles en cualquier parte del mundo. Eso implicaría operaciones militares presenciales en terreno. Entonces, el gobierno de Estados Unidos ha presionado muchísimo a la presidenta para que dejara esa política y actuara en consecuencia.
¿Cómo fueron las presiones?
Desde la imposición de aranceles hasta la firma del nuevo tratado de libre comercio entre Estados Unidos, México y Canadá. La presión no fue solamente política, sino económica para que se lleven a cabo los operativos en contra de los cárteles.
También una delegación (mexicana) de alto nivel viajó a Estados Unidos, a Washington, y les pidió que pusiera a prueba al Estado mexicano que, en una semana o dos, se demostraría que habría un cambio en esa estrategia de seguridad.
¿Qué tan duro fue Trump con México?
Trump ha tratado a México con mucha suavidad. No le ha impuesto muchos aranceles, lo cual colapsaría gran parte de la economía mexicana. Se los ha suspendido o aplazado a diferencia del resto del mundo.
¿Resulta beneficioso para el país que Estados Unidos siga con estas presiones para que el Estado actúe con firmeza frente al crimen organizado?
He leído muchas veces que cuando se hacen operativos donde participa la DEA (Administración para el Control de Drogas) en coordinación con otros países, se detiene no solo a una persona o tres o cuatro, sino a cientos. Ese tipo de operativos son los que deberían continuar. Ampliarlos mucho más demostrará que lo que se quiere es acabar con esa medusa de mil cabezas, no solamente con el puro cerebro.
