Un nuevo socio para Estados Unidos

Tras la designación de Perú como aliado principal no miembro de la OTAN, ¿podría cambiar la relación entre nuestro país y la potencia norteamericana?

Por Igor García y Matias Illescas

Después de haber mostrado interés a fines del año pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el memorando para designar a Perú como “aliado principal no miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)” (Major non NATO ally). Este documento, emitido oficialmente el 14 de enero, refuerza la cooperación bilateral en defensa, seguridad y tecnología, facilitando al Perú a cooperar militarmente con Estados Unidos. El nombramiento, sin embargo, es unilateral y no convierte al país en miembro de la alianza. 

La designación se da en un momento favorable de la relación diplomática entre Perú y la potencia norteamericana, aunque esta última ha tomado recientemente una serie de decisiones que ha generado incertidumbre en el panorama geopolítico. ¿Qué implica para Perú este reconocimiento y cómo podría afectar su relación con otros países?

Beneficios sin compromiso

El estatus de aliado principal no miembro de la OTAN surgió en 1987 y actualmente son 21 -incluyendo a Perú- los países beneficiados por este reconocimiento. Entre estos, Argentina (1997), Brasil (2019) y Colombia (2022) son los otros tres latinoamericanos que sostienen esa categoría y, si bien podría parecer un simple reconocimiento diplomático, el nombramiento supone algunos beneficios para estas naciones.

A partir de ahora, Perú podrá recibir cooperación bilateral en defensa, seguridad y tecnología. Esto incluye compras y préstamos de equipamientos, financiamiento y capacitación, además de poder desarrollar proyectos conjuntos de investigación, disponer de armamento y suministros almacenados por Estados Unidos, y facilidades en los tiempos de tramitación de licencias de exportación de material militar.

Al respecto, el canciller peruano, Hugo de Zela, declaró para RPP que “esta condición la tienen pocos países en el mundo y en nuestra región sudamericana. Así que es algo muy positivo definitivamente para el país”. En ese sentido, explicó que la decisión implica que los 32 Estados miembros de la OTAN están dispuestos a trabajar conjuntamente con Perú, permitiendo que participe en ejercicios militares conjuntos con las tropas aliadas de la organización.

No obstante, la designación no implica que nuestra nación sea parte de la alianza, por lo que no existe una obligación, en ninguno de los casos, de intervenir militarmente en defensa mutua. En ese sentido, en caso de que nuestro país sea atacado, Estados Unidos y los miembros de la OTAN no están comprometidos a intervenir militarmente. 

De acuerdo con el periodista especializado en asuntos internacionales, Carlos Novoa, “Perú no es un país que esté posicionado en un primer nivel geopolítico, ni mucho menos un país que ejerza un liderazgo regional”. No obstante, destacó que Estados Unidos sí lo ha tomado en cuenta, lo que coloca a la nación “en una situación privilegiada con respecto a otros países”.

¿Cambian las relaciones?

“La designación es una muestra de la gran relación que tiene el Perú con los Estados Unidos y muestra también el hecho de que Estados Unidos nos considera un país amigo”, aseguró Novoa. Así lo define también el Departamento de Estado de la potencia norteamericana, afirmando que es “un símbolo poderoso de la relación cercana que EE.UU. comparte con otros países” y un reflejo de un “profundo respeto” por la asociación.

De acuerdo con el internacionalista Francisco Belaúnde Matossian, este nombramiento significa un reforzamiento en la relación entre nuestro país y la nación norteamericana, lo cual va a implicar una mayor cooperación, sobre todo en material militar y seguramente en temas de seguridad. 

Por otro lado, algunos pueden preguntarse si este estatus y una mayor cercanía entre Estados Unidos y el Perú podrían afectar la relación del país con China, su principal socio comercial. Tras la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre el Perú y el gigante asiático en 2010, los vínculos económicos no han dejado de fortalecerse, al punto de que el gigante asiático se ha consolidado como nuestro mayor socio comercial durante 11 años consecutivos.

“Antes de Trump, el Perú avanzó significativamente en su relación con China. Prueba de ello es la cantidad de peruanos que viajan a ese país: empresarios, comerciantes, políticos, congresistas e incluso periodistas. Esto responde a los convenios existentes, cuyo mejor ejemplo es el puerto de Chancay”, aseguró Novoa.

El experto señaló que China y Estados Unidos atraviesan actualmente una suerte de guerra comercial en la región, ya que, en los últimos 15 años, el gigante asiático ha fortalecido de manera sostenida sus vínculos con América Latina, mientras que EE. UU. busca incrementar su influencia. “En el caso peruano, el intercambio no es tan grande para ellos, pero para nosotros sí es clave. Tranquilamente podemos mantener satisfechas a ambas partes”, afirmó.

Perú y Estados Unidos

El estatus asignado a Perú no es la primera acción del país nortamericano que denota su interés en mejorar la relación con nuestro país. En diciembre de 2025, el secretario de Estados Unidos, Marco Rubio, y el Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, Hugo de Zela se reunieron en Washington para discutir los esfuerzos en curso para combatir las organizaciones criminales transnacionales, fortalecer la seguridad regional e impulsar la relación económico-comercial entre ambos países. 

Días después, a solicitud del presidente José Jerí, una delegación interagencial estadounidense llegó a Perú para realizar un diagnóstico de la situación de la delincuencia en el país y brindó recomendaciones a las autoridades nacionales. 

En enero de este año, el Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó un proyecto para fortalecer la base naval del Callao en Perú. La inversión total alcanzaría los US$1,500 millones y estaría destinada a la compra de equipos y servicios militares, así como la construcción de muelles especializados y la ampliación de instalaciones.

Incluso, hace unos días, de acuerdo al embajador estadounidense en Lima, Bernie Navarro, el secretario de los Estados Unidos, Marco Rubio, realizará una visita oficial al Perú durante el presente año, con el objetivo de fortalecer y ampliar la relación bilateral entre ambos gobiernos.

Perú acepta el apoyo que le proporciona Estados Unidos, pero la relación no es unilateral, pues también ha mostrado algunas cosas que indican que la misma nación busca mantener esta relación. A fines del año pasado, el Congreso peruano autorizó el ingreso de personal militar estadounidense al territorio nacional desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre de 2026. Ello con el objetivo de que los militares extranjeros realicen actividades de entrenamiento con las Fuerzas Armadas del Perú y la Policía Nacional del Perú. 

Asimismo, lo último que ocurrió fue que el primer ministro Ernesto Álvarez manifestó que la próxima adquisición de 24 cazas F-16 para la Fuerza Aérea del Perú (FAP) por un monto de USS$3.500 millones, fue aprobada por el Congreso.

“El tema de la base naval finalmente será asumido por el Perú, aunque en parte beneficiará a Estados Unidos, ya que el país norteamericano podrá utilizarla. En cuanto a la compra de aviones, esta resulta cuestionable desde el punto de vista financiero para nuestro país, pues el propio primer ministro señaló que la decisión sobre qué tipo de aeronaves adquirir sería política, más allá de los criterios técnicos”, aseguró Belaúnde Matossian.

Las recientes acciones conjuntas dejan en evidencia una mayor cercanía entre ambos países. Esta aproximación no es casual, sobre todo si se analiza el contexto regional actual. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, viene aplicando una política cada vez más intervencionista en Latinoamérica.

Tras la captura de Nicolás Maduro, el mandatario admitió haber influido en las elecciones presidenciales de Chile y Honduras, así como en los comicios legislativos de 2025 en Argentina. Este escenario cobra especial relevancia para el Perú, que se encamina a un próximo proceso electoral presidencial en 2026.

Debido a todas las recientes acciones que han tenido juntos, queda en evidencia su mayor cercanía. Esto no es casualidad, sobre todo si se ubica en un contexto donde Donald Trump, presidente de Estados Unidos, está aplicando cada vez más el intervencionismo, quien admitió en enero de este año que influyó en las elecciones presidenciales de Chile y Honduras, y en las legislativas del 2025, en Latinoamérica y nosotros estamos en tiempos próximos a las elecciones presidenciales 2026.

“La delegación llega en un momento estratégico para el Perú, el cual va a ser observar el desarrollo de las elecciones. Si las encuestas o la realidad indican que el candidato o los candidatos con opción a ganar son de derecha o centro, no habrá ningún problema, pero si es que se asoma un candidato de izquierda o centro izquierda, ten por seguro que va a haber una intromisión de los Estados Unidos”, explicó Novoa.

Además, el internacionalista recordó que el país norteamericano en su nuevo documento de seguridad nacional, que fue publicado a fines del año pasado, establece que puede intervenir en América Latina porque están buscando aliados comerciales e ideológicos. “Eso explica porque intervino en otras elecciones”, indicó.

En ese escenario, la designación de Perú como aliado principal no miembro de la OTAN representa tanto una oportunidad estratégica como un desafío diplomático. Si bien refuerza la cooperación en defensa y consolida el vínculo con Estados Unidos, también exige cautela en un contexto de creciente competencia entre las potencias que disputan influencia en la región. El reto para el Perú será mantener su autonomía, equilibrar sus relaciones y evitar que esta cercanía condicione su agenda interna en un periodo preelectoral.

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